16 Sep 09

Alexander von Humboldt

Humboldt

Prefacio:

Ofrezco a mis compatriotas, en el ocaso de mi vida, una obra cuyas ideas ocuparon mi espíritu por medio siglo. Frecuentemente las abandoné, dudando de la posibilidad de realizar un emprendimiento así, tan temerario: siempre, tal vez imprudentemente, terminaba por volver a ellas, persistiendo en mi intención original. Ofrezco el “Cosmos”, que es “una descripción física del mundo”, con una timidez que me inspira la justa desconfianza en relación a mis fuerzas. Intenté creer que las obras esperadas más tiempo, son generalmente aquellas que el público toma con menos indulgencia.

En función de las vicisitudes de mi vida y de un deseo de aprender de objetos muy variados, me vi obligado a limitarme, aparentemente de modo casi exclusivo y durante numerosos años, en el estudio de las ciencias espaciales como la Botánica, la Geología, la Química, o en el estudio de cuestiones como las de las posiciones de los astros y del magnetismo terrestre. Fueran estudios preparatorios para hacer, con utilidad, viajes lejanos, aún yo tenía en esos estudios un objetivo más elevado. Deseaba comprender el mundo de los fenómenos y de las fuerzas físicas en su conexión y en su influencia mutua. Beneficiándome desde el comienzo de mi juventud, de los consejos y de la buena voluntad de hombres superiores, desde siempre fui tomado por la creencia íntima de que, sin el deseo de lograr una instrucción sólida en las partes espaciales de las ciencias naturales, toda contemplación de la naturaleza en escala mayor, toda tentativa de comprender las leyes que componen la física del mundo, no pasarían de un emprendimiento vano y quimérico.

Los conocimientos espaciales, por el propio encadenamiento de las cosas, se asimilan y se fecundan mutuamente. Cando la Botánica descriptiva no queda circunscripta a los estrechos límites del estudio de las formas y de su reunión en géneros y especies, ella conduce al observador sobre diferentes climas, vastas extensiones continentales, montañas y mesetas, las nociones fundamentales de la “Geografía de las Plantas”, la explicación de la distribución de los vegetales, de acuerdo con la distancia del Ecuador y con la elevación encima del nivel de los mar.

Para comprender las causas complicadas de las leyes que regulan esta distribución, es preciso profundizar los conocimientos de las variaciones de la temperatura que el suelo irradia y del océano que envuelve el globo. Es así como el naturalista, ávido de instrucción, es conducido de una esfera de fenómenos a otra esfera que limita los efectos de aquella. La Geografía de las Plantas, cuyo nombre era prácticamente desconocido hace medio siglo, apenas ofrecía una nomenclatura árida y desprovista de interés si ella no fuese precisada por los estudios meteorológicos.

En las expediciones científicas, pocos viajeros tuvieron, en la misma proporción que yo mismo, la ventaja de haber visto no solamente las costa litorales, como ocurre en los viajes alrededor del mundo, sino también, la de haber recorrido el interior de los grandes continentes en extensiones considerables, y en aquellos lugares en que esos continentes presentan los contrastes más chocantes, a saber, el paisaje tropical y alpino de México o de América del Sur y los paisajes de las estepas del Asia boreal. Emprendimientos de esta naturaleza resultaron en razón de mi espíritu hacia tentativas de generalización, la vivificación de mi coraje y la excitación al interrelacionar en parte de mi obra, los fenómenos terrestres y aquellos que incluyen los espacios celestes.

La composición de esta obra, si ella aspira a relacionar al mérito de científico de fondo al de la forma literaria, presenta grandes dificultades. Se trata de llevar al orden y a la luz la inmensa riqueza de los materiales que se ofrecen, a la reflexión, sin quitar de los cuadros de la naturaleza el soplo que los vivifica; pues si nos limitásemos a ofrecer resultados de carácter general, nos arriesgaríamos a transformarnos en monótonos al igual que a través de la exposición de una inmensa cantidad de datos particulares. No osaría pecar de satisfecho en esas condiciones tan difíciles de satisfacer, ni de haber evitado las dificultades cuya existencia apenas puedo mostrar.

La frágil esperanza que tengo, de obtener la buena voluntad del público, reposa en el interés, testimoniado tantos años, en relación de una obra que fue publicada poco tiempo después de mi retorno de México y de Estados Unidos, bajo el título “Cuadros de la Naturaleza”. Ese pequeño libro, escrito originalmente en alemán y traducido después al francés, gracias a un raro conocimiento de dos idiomas por mi viejo amigo M.Eyrès, trata de algunas partes de la Geografía Física, tales como la fisonomía de los vegetales, las sabanas, los desiertos los aspectos de las cataratas, todos desde puntos de vista generales. Si él tuvo alguna utilidad, fue menos por sus propios méritos que por la influencia que ejerció sobre el espíritu y la imaginación de una juventud ávida de conocimiento y pronta a lanzarse en emprendimientos alejados. Intenté mostrar en el “Cosmos”, como en “Cuadros de la naturaleza”, que la descripción exacta y precisa de los fenómenos no es absolutamente inconciliable con la descripción animada y viva de las escenas imponentes de la creación.

Exponer en cursos públicos las ideas que se creen nuevas me pareció siempre, el mejor medio de tomar conciencia del grado de claridad que es posible desarrollar sobre esas ideas: además de ello, experimenté este medio medio en dos lenguas diferentes en París y Berlín. Los cuadernos de notas que fueron tomados, en esas ocasiones, por oyentes inteligentes, continúan desconocidos aún para mí. Preferí no consultarlos. La redacción de un libro impone obligaciones bien diferentes de aquellas de la exposición oral en un curso público. Con la excepción de algunos fragmentos de la introducción al “Cosmos”, todo fue escrito en 1844. El curso desarrollado en dos auditorios en Berlín, en sesenta lecciones, fue anterior a mi expedición al norte de Asia.

El primer volumen de esta obra (Cosmos) comprende, a mi ver, la parte más importante del proyecto, esto es, un cuadro de la naturaleza presentando el conjunto de los fenómenos del universo, desde las nebulosas planetarias, hasta la Geografía de las Plantas y de los Animales, terminando en las razas de los hombres. Este cuadro es precedido de consideraciones sobre los diferentes grados de satisfacción que ofrecen el estudio de la naturaleza y el conocimiento de sus leyes. Los límites de las ciencias del “Cosmos” y el método según el cual pretendo exponerlo son igualmente discutidos. Todo lo que digo respecto al detalle de las observaciones de los datos particulares, y las rememoraciones de la antigüedad clásica, fuente eterna de instrucción y de vida, está concentrado en las notas colocadas en la parte final de cada volumen.

Frecuentemente se hace la observación, poco consoladora en apariencia, de que todo lo que no tiene sus raíces en las profundidades de la reflexión, del sentimiento y de la imaginación creadora, que todo depende del progreso de la experimentación de las revoluciones que hacen sentir las teorías físicas, el perfeccionamiento creciente de los instrumentos, y la esfera, cada vez más amplia de la observación, no tarda en envejecer.
Las obras sobre las ciencias de la naturaleza, cargan así, en ellas mismas, un germen de destrucción, de tal suerte que en menos de un cuarto de siglo, en función de la marcha de los descubrimientos, ellas están condenadas al abandono, transformándose en ilegibles para quien quiera estar a la altura del presente. Estoy lejos de negar la justicia de tales reflexiones, pero pienso que aquellos que a través de un largo e íntimo intercambio con la naturaleza, fueron conscientes del sentimiento de su grandeza, aquellos que en este intercambio saludable, fortalecieron simultáneamente, su carácter y su espíritu, no se afligieron al ver que la naturaleza es cada vez más y mejor conocida, al ver extenderse incesantemente su horizonte de ideas, así como los datos conocidos. Y hay todavía más: en el estado actual de nuestros conocimientos, partes muy importantes de la física del mundo están asentadas en fundamentos sólidos. Una tentativa de ligar lo que en cierta época fue descubierto sobre los espacios celestes, la superficie del globo, es la pequeña extensión que nos es permitido percibir en su profundidad; podría si no me engaño, cualquiera que sean los progresos de la ciencias, ofrecer además algún interés si esa tentativa consiguiese retratar con vivacidad una parte al menos de lo que el espíritu del hombre percibe de generalizable, de constante, de eterno, en medio de las aparentes fluctuaciones de los fenómenos del universo.

Alexander von Humboldt, Noviembre de 1844

Introducción:

Consideraciones sobre los diferentes grados de goce que ofrecen el aspecto de la naturaleza y el estudio de sus leyes.

Dos temores distintos experimento al procurar desenvolver, tras una larga ausencia de mi patria, el conjunto de los fenómenos físicos del globo y la acción simultánea de las fuerzas que animan los espacios celestes. De una parte, la materia que trato es tan vasta y tan variada, que temo abordar el asunto de una manera enciclopédica y artificial; por otra, es deber mío no cansar la imaginación con aforismos que únicamente ofrecerían generalidades bajo formas áridas y dogmáticas. La aridez nace frecuentemente de la concisión, mientras que el intento de abrazar a la vez excesiva multiplicidad de objetos produce falta de claridad y de precisión en el encadenamiento de ideas. La naturaleza es el reino de la libertad, y para pintar vivamente las concepciones y los goces que su contemplación profunda espontáneamente engendra, sería preciso dar al pensamiento una expresión también libre y noble en armonía con la grandeza y majestad de la creación.

Si se considera el estudio de los fenómenos físicos, no en sus relaciones con las necesidades materiales de la vida, sino en su influencia general sobre los procesos intelectuales de la humanidad, es el más elevado e importante resultado de esta investigación, el conocimiento de la conexión que existe entre las fuerzas de la naturaleza, y el sentimiento íntimo de su mutua dependencia. La intuición de estas relaciones es la que engrandece los puntos de vista y ennoblece nuestros goces. Este ensanche de horizontes es obra de la observación, de la meditación y del espíritu del tiempo en el cual se concentran las direcciones todas del pensamiento. La historia revela, a todo el que sabe remontarse a través de las capas de los siglos anteriores hasta las raíces profundas de nuestros conocimientos, cómo desde miles de años, el género humano ha trabajado por conocer, en las mutaciones incesantemente renovadas, la invariabilidad de las leyes naturales, y por conquistar progresivamente una gran parte del mundo físico con la fuerza de la inteligencia. Interrogar los anales de la historia es seguir esta senda misteriosa sobre la cual la imagen del cosmos, revelada primitivamente al sentido interior como un vago presentimiento de la armonía y del orden en el Universo, se ofrece hoy al espíritu como el fruto de largas y serias observaciones.

A las dos épocas de la contemplación del mundo exterior, al primer destello de la reflexión y a la época de una civilización avanzada, corresponden dos géneros de goces. El uno, propio de la sencillez primitiva de las antiguas edades, nace de la adivinación del orden anunciado por la pacífica sucesión de los cuerpos celestes (…), el otro, de carácter más severo, compulsa el valor de las observaciones, no adivina ya combina y razona. Entonces, las afirmaciones dogmáticas de los siglos anteriores se conservan sólo en las creencias del pueblo y de las clases que se aproximan a él por su falta de ilustración, y se perpetúan sobre todo en algunas doctrinas que se cubren bajo místico velo para ocultar su debilidad. Las lenguas, recargadas de expresiones figuradas, llevan largo tiempo los rasgos de estas primeras intuiciones. Un pequeño número de símbolos, producto de una feliz inspiración de los tiempos primitivos, toma poco a poco formas menos vagas y, mejor interpretados, se conservan hasta en el lenguaje científico.

La naturaleza, considerada por medio de la razón, es decir, sometida en su conjunto al trabajo del pensamiento, es la unidad en la diversidad de los fenómenos, la armonía entre las cosas creadas, que difieren por su forma, por su propia constitución, por las fuerzas que las animan; es el Todo animado por un soplo de vida. El resultado más importante de un estudio racional de la naturaleza es recoger la unidad y la armonía en esta inmensa acumulación de cosas y de fuerzas; es abrazar con el mismo ardor lo que es consecuencia de los descubrimientos de los siglos pasados con lo que se debe a las investigaciones de los tiempos en que vivimos y analizar el detalle de los fenómenos sin sucumbir bajo su masa. Penetrando en los misterios de la naturaleza, descubriendo sus secretos y dominando por el trabajo del pensamiento los materiales recogidos por medio de la observación, es como el hombre mejor puede mostrarse más digno de su alto destino.

Desde luego, si reflexionamos acerca de los diferentes grados de goce a que da vida la contemplación de la naturaleza, encontramos que en el primer lugar debe colocarse una impresión enteramente independiente del conocimiento íntimo de los fenómenos físicos; independientemente también del carácter individual del paisaje y de la fisonomía de la región que nos rodea. Donde quiera que en una llanura monótona, sin más límites que el horizonte, plantas de una misma especie, brezos, cistos o gramíneas, cubren el suelo en los sitios en que las olas del mar bañan la ribera y hacen reconocer sus pasos por verdosas estrías de ovas y alga flotante, el sentimiento de la naturaleza, grande y libre, arroba nuestra alma y como por una misteriosa inspiración nos revela que las fuerzas del Universo están sometidas a leyes. El simple contacto del hombre con la naturaleza, esta influencia del gran ambiente, odel aire libre, como dicen otras lenguas con más bella expresión, ejercen un poder tranquilo, endulzan el dolor y calman las pasiones cuando el alma se siente íntimamente agitada. Estos beneficios los recibe el hombre por todas partes, cualquiera sea la zona que habite, cualquiera que sea el grado de cultura intelectual a que se haya elevado. Cuanto de grave y solemne se encuentra en las impresiones que señalamos, se debe al presentimiento del orden y de las leyes, que nace espontáneamente al simple contacto de la naturaleza, así como al contraste que ofrecen los estrechos límites de nuestro ser con la imagen de lo infinito revelada por doquiera, en la estrellada bóveda del cielo, en el llano que se extiende más allá de nuestra vista, en el brumoso horizonte del Océano.

Otro goce es el producido por el carácter individual del paisaje, la configuración de la superficie del globo en una región determinada. Las impresiones de este género son más vivas, mejor definidas, más conformes a ciertas situaciones del alma. Ya la inmensidad de las masas, la lucha de los elementos desencadenados o la triste desnudez de las estepas, como en el norte de Asia, es lo que excita nuestra emoción; ya, bajo la inspiración de sentimientos más dulces, cáusala el aspecto de los campos cubiertos de ricos frutos, la habitación del hombre al borde del torrente o la salvaje fecundidad del suelo vencido por el arado. Insistimos menos aquí sobre los grados de fuerza que distinguen estas emociones que sobre la diferencia de sensaciones que excita el carácter del paisaje, y a las cuales da este mismo carácter su encanto y su duración.

….Cuando alejados de la patria desembarcamos pro primera vez en tierra de los trópicos, nos sorprende agradablemente reconocer en las rocas que nos rodean los mismos esquistos inclinados, iguales basaltos en columnas que los que acabamos de dejar sobre el suelo europeo y cuya identidad en zonas tan diferentes nos demuestra que la corteza de la Tierra, al solidificarse, ha quedado independiente de la influencia de los climas. Pero estas masas de rocas esquistosas y basálticas se encuentran cubiertas de vegetales de una fisonomía que nos sorprende y de un aspecto desconocido. Allí es donde, rodeados de formas colosales y de la majestad de una flora exótica, experimentamos cómo por la maravillosa flexibilidad de nuestra naturaleza se abra el alma fácilmente a impresiones que tienen entre sí un lazo misterioso y secreta analogía. Tan íntimamente unido nos figuramos cuánto tiene relación con la vida orgánica, que si a primera vista se nos ocurre que una vegetación semejante a la de nuestro país natal debería encantarnos, como encanta nuestro oído el idioma de la patria dulcemente familiar, poco a poco, sin embargo, nos sentimos naturalizados con los nuevos climas. Ciudadano del mundo, el hombre, en todo lugar acaba por familiarizarse con cuanto lo rodea….

La tentativa de descomponer en sus diversos elementos la magia del mundo físico está llena de temeridad, porque el gran carácter de un paisaje y de toda una escena imponente de la naturaleza depende de la simultaneidad de ideas y de sentimientos que agitan al observador. El poder de la naturaleza se revela, por decirlo así, en la conexión de impresiones, en la unidad de emociones y de efectos que se producen en cierto modo de una sola vez….

Los cuadros de la naturaleza, trazados con un pensamiento reflexivo, no se han hecho con el único objeto de agradar a la imaginación: pueden también cuando se los relaciona entre sí, reproducir las impresiones en virtud de las cuales se pasa gradualmente desde el litoral uniforme o las desnudas estepas de Siberia, hasta la inagotable fecundidad de la zona tórrida….

Los países próximos al Ecuador tienen otra ventaja sobre la cual no se ha llamado la atención hasta aquí suficientemente. Esta es la parte de la superficie de nuestro planeta en la que la naturaleza da vida a la mayor variedad de impresiones en la menor extensión…. Allí (en los Andes Tropicales), el seno de la Tierra y los dos hemisferios del cielo ostentan toda la riqueza de sus formas y la variedad de sus fenómenos; allí los climas, como las zonas vegetales cuya sucesión determinan, se encuentran superpuestos en pisos, las leyes de decrecimiento del calor, fáciles de recoger por el observador inteligente, están escritas en caracteres indelebles sobre los muros de las rocas, en la pendiente rápida de las cordilleras…

En este ensayo de la física del mundo no se trata de reducir el conjunto de los fenómenos sensibles a un pequeño número de principios abstractos, sin más base que la razón pura. La física del mundo que yo intento exponer no tiene la pretensión de elevarse a las peligrosas abstracciones de una ciencia meramente racional de la naturaleza: es una geografía física reunida a la descripción de los espacios celestes y de los cuerpos que llenan esos espacios. Extraño a las profundidades de la filosofía puramente especulativa, mi ensayo sobre el cosmos es la contemplación del universo, fundada en un empirismo razonado, es decir sobre el conjunto de hechos registrados por la ciencia y sometidos a las operaciones del entendimiento que compara y combina. (…). La unidad que yo trato de fijar en el desarrollo de los grandes fenómenos del universo es la que ofrecen las composiciones históricas. Todo cuanto se relaciones con individualidades accidentales, con la esencia variable de la realidad, trátese de la forma de los seres y de la agrupación de los cuerpos o de la lucha del hombre contra los elementos y de los pueblos contra los pueblos, no puede ser deducido de sólo las ideas, es decir, racionalmente construido.

Creo que la descripción del universo y la historia civil se hallan colocadas en el mismo grado de empirismo, pero sometiendo los fenómenos físicos y los acontecimientos al trabajo pensador y remontándose por el razonamiento a sus causas se confirma más y más la antigua creencia de que las fuerzas inherentes a la materia y las que rigen el mundo moral ejercen su acción bajo el imperio de una necesidad primordial y según movimientos que se renuevan periódicamente o a desiguales intervalos. Esta necesidad de las cosas, este encadenamiento oculto, pero permanente, esta renovación periódica en el desenvolvimiento progresivo de las formas, de los fenómenos y de los acontecimientos, constituyen la naturaleza, que obedece a un primer impulso dado. La Física, como su mismo nombre lo indica, se limita a explicar los fenómenos del mundo material por las propiedades de la materia. El último objeto de las ciencias experimentales es, pues, elevarse a la existencia de las leyes y generalizarlas progresivamente. Todo lo que va más allá, no es del dominio de la física del mundo y pertenece a un género de especulaciones más elevadas.

La descripción del mundo, considerado como objeto de los sentidos exteriores, necesita indudablemente del concurso de la física general y de la historia natural descriptiva, pero la contemplación de las cosas creadas, enlazadas entre sí y formando un todo animado por fuerzas interiores, da a la ciencia que nos ocupa en esta obra un carácter particular. La física se detiene en las propiedades de los cuerpos, es el producto de la abstracción, la generalización de los fenómenos sensibles. La parte terrestre de la física del mundo a la que conservaría de buen agrado la antigua y perfectamente expresiva denominación de Geografía Física, trata de la distribución del magnetismo en nuestro planeta, según las relaciones de intensidad y de dirección, pero no se ocupa de las leyes que ofrecen las atracciones o las repulsiones de los polos ni los medios de producir corrientes electromagnéticas permanentes o pasajeras. La Geografía Física traza a más a grandes rasgos la configuración compacta o articulada de los continentes, la extensión de su litoral comparado con su superficie, la división de las masas continentales en los dos hemisferios, división que ejerce una enorme influencia sobre los climas y las modificaciones meteorológicas de la atmósfera.

* En: Cosmos: Ensayo de una descripción física del mundo, 1844


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