Teorías Geográficas [Clásicas]



6 Feb 10

Paul Vidal de La Blache, que fue el creador de la Geografía Humana en Francia, mostró que el carácter científico de esta geografía remonta a dos geógrafos alemanes: Alejandro Von Humboldt (1769-1859) y Karl Ritter (1779-1859), ya que los dos demostraron que entre los fenómenos físicos y los fenómenos de la vida existen relaciones constantes de causa efecto, pero cada uno de ellos poseía su forma original de concebir esta conexión.

Humboldt, sobretodo naturalista, se interesó en estudiar los fenómenos físicos y en mostrar, por ejemplo, la influencia de los factores como la altitud, la temperatura, la humedad, la sequía sobre las formaciones vegetales. Autor de Allgemeine vergleichende Geographie, provisto de una fuerte cultura histórica, K. Ritter muestra que en Geografía Humana la naturaleza no es el único poder causal y que el propio hombre es, en la superficie de la Tierra, un agente de transformación y de vida.

Es en este camino que la Geografía Humana permaneció, con dos maestros de escuelas, Ratzel en Alemania y Vidal de La Blache en Francia. Sus doctrina y sus enseñanzas fueron divulgadas en casi todos los países, inspirando aquí y allá obras que contribuyeron a difundir la nueva ciencia y en hacer penetrar los principios y las lecciones fuera de los medios intelectuales, hasta en las esferas de alta cultura.

Al inicio, la Geografía Humana aparece como el estudio de las relaciones de los hombres con el medio físico. Esta noción nos viene sobre todo de la Geografía Botánica, por intermedio de Humboldt y de Berghans y particularmente, de esa ciencia botánica llamada Ecología, que estudia hasta qué punto los factores del clima y del suelo determinan la vida de las plantas.

El geógrafo tiene la tarea de encadenar los hechos humanos con las causas naturales que forman parte. El entendimiento de esas causas nos aclara sobre los modos de vida y los hábitos materiales de los hombres. Esta influencia del medio físico ambiental, como dicen ciertos americanos, se manifiesta en todas partes, en todos los dominios de la actividad humana, en ejemplos entre los cuales el geógrafo sólo tiene que escoger. Se encuentran en una dependencia casual, frente a frente, los tres términos de una asociación que une estrechamente una planta, un animal doméstico y un modo de vida.

¿No huyo del punto de vista del desarrollo de la civilización una profunda diferencia entre Europa, localizada en el corazón del hemisferio occidental y Australia, aislada en medio de mares inmensos?. ¿Las penínsulas y las islas no contribuyeron a formar individualidades humanas, a Estados?. ¿La separación de Portugal en relación a España no se explica, en parte, del lado del Oeste por su posición oceánica, del lado del Este por el relieve accidentado y las gargantas salvajes que lo aíslan de España?

Al llevar hasta el fin esta primera definición de Geografía Humana, se percibe que ella no podría abarcar todo el estudio de las relaciones humanas con el medio físico. El hombre tiene una anatomía, una fisiología, unas patologías que derivan de caracteres hereditarias y cuyo estudio constituye la Antropología y la Medicina. Tratemos de rectificar nuestra primera definición.

La Geografía es el estudio de los grupos humanos en sus relaciones con el medio físico. Lo que ella estudia son a los hombres como colectividades y grupos: son las acciones de los hombres como sociedades.

Tan lejos como se pueda bucear en el pasado, constatamos que vivir en sociedades, vivir con los semejantes que comparten los mismos modos de vivir, es un estado inseparable de la naturaleza humana. Los esfuerzos como la construcción de dólmenes, la organización de la irrigación en la Mesopotamia y en Egipto, como la domesticación de animales, sólo podrían ser emprendimientos colectivos.

Esta definición aún no es suficiente para abarcar todo el concepto de Geografía Humana, y existe una última corrección que nos aproxima definitivamente a la realidad

La Geografía Humana es el estudio de los grupos humanos en sus relaciones con el medio geográfico. La expresión de medio geográfico es más comprensiva que la de medio físico; ella engloba no solamente las influencias naturales que pueden ejercerse, sino también cuan influencia que contribuye a formar el medio geográfico, el ambiente total, la influencia del propio hombre.

En el inicio de su existencia, la Humanidad fue ciertamente esclava, por su dependencia de la naturaleza. El Hombre se transforma en un agente de la naturaleza transformando a fondo el paisaje natural, creando asociaciones nuevas de plantas y animales, los oasis para los cultivos de irrigación, las formaciones vegetales como el matagal y la charneca en detrimento de la selva. Y esas transformaciones se extienden por diversas regiones porque hay, de grupo en grupo de hombres, migraciones, préstamos, imitaciones. Y esa acción de las sociedades humanas sobre la naturaleza es tanto más rica y más fuerte cuando sus iniciativas las han transformado en más capaces de ampliar su radio de acción, de alcanzar más.

En nuestro días, la acción del hombre sobre la naturaleza se está ampliando aún más en razón de las armas que la ciencia le está dando y que el dominio de los transportes le aseguran sobre las distancias

Esta definición de Geografía Humana nos permite concebir de forma concreta cual es su objeto de estudio y determinar los cuadros y los límites. Ella comprende cuatro grandes grupos de problemas que resultan precisamente de las relaciones de las sociedades humanas con el medio geográfico.

En primer lugar está la valorización hecha por las sociedades humanas de los recursos que la naturaleza ofrece o lo que ellas conquistan sobre ella; son modos de vida tales como los modelan las grandes zonas naturales: la vida humana en las regiones frías; la vida humana en las regiones templadas; la vida humana en las regiones áridas; la vida humana en las regiones cálidas, comparándose cada una de esas zonas, su contingente de plantas cultivadas y de animales domésticos; la vida humana de montaña, la vida humana en el litoral.

En segundo lugar está la elaboración progresiva por las sociedades, en el correr de los tiempos a través del espacio, de los diferentes procedimientos por los cuales ellas tienen, para su subsistencia, el uso de los recursos naturales, desde los más elementales hasta los más complejos: se trate de la cosecha, de la caza, de la pesa, o de la agricultura y la cría de ganado, de la industria o del comercio, del trueque y de los transportes. Se trata en suma, de la evolución de un tipo de civilización.

En tercer lugar está la distribución de los hombres en función de las condiciones de la naturaleza y de los recursos creados por su explotación: la extensión de la Humanidad, sus efectivos y su densidad, sus movimientos y sus migraciones.

En cuarto lugar están las instituciones humanas, esto es los modos de ocupación de la tierra desde las formas más simples hasta los grupos más complicados, desde la casa y la aldea hasta las ciudades y los Estados.

2.- El Método de la Geografía Humana

Concebir y limitar el contenido y el objeto de la Geografía Humana no basta. Son necesarios principios de método, sea para entenderla mejor, sea para no apartarse de ella. He aquí los principios esenciales de este método.

Primer Principio:

No se debe creer en Geografía Humana en una especie de determinismo brutal, en una fatalidad resultante de los factores naturales. La causalidad en Geografía Humana es muy compleja. Con su voluntad e iniciativas el propio hombre es una causa que traza perturbaciones a aquello que podría parecer del orden natural

Segundo principio:

La Geografía humana debe trabajar apoyándose en una base territorial. En todos los lugares donde vive el hombre, su modo de vida implica una relación necesaria entre él y el sustrato territorial. Es precisamente la consideración de este lazo territorial que diferencia a la Geografía Humana de la Sociología. , lo propio de la Geografía Humana es constatar que el hombre no puede ser estudiado sin el suelo que él habita y que el suelo es el fundamento de cualquier sociedad. Se puede decir que cuanto más larga y rica es esta base, más profundas son las relaciones entre ella y sus habitantes. Cuanto más fuerte es la densidad de población  más intensiva la explotación de la tierra, más estrechos se transforman esos lazos.

Tercer principio:

Para ser comprensiva y explicativa, la Geografía Humana no puede atenerse solamente a la consideración del estado actual de las cosas. Es preciso encarar la evolución de los hechos, esto es, recurrir a la Historia. Muchos hechos que, considerados en función de las condiciones presentes aparecen como fortuitos se explican desde que se los considera en función del pasado. La Historia abre vastos horizontes sobre el pasado que vio suceder tantas experiencias humanas. Esta noción de edad, de evolución, es indispensable. Sin ella la razón de lo que existe se nos escaparía frecuentemente. Por ejemplo, ¿la Geografía Urbana podría soslayar la Historia? ¿Cómo explicar Roma, París o Londres sin conocer su pasado?. ¿Cómo comprender la población de un viejo país como Francia, si no conocemos la historia de la agricultura, de la deforestación, del parcelamiento de los campos, de los trabajos de drenaje y de represamiento? Todo el estudio de esta conquista del suelo fue hecha en base a la Historia.


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19 Sep 09

Vidal de La Blache

Las características propias de la Geografía

La Geografía es considerada como alimentándose de la mismas fuentes de datos que la Geografía, la Física, las Ciencias Naturales y, de cierta forma, de las Ciencias Sociales. Ella se sirve de nociones, algunas de las cuales son objeto de estudio profundizado en las ciencias vecinas: de allí viene entonces la crítica que se hace a veces de la Geografía, la de vivir de prestado y de intervenir indiscretamente en el campo de otras ciencias, como si hubiese compartimientos reservados en el dominio de la ciencia. En la realidad, como veremos, la Geografía posee su propio campo. Lo esencial es considerar qué uso ella hace de los datos sobre los cuales se especializa. ¿Será que ella aplica métodos propios? ¿Será que tras nuevos horizontes, de donde las cosas puedan aparecer con una perspectiva especial, las muestra desde un nuevo ángulo?

La Unidad Terrestre

La Geografía abarca, por definición, al conjunto de la Tierra. Este fue el mérito de los matemáticos-geógrafos de la antigüedad (Eratóstenes, Hiparco, Ptolomeu), el de colocar en principio la unidad terrestre, el de hacer prevalecer esta noción encima de las descripciones empíricas de las regiones. Es sobre esta base que la Geografía pudo desarrollarse como Ciencia. La idea de correspondencia, de solidaridad entre los fenómenos terrestres, penetró y tomó cuerpo, muy lentamente en la realidad, porque se trataba de apoyarla sobre hechos y no sobre simples hipótesis.

Si existe un dominio donde la unidad terrestre se manifiesta claramente, éste es el de las masas líquidas que cubren 3/4 del globo y el océano atmosférico que lo envuelve. En los movimientos de la atmósfera, “no se puede aislar ninguna parte, pues cada una actúa sobre la vecina” (Dove). (…). Las partes del océano están en íntima comunicación por una circulación de fondos y de superficie.

La parte sólida del globo también sufre la participación de una dinámica general. El conjunto de datos tectónicos, que las exploraciones hechas en las diversas regiones de la Tierra, contribuyó para que Eduard Suez pudiese edificar sobre ellas una síntesis.

Esta idea de unidad es común, sin duda, a todas las ciencias que tocan la física terrestre, así como a las que estudian la repartición de la vida. La insolación, la evaporación, el calor específico del agua y de la tierra, los cambios en los estados del agua, etc.; se comprenden a través de la comparación recíproca de las diversas partes del globo. La ley de gravedad domina toda la diversidad de las formas de erosión y de transporte, y se manifiesta así en su plenitud. Toda especie viva está en perpetua tensión de esfuerzo para adquirir o defender un espacio que le permita subsistir, y esto sirve de guía al naturalista. El conocimiento de estos hechos que, en órdenes diversos y en grados diferentes, contribuyen para fijar la fisonomía de la Tierra, resulta de un conjunto de observaciones donde cada parte del globo debe, tanto como sea posible, trazar su testimonio. Cada ciencia realiza, en este sentido, la tarea que le es propia; mas no se puede decir por ello que las mismas hacen el papel de la Geografía: éste es el papel que se debe precisar.

La combinación de los fenómenos

La Geografía, inspirándose como las ciencias vecinas en la idea de la unidad terrestre, tiene como misión especial procurar cómo las leyes físicas o biológicas que rigen el globo, se combinan y se modifican aplicándose a las diversas partes de la superficie. Ella tiene como objetivo especial estudiar las expresiones cambiantes que reviste, conforme a los lugares, la fisonomía de la Tierra. (…).

El análisis de esos elementos, el estudio de sus relaciones y de sus combinaciones componen toda la trama de la investigación geográfica. No se puede más que cuestionar según este punto de vista, una antinomia de principio entre dos especies de Geografía: una que bajo el nombre de Geografía General, sería la parte verdaderamente científica; y la otra que se aplicaría, teniendo como hilo conductor solamente una curiosidad superficial en la descripción de las regiones. De cualquier manera que se enfoque, son los mismos datos generales, en sus encadenamientos y en su correlación, que se impone la atención. Estas causas, si se permite usar esta palabra tan ambiciosa, al combinarse originan las variedades sobre las que el geógrafo trabaja: sea cuando el se propone determinar los tipos de clima, formas del suelo, del hábitat, etc., como hace cuando trata Geografía General; sea cuando él se esfuerza por caracterizar las regiones, hasta la descripción, pues lo pintoresco no le es prohibido.

Las superficies

El campo de estudio, por excelencia, de la Geografía es la superficie; ésta es el conjunto de los fenómenos que se producen en la zona de contacto entre las masas sólidas, líquidas y gaseosas, que constituyen el planeta. Este contacto es el principio de fenómenos innumerables, de los que apenas algunos están definidos; ellos actúan como un reactivo para colocar en evidencia las energías terrestres.

Entre las superficies que estudia la Geografía, las de la litosfera tienen la ventaja de conservar mas o menos la impresión de las modificaciones que ellas sufrieron desde su origen. Ellas presentan, por ello, un interés particular y abren una nueva fuente de aprendizaje. Es como un cuadro registrador, sobre el cual el estado presente de las formas se revela a continuación de los estados anteriores. A través de las formas que pertenecen al ciclo actual de evolución, se distinguen lineamientos de las que preceden. (…). La obra del pasado persiste a través del presente como la materia sobre la cual se ejercen las fuerzas actuales. A partir de ahí, estamos en plena Geografía.

Los aspectos de la superficie sólida se revelan así, como el resultado de modificaciones incesantemente remanejadas de época en época; representa una secuencia y no un estado una vez dado y surgido de repente. Las formas actuales, sólo son inteligibles si se las focaliza en la sucesión de la cual forman parte.

La fuerza del medio y la adaptación

Recorramos ahora la observación. Lo que la observación y el análisis encuentran en esas superficies donde se imprimen los fenómenos, no son casos aislados, trazos incoherentes, son grupos de formas obedeciendo a una acción de conjunto, unidas por afinidades y trabajando en común para eliminar de la superficie lo que no conviene más a las condiciones actuales.

Un bosque es una especie de ser colectivo donde coexisten en una armonía provisoria y no a prueba de cambios, árboles, vegetales de tipo rastrero, hongos y una multitud de huéspedes igualmente subordinados, insectos, termitas, hormigas. Así, las cosas se presentan a nosotros en grupos organizados, en asociaciones regidas por un equilibrio que el hombre perturba incesantemente o, conforme los casos, reordena.

La idea de medio, en esas diversas expresiones, se precisa como correlativa y sinónima de adaptación. Ella se manifiesta a través de las series de fenómenos que se encadenan entre si y son puestos en movimiento por causas generales. Es por esas causas que incesantemente retornamos a las causas del clima, de estructura, de soporte vital, que impulsan muchas actividades especiales de las formas y de los seres.

El método descriptivo

La Geografía se distingue como ciencia esencialmente descriptiva. No es que renuncie a la explicación: el estudio de las relaciones de los fenómenos, de su encadenamiento y de su evolución, son también caminos que llevan a ella. Pero ese objeto mismo la obliga, más que a otras ciencias, a seguir minuciosamente el método descriptivo. ¿Una de esas tareas principales no es localizar los diversos órdenes de hechos que a ella conciernen, determinar exactamente la posición que ocupan, las áreas que abarcan?. Ningún índice no podría pasar desapercibido, casa uno tiene su valor geográfico, sea como dependencia, sea como factor en el conjunto que se trata de analizar. Es preciso, entonces, tomar sobre los hechos cada una de las circunstancias que los caracterizan, y establecer exactamente el resultado.

Hay dos obstáculos que deben particularmente ser tomados en consideración: el de las fórmulas muy simples y rígidas entre las cuales deslizan los hechos y de las fórmulas multiplicadas a tal punto que aportan más a la nomenclatura y no a la comprensión.

Describir, definir y clasificar, además de deducir, son operaciones que lógicamente se mantienen, pero los fenómenos naturales de orden geográfica no se plegan solícitamente a las categorías del espíritu.

La descripción geográfica debe ser flexible y variada como su propio objeto. Frecuentemente es para ella servirse de la terminología popular; esta al haberse formado directamente en contacto con la naturaleza, tal designación aplicada sobre lo actual, tal máxima rural o proverbio pueden abrir una luz sobre un relato, una periodicidad, una coincidencia, cualquier cosa que se reclama directamente de la Geografía. No es sin razón que en los libros o memorias geográficas las representaciones figurativas aparecen cada vez más. El diseño y la fotografía entran a título de comentario en la descripción. Las figuras esquemáticas tienen su utilidad como instrumento de demostración.

Geografía e Historia

Es preciso decir que en esta fisonomía el hombre se impone, directa o indirectamente, por su presencia, por sus obras o consecuencia de sus obras. Ella también es uno de los agentes poderosos que trabajan para modificar las superficies. Se coloca por eso entre los factores geográficos de primer orden. Su obra sobre la Tierra ya es larga; hay pocas partes que no llevan sus huellas. Se puede decir que de ello depende el equilibrio actual del mundo vivo.

Es otra cuestión aquella de saber qué influencia las condiciones geográficas ejercerán sobre sus destinos y particularmente sobre su historia. No puedo dejar de abordar aquí este punto importante.

La Historia y la Geografía son compañeras antiguas que hace mucho tiempo caminan juntas y que, como acontece con los viejos conocidos, han perdido el hábito de discernir las diferencias que las separan. Lejos de mi está la intención de atropellar la armonía de esta pareja. Es útil en tanto que, continuando la prestación de servicios recíprocos, ellas tengan nítida conciencia de las divergencias que existen en sus puntos de partida y en sus métodos. La Geografía es la ciencia de los lugares y no de los hombres; ella se interesa por los acontecimientos de la Historia en la medida que acentúan y esclarecen, en las regiones donde ellos se producen, las propiedades, las realidades que sin ello permanecerían latentes.

Conocemos hace mucho tiempo a la Geografía incierta en su objeto y en sus métodos, oscilando entre la Geología y la Historia. Esos tiempos pasaron. Lo que la Geografía a cambio de lo que recibe de las otras ciencias, puede incorporar para tesoro común es la aptitud para no dividir lo que la naturaleza juntó, para comprender la correspondencia y la correlación de los hechos, sea en el medio terrestre que envuelve a todos, sea en los medios regionales donde se localizan.

*En: Principes de Geographie, Paris, 1913


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19 Sep 09

Ratzel

Antropogeografía:

El elemento humano en la Geografía.

La Historia y la Antropogeografía

29. Tareas de la Antropogeografía y su triple división:

Si consideramos al hombre dentro del cuadro general de la vida terrestre, no nos será posible comprender el papel que él ocupa en la Tierra si no seguimos el mismo método del cual nos valemos para estudiar la difusión de las plantas y de los animales. Por eso la Antropogeografía, del mismo modo que la zoogeografía y la fitogeografía, deberá describir y representar cartográficamente aquellos territorios donde se nota la presencia del hombre, separando la parte de la Tierra que es por él habitada, o ecúmene, de aquellas que no lo son. Ella estudiará por otro lado la difusión del hombre dentro del ecúmene y fijará los resultados de su estudio en mapas de la densidad de población poligráficas e itinerarias. Y en la medida en que la humanidad comprende razas, pueblos y grupos étnicos menores, la Antropogeografía representa también la difusión de estos elementos diversos a través de mapas de razas humanas, mapas etnográficos, mapas de lenguas y mapas políticos. Es esencialmente a esta parte de nuestra ciencia que dedicamos la Parte II de esta Antropogeografía (1891).

La descripción y la representación del estado de cosas antropogeográficas son útiles para muchos objetivos de la vida, de lo aprendido, del trabajo científico; y cuando ambas se realizan, podemos decir que fueron cumplidas muchas de las tareas prácticas de la Antropogeografía. Pero la ciencia nunca se satisface por haber respondido a la pregunta ¿”dónde”?, pues cuando esto haya sido resulto, ella prosigue adelante y pasa a la pregunta ¿”de dónde”?. Ya en la ejecución de su tarea descriptiva, la Antropogeografía se encontrará frente a una gran cantidad de casos en los cuales se vienen repitiendo fenómenos relativos al territorio junto con fenómenos relativos a la difusión del elemento humano. Pasando ahora a la segunda parte de la tarea, esta ciencia, al examinar el área de difusión de cada raza y de cada pueblo, se ubica en la pregunta: ¿”Cómo se formó esa área”?; y si presentará entonces al su estudio los movimientos del hombre en su dependencia con el territorio. En verdad ella se dará cuenta que ningún pueblo tuvo origen en el mismo suelo en que habita, y de ahí llegará a la conclusión de que él no podrá permanecer así eternamente. Algunos pueblos se expanden y otros son expulsados. Es a través de todos los movimientos que ellos surgen, la Tierra no representa ya un elemento totalmente pasivo, pero sí los direcciona, los obstaculiza, los favorece, los enlentece, los acelera, los desordena y los condena gracias a sus condiciones inconmensurablemente variadas de posición de amplitud, de configuración, de riqueza de agua y de vegetación. Cuando la Geografía se aproxima a examinar estos fenómenos, entra en contacto con la Historia, que considera al suelo como la patria del ciudadano, mientras aquella lo ve como la patria de la humanidad. También la Historia considera a la humanidad en movimiento, pero no acostumbra avanzar a través del estudio de esta hasta el examen del territorio, mientras que la Geografía, al contrario, no ignora jamás su presencia.

Las tareas del tercer grupo se refieren al estudio de las influencias que la naturaleza ejerce sobre el cuerpo y sobre el espíritu de los individuos y de allí sobre los pueblos. Se trata por tanto, esencialmente de efectos que se deben al clima, a la configuración del suelo, a los productos vegetales o animales del territorio. Todos los fenómenos de la naturaleza, pasando a través del intelecto, ejercen una influencia a veces claramente visible, a veces sutil y oculta sobre el ser y sobre las actitudes del hombre, algunas veces simplemente reflejándose en él, otras animando o retardando su actividad intelectual.

Así vemos al ambiente físico reflejarse en la religión, en la ciencia, en la poesía. En verdad el examen de estas influencias compete más a la fisiología y a la psicología más que a la Geografía; y esto más aún en la medida que tales influencias no permanecen inactivas en el organismo como trazos inanimados, sino que continúan produciendo sus efectos en la vida material y espiritual del hombre. Con todo la Antropogeografía al describir países y pueblos no podrá desinteresarse por los conocimientos adquiridos en esta materia, en la medida en que estos tocan directamente todos los problemas relativos a la aclimatación.

30. La Geografía como ciencia auxiliar:

En contraposición a la afirmación hoy difundida de que la Geografía es una ciencia auxiliar de la Historia, recordemos aquí la pregunta de Kant: “¿Cuál de las dos ciencias existió antes, la Historia o la Geografía?”. Kant respondió: “La Geografía está en la base de la Historia, porque nuestros hechos históricos deben también tener un elemento al cual referirse”. Mientras que el historiador considera al suelo como algo accesorio, él también atribuye poco valor a los servicios que la Geografía presta a la investigación histórica con el estudio y la descripción de este; pero estos servicios le parecerán tanto mayores como mayor es la importancia que él pase a atribuir al conocimiento del ambiente físico. La propia Geografía puede contribuir a aumentar ese interés dedicándose intensamente al estudio del elemento humano, con lo que estará tornando más fácil a la Historia la investigación de las cambiantes relaciones que se establecen entre el suelo y los acontecimientos históricos que se desarrollan sobre este. Pero el nombre de ciencia auxiliar no tiene en ningún caso sentido, pues cualquier ciencia puede tornarse útil para otra, sin por ello transformarse en su sierva. No hay ninguna ciencia que sea tan auxiliar, así como no hay ciencia que no pueda prestar algún servicio a cualquiera de las ciencias hermanas. Es en este sentido que consideramos a la Geografía y a la Historia de la humanidad como ciencias hermanas, del mismo modo que a la Geografía y a la Geología.

En este sentido estamos de acuerdo con Vambery al entender que, en relación al territorio de Asia Central y de las estepas europeas contiguas, se debe excluir sin duda la posibilidad de establecer una distinción etnográfica precisa en lo que se refiere a las antiguas migraciones. Desde que esos territorios poseen el aspecto actual, ellos siempre recibieron pueblos nómades. Pero si por detrás del velo de las leyendas ya muy oscuras, no es posible distinguir nítidamente ningún pueblo, y no teniendo la posibilidad por ello de la distinción etnográfica, resta siempre la posibilidad de distinción antropogeográfica: fuesen turcos o arios, los pueblos que habitaron aquellas tierras de todos modos, siempre fueron pastores nómades.

Contribuyó también a disminuir la importancia que es dada a la Geografía, una razón puramente literaria, de la cual muchos no se dan cuenta, aunque no deja de tener eficacia. La Historia adquirió en la literatura un lugar eminente gracias a la forma bajo la cual son presentadas muchas de sus obras, y al espíritu que algunas de estas poseen. Pero esto es más arte que ciencia. La Geografía, proponiéndose en general objetivos menos elevados y de utilidad práctica más directa, raramente obtuvo tal excelencia formal. Es por eso que una parte importante de la gran fama, considerada por algunos exagerada, conquistada por Alexander von Humboldt, se debe justamente a que la Geografía encontró en él finalmente un escritor clásico como desde la Antigüedad ya no poseía. Por otro lado es comprensible que el estrechamiento de las relaciones entre la Geografía y la Historia haya servido para tornar cada vez más manifiesta la gran diferencia existente entre las dos ciencias en el aspecto literario.

Entre todos los geógrafos del siglo XVIII, Pinkerton sólo reconoce algún mérito literario en D’Anville; y este fue entre todos el que más se aproximó al estudio geográfico de la ciencia histórica. Además de ello, Pinkerton afirmó con razón, que los antiguos geógrafos tenían mayor valor literario que los modernos; constatación que no debe sorprender si se toma en cuenta que aquellos consideraban los problemas geográficos bajo aspectos generales y se limitaban a describir un mundo poco extenso o solamente en sus líneas generales. A propósito de esto, Pinkerton compara los 18 volúmenes de Büsching sobre Europa al único e inmortal volumen de Estrabón. Pero la crítica no se justifica enteramente. Por su propia esencia, la Geografía no puede, así como no pueden las ciencias naturales en general, dar a la literatura universal tantas obras clásicas como le puede dar la Historia; no podrá producir solamente en aquella parte de la materia geográfica que se limita con la Historia y con la Etnografía, y donde la exposición puede tener carácter narrativo. Pero en esta consideración no hay nada que pueda disminuir la importancia que cabe a la Geografía al lado de la Historia, pues en este argumento las razones formales no tienen valor de ninguna especie.

31. Razones prácticas que determinan la afirmación del elemento humano en la Geografía:

La geografía ya se ocupaba com predilección particular del hombre y de sus obras antes que los fenómenos de la unión del hombre con la Tierra fuesen, por lo menos en parte, atribuidos a su estudio; y esto por una razón de orden exterior. En la historia de toda ciencia ocurre que el hombre en principio es todo; después, poco a poco, el objeto efectivo de estudio se libera de su vínculo ideal para lanzarse, completamente depurado, a la investigación objetiva. En el estudio geográfico este proceso se realizó con una lentitud particular. Por mucho tiempo se pensó que las regiones terrestres tenían importancia sólo por sus relaciones con el hombre, y esas relaciones coupan siempre la mayor parte de las obras también de Geografía científica. Por motivos de orden práctica ocurre que de todas las cosas existentes sobre la superficie terrestre aquellas que pertenencen al hombre o tienen estrecha relación con él se imponen en mayor medida al espíritu humano.. Estrabón consideró a Homero como el padre de la geografía “por haber superado a todos sus predecesores y sus sucesores no sólo en el arte poético, sino también tal vez en el conocimiento de la vida civil”.

Esta predilección por el elemento humano es siempre una característica del estudio geográfico, siendo también un peligro constante que amenaza su carácter científico. Cada vez que una ciencia reune al mismo tiempo elementos humanos y elementos naturales, son los primeros los que invariablemente predominan. Basta recordar lo que ocurrió con la biología general por el amplio espacio que esta ciencia dedicó a la anatomía humana, a la fisiología y a la psicología. Aún para reforzar esta tendencia que aquí se señaló ocurre un segundo motivo, también de orden exterior, que es el hecho de que en la literatura la descripción de los territorios y la descripción de los pueblos casi no se presentan separadas una de la otra, y esto especialmente cuando se trata de países y pueblos lejanos. Además es exactamente este vínculo íntimo de los dos elementos el que confiere particular atractivo a las narraciones de viajes. Por eso ocurre que ambos argumentos fuesen estudiados y trataos por los mismos escritores, de modo que la geografía descriptiva y la etnografía permaneciesen íntimamente unidas entre sí tanto en la investigación como en la enseñanza.

Existe una tercera razón de carácter práctico como las anteriores que inducen a la geografía a ocuparse con particular interés en el elemento humano: esta debe ser buscada en el abandono en que las otras ciencias dejaron siempre al estudio de una gran cantidad de fenómenos referidos al hombre. Así la investigación histórica inicia sus investigaciones a partir del momento en que aparece el documento escrito; y la antropología hasta muy recientemente se ocupaba apenas del cuerpo humano, del modo en que la historia y la etnografía de los pueblos primitivos y semicivilizados quedaban enteramente para la geografía; y esta tenía que, queriendo o no, tomarlos para sí, tanto que aún hoy la etnografía es estudiada y enseñada por geógrafos y frecuentemente tiene en común con la geografía las mismas revistas, libros, bibliografías y obras cartográficas.

A medida que la etnografía y la ciencia social se fueron desarrollando por su propia cuenta, se verificó en verdad como la antigua unión de la geografía descriptiva y de la etnografía estaba apoyada en gran medida en razones de orden exterior, pero al mismo tiempo el desarrollo de la geografía del hombre abrió un nuevo campo sobre el cual las dis ciencias aprecen nuevamente unidas, sin con esto perder su independencia.

Los filósofos climáticos, o sea, aquellos que sustentan la teoría de las rápidas transformaciones de los pueblos por efecto del clima, distorcionan y deforman en todos los sentidos la naturaleza de modo de hacerla servir a sus objetivos; y en ese sentido sus teoría presentan, bajo el aspecto lógico, un cierto interés, ahora de carácter negativo. Pocas veces ocurrió que la cinecia trabajase por tan largo tiempo con un material tan inadecuado. Kant pretende demostrar que toda la raza mongólica proviene de las regiones septentrionales, y por ello exageró desmesuradamente las influencias del clima frío. En el rostro largo y sin pelos, en la nariz larga, en los labios finos, en los ojos semicerrados de los mongoles él ve modificaciones producidas por el clima infeliz de las tierras nórdicas, don “todo es árido”. Así, de los pigmeos del norte que no existen de hecho en ningún lugar se hace una raza especial; E. A. Zimmermann, al contrario, escribe que la presencia de comunidades de pigmeos en África y en Madagascar debe ser atribuida a la migración de algunos individuos deficientes. La altura de los patagónicos fue objeto de amplias discusiones, por el hecho que estos habitaban muy próximos a los fueguinos que son provablemente pigmeos. Aún se llegó a afirmar que si las tierras del hemisferio austral avanzacen antes en dirección al polo, los patagónicos tendrían una altura menor. En aquella época la geografía de América permanecía completamente a merced de estas teorías. Así, para demostrar el hecho de que los americanos, también de las zonas tropicales, tuviesen un color más claro que los negros resulta únicamente de que América tiene un clima general más frío, induciéndonos en repetidas ocasiones a la investigación de las influencias moderadoras del clima americano, hasta que finalmente Alexander von Humboldt llevase esta afirmación a un terreno positivo de observación experimental, limitándola así dentro de estrechas fronteras. Mientras tanto Condaminer afirmaba que los indios de América del Sur eran más oscuros en la medida que se avanzaba en dirección al Ecuador, Bourguer encontraba que los habitantes de la costa pacífica y más fresca de los Andes son más claros que los habitantes de la costa atlántica más caliente.

A estas dos observaciones inexactas se refirieron todo el siglo XVIII todos aquellos que quisieran demostrar en América la influencia del calor sobre la coloración oscura de la piel. Maupertius, en Vénus Physique, II, cap. 1, afirma que los negros africanos habitan entre los trópicos y formula, no sólo para África sino para toda la Tierra la ley: “A medida que se aleja del Ecuador, el color de los pueblos se torna gradualmente más clara”; y explica este hecho, como también la difusión geográfica de los pueblos pigmeos a los de los gigantes, de un modo original, errando sin duda, más sutil. Cuando el dice (op. cit., II, cap. VII), pigmeos, gigantes y negros se se presentaron ante los otros peublos, la prepotencia o el miedo armó en su contra a la mayor parte del género humano, y la especie humana más numerosa debería expulsar estas “razas deformes” hacia las regiones menos habitadas de la superficie terrestre. Los pigmeos huyeron en dirección al polo norte, los gigantes escogieron su sede en el territorio de Magallanes y los negros fueron a habitar la zona tórrida.

Una de las circunstancias más características en la evolución de esta ciencia es que ya hace dos siglos Ortelius, que en su mapa de África, contenido en su Theatrum Orbis Terrarum de 1570, había llamado a los indígenas del Cabo de Buena Esperanza por el nombre de nigérrimos, habiendo llegado a la conclusión de que la causa de su color podía ser atribuida al calor solar más intenso, porque en ese caso los habitantes del estrecho de Magallanes también deberían ser negros. Este era por tanto el camino correcto a ser seguido para comprender que los movimientos de los pueblos, dada su breve duración, nada tienen que ver con las modificaciones de las características raciales, que sólo se producen en períodos muy largos. Infelizmente el hecho de haber pretendido encontrar una relación entre estas características y el clima siempre impidió el estudio geográfico de seguir por este, que era el mejor camino. Buffon, sosteniendo el concepto de una enorme adaptabilidad del organismo humano a las condiciones climáticas, fue quien contribuyó en mayor medida a reforzar el antiguo error. Y su influencia no se substrajo enteramente, ni aún G., Forster, aunque este como observador astuto haya conseguido llegar a una conclusión exacta de la naturaleza plástica de la masa humana. En sus Anotaciones filosóficas hechas durante un viaje alrededor del mundo se lee:

“Si la influencia del clima es tan poderosa como afirma Buffon no debe hacer mucho tiempo que la isla de Mallicolo está poblada, pues desde que viven en aquel clima moderado sus habitantes no cambiaron aún ni su color negro originario ni los cabellos crespos”.

32. ¿Qué lugar cabe a la Geografía próxima a la Historia?:

La gran y a veces exagerada importancia que se quiere atribuir al elemento humano en el estudio geográfico, sirvió para transformar en más difícil la comprensión de las relaciones que existen entre la geografía y la historia. Que la historia tenga necesidad de recurrir a la geografía para poder representar, medir, describir el teatro de los acontecimientos políticos y de las formaciones territoriales que de ello resultan, fue comprendido claramente ya por Ortelius cuando este publicó su primer mapa cartográfico. Ortelius afirmó que la geografía y la cronología son las dos columnas básicas de la historia. Dankwerth y Meier en su Neue Landesbeschreibuflg der Herzogtürner Schleswig und Holstein (1652) consideran a la geografía y a la cronología como los dos faros principales de la historia. Pero la historia hizo uso de estas en grados muy diversos. Hace mucho tiempo que las fechas son consideradas como un elemento indispensable para la narrativa histórica; pero por otro lado aún en las obras más profundas se busca frecuentemente en vano los datos numéricos relativos a los elementos geográficos de la historia, como áreas, cifras de población, desarrollo de las comunicaciones, etc. Hasta la geografía histórica ignoró de modo extraño los datos relativos a las dimensiones de los territorios políticos, de los países de las provincias, etc.

Es verdad que Karl Ritter afirmó: “El lugar de la historia no es junto a la naturaleza, sino dentro de esta”. No obstante, en el estudio geográfico la importancia atribuida al elemento humano ha minimizado de tal forma al interés por la naturaleza que Guthe, un verdadero seguidor de Ritter, atribuía a la geografía la tarea de hacernos conocer a la Tierra en tanto sede del hombre. En la primera edición, lanzada en 1868, de Lehrbuch der Geographie, que después fue tan profundamente transformado por Hermann Wagner de modo de hacer de él el mejor trabajo de nuestros tiempos, la parte que dedica a la geografía física comprende 68 páginas*, mientras que la dedicada a la corografía y a la geografía política ocupa 479 páginas. El primer párrafo de la introducción de Guthe señala:

“La geografía nos enseña a conocer la Tierra como sede del hombre; esta no es de ningún modo una simple descripción de la Tierra con sus mares, etc., sino al describir la superficie del globo ella coloca al hombre entre los otros seres, y nos muestra como por un lado este se encuentra en estado de dependencia de la naturaleza que lo circunada y como por otro está tentado de liberarse de esa dependencia, con lo que la geografía viene a constituir el elemento de conjunción entre la ciencia natural y la historia”.

Es este el alcance del concepto que Playfair había expresado en 1808 en System of Geography: “El estudio de la geografía es necesario para conocer el teatro de la historia”. Pero esta es una consideración de valor púramente práctico y fue un error introducirla en la ciencia.

Ante concepciones de este género es necesario afirmar enfáticamente que la geografía debe antes que nada estudiar y describir la Tierra, independientemente de cualquier consideración acerca del elemento humano e histórico; y qye la realización de esta tarea, que es específica de la geografía, debe preceder el cumplimiento de otra tarea que esta tiene en común con la historia en el campo antropogeográfico. Estas dos tareas son inseparables la una de la otra. Ciertamente, para usar la palabras de Karl Ritter, “la ciencia geográfica no puede despreciar ele elemento histórico, si pretende ser verdaderamente el estudio del territorio y no una obra abstracta, un molde a través del que se vea el espacio vacío y no el cuadro que ella debe contener”. Del mismo modo la historia no puede despreciar a la geografía porque los hechos que esta contempla tienen la necesidad de un teatro donde desarrollarse:

“Esta deberá en todas sus formas acoger en sí, más o menos claramente, un elemento geográfico, sea como en Tucidides y en Johann von Müller precediendo a la narración de una visión general del territorio, sea como en Heródoto, Tácito y otros maestros insertando la descripción geográfica en el curso de la narrativa, o sea finalmente como en otros escritores apenas aflorando el elemento geográfico y extrayendo de él sólo la entonación y el color. La filosofía de la historia, tal como fue pensada por Bacon y Leibniz, que Herder esbozó y que otros recientemente intentaron elevar a través de su desarrollo, debe atribuir a este elemento geográfico un lugar cada vez mayor”.

Mientras tanto la tarea más importante de la geografía continuará siendo siempre la de esturiar, describir y representar la superficie terrestre. Por ello, aún atribuyendo a la historia el estudio de los acontecimientos que se suceden en el tiempo, a la geografía las condiciones de hecho del territorio, no se puede olvidar que todo aconteicmiento se hace en el espacio, y por eso toda historia posee su teatro. Todo lo que hoy constituye el presente será historia mañana; por ello el material de la geografía va pasando ininterrumpidamente a las manos de la historia. Se comprende a partir de allí que una nítida separación entre las dos ciencias no sería lógicamente posible, aunque al contrario sea necesario, para que ambas puedan desarrollar una actividad prolífica, ellas deben actuar íntimamente unidas. La frase de Herder de que la historia es una geografía en movimiento permanece verdadera también inversamente, y de ello se sigue que la historia no puede ser comprendida sin el territorio donde ella se desenvuelve, y que la geografía de cualquier parte de la Tierra no puede ser representada sin conocer la historia que imprimió sobre esta sus huellas. Todo mapa tiene que ser examinado teniendo presentes los elementos históricos allí referidos, del mismo modo que sin el mapa no sería posible comprender ni las modificaciones de las fronteras, ni las variaciones del tráfico o de los asentamientos humanos, ni de los movimientos de los pueblos.

A partir del concepto que tenemos de la posición del hombre en la naturaleza resulta cuánto es imperfecta la concepción que considera la importancia del elemento geográfico en la historia partiendo de órdenes puramente exteriores. Esto significa, para expedirnos prácticamente, que la introducción a la historia de un país no debe ser una simple descripción corográfica; esto porque, aúnque esta descripción sea adornada y fiel como la introducción a Ges­chi chie der Schweizerischen Eidgenossenschaft de Johann von Müller, ella no abarcará mínimamente su objetivo si no examina además de ello la relación geográfica entre ese país y la superficie terrestre entrera y no nos mostrará que las influencias recíprocas que se ejercen entre el pueblo y el territorio y entre este y el Estado son ininterrumpidas y gobernadas por una ley de necesidad.

33. La Historia universal debe abarcar toda la Tierra:

Pero en esta unión de las dos ciencias no se debe considerar una historia limitada al estrecho círculo de Europa y de los países mediterráneos, así como esta se nos presenta en los abordajes usuales.

En verdad la razón filosófica, de la que deriba esa limitación, no puede impedir que la historia acogiese gradualmente en su seno una parte cada vez mayor de aquella materia, cuyo resto pertenece a la etnografía. Y el estudio comparado de los pueblos una vez iniciado no podía ciertamente ser interrumpido. No podía permanecer ignorada la justa advertencia de Heinrich Barth: “Aún los movimientos de los pueblos de África central tienen su historia; y apenas cuando ellos también pasaran a ser parte del gran cuadro histórico de la humanidad podría este cuadro aproximarse a su realización”.

Hoy una historia universal de la civilización no podría más, sin contradecir su propio nombre, eximirse de considerar a los mexicanos, a los japoneses, a los malayos; y toda la historia de los Estados Unidos de América tiene que dedicar un espacio grande a las condiciones de los pueblos primitivos que existen en aquel territorio y a los acontecimientos que a ellos se refieren. Una obra como la Historia de la Nueva Inglaterra de Palfrey no sería concebible si no tratase de la influencia política que ejerció sobre la historia universal la incidencia de pueblos privados de historia, como hicieron Salústio y Tácito en sus capítulos sobre África. En realción a ello la filosofía de la historia no iluminó en nada la obra de los narradores. Un error fundamental que falsea la consideración filosófica de la historia es y ha sido siempre, el desprecio al elemento geográfico, desprecio que significa también una visión histórica limitada. Se puede afirmar antes que toda la dirección constructuva de la filosofía de la historia alemana no habría sido forjada si aquellos científicos hubiesen atribuido mayor importancia al elemento geográfico. Kant, que también fue gran amigo y conocedor de la geografía, fue el priero en introducirla por un camino falso, que Fichte, Schelling y Hegel siguieron después. llegando a un resultado geográficamente absurdo. La idea de Kant de que la historia de la humanidad deba ser considerada como la realización de un proyecto secreto de la naturaleza, proyectando efectuar una constitución política interna y exteriormente perfecta, no habría sido posible si no con la tácita premisa de que el proyecto comprendiese apenas la historia de Europa, que Europa debiese, po así decir, hacer la historia de todos los otros continentes, que provablemente deberían recibir de Europa algún día sus leyes. En Fichte esta premisa se presenta como la condición necesaria para la determinación de sus períodos históricos, y por ello se expresa aquí sin ninguna atención al elemento geográfico; pues este pensador audaz declara que se limita a seguir aquel hilo de civilización que conduce a hasta nosotros, “interrogando solamente a nuestra historia, esto es, la historia de la Europa civilizada, que es la sede actual de la civilización, y despreciando otros hilos secundarios que no conducen directamente a nosotros, como la historia de la civilización china e india”.

A la par con este concepto está otro, también de Fitche, que admite que haya existido un pueblo primitivo originario, en el cual la razón dominaba “como un institnto ciego“, que regulaba, sin constricción o esfuerzo, todos los eventos humanos. Pero la limitación del concepto de historia se manifiesta más que en cualquier otro en Hegel para quien, según una expresión suya frecuentemente citada, sólo es historia “aquella que constituye una época esencial en la evolución del espíritu humano”, y que por ello deben ser excluidas del círculo de las consideraciones histórico-filosóficas no sólo las de la zona glaciar y tórrida, “porque el calor y el frío son fuerzas muy poderosas que no permiten al espíritu humano crear un mundo propio, , igualmente África, en la medida en que no se observa auí ningún movimiento de evolución” y la América, cuyos pensadores más ágiles y más modernos excluidos, por ello apenas formalmente, para representarlos después en perspectiva. Estas ideas no tienen absolutamente nada de geográfico, y no reflejan directamente la ampliación del horizonte intelectual, que es siempre la consecuencia necesaria y más importante del estudio de la geografía, también manifiestan un enormen deslumbramiento de la naturaleza de las cosas. Y si se observa, por otra parte, como esas ideas deberían enraizarse, al punto de que el propio Augusto Comte puede afirmar explícitamente que su estudio histórico-filosófico se limitaba a los pueblos de raza blanca, y por otro lado dedicar una preferencia tan acentuada a los habitantes de Europa Occidental, como aquellos que constituyen una civilización más avanzada y representan la élite ou avantgarde de l’humanité!.

La historia universal, tal como es entendida por nuestros escritores de historia, está aún muy lejos de ser una historia de la humanidad; aún también la historia particular, que debería tomar en gran consideración las observaciones de carácter topográfico, raramente consigue tomar partido de los medios que la ciencia hermana le podrían ofrecer.

Se debe observar que en Comte la limitación tienen más un carácter meramente temporal y se mueve por una razón metodológica:

“Su valoración especial debe remitirse sistemáticamente hasta el momento actual, los componentes principales del movimiento social así están apreciadas en el caso más favorable a su plena manifestación, resultando posible proceder a la explicación racional de las modificaciones más o menos importantes”.

Si de hecho, como dice Comte, la evolución histórica tiende a reunir a toda la humanidad en una sociedad única, y todos los acontecimientos anteriores no representan sino una preparación de esta, entonces él debería prever que el movimiento histórico acabaría por abarcar toda la Tierra.

Antropogeografía, 1891


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19 Sep 09

ritter

Examinemos un globo terrestre. Por mayor que sea, nosotros lo vemos como una miniatura y una representación imperfecta del modelado externo de nuestro planeta.

Lo que nos sorprende al observar un globo terrestre es el carácter aleatorio que preside a la distribución de las extensiones de agua y tierra. No hay espacios matemáticos, ninguna construcción lineal o geométrica, ninguna secuencia de líneas rectas, ni de puntos regulares; solamente la red de coordenadas establecidas a partir de la bóveda celeste permite medir artificialmente una realidad inalcanzable: los propios polos no pasan de puntos matemáticos definidos en función de la rotación de la Tierra y cuya realidad todavía se nos escapa.

Si, este Todo terrestre asimétrico, al no obedecer aparentemente a ninguna regla y ser difícil de captar como un conjunto, nos deja una impresión extraña y nos vemos obligados a utilizar diversos métodos de clasificación para apagar la idea de caos que de él resulta. Por eso, hasta ahora el interés fue mayor en relación a sus partes constitutivas de lo que en relación a su apariencia global y entonces, los compendios geográficos se han dedicado a describir fundamentalmente esas partes. Por tanto, se han concentrado en describir y clasificar sumariamente las diferentes partes del Todo, la geografía no ha podido ocuparse de las relaciones y de las leyes de carácter general, que son las únicas capaces de transformarla en una ciencia y de darle su unidad.

La Tierra, como planeta, es muy diferente de las representaciones en escala reducida que de ella conocemos, y que sólo nos ofrecen una idea simbólica de su modelado; tenemos que echar mano a esas miniaturizaciones artificiales del globo terrestre para crear un lenguaje abstracto que nos permita hablar de la Tierra como un todo.

Existe una diferencia fundamental entre las obras de la naturaleza y las creaciones del hombre: por más bellas, simétricas o acabadas que estas últimas puedan parecer, un examen atento revelará su falta de cohesión y su estructura tosca. El tejido más fino, el reloj más elegante, el cuadro más famoso, el brillo más intenso del mármol o de los metales trabajados nos llevarían, vistos al microscopio, a una constatación semejante. Inversamente, la impresión de asimetría y la apariencia informe de las obras de la naturaleza desaparece con un examen minucioso. El lente del microscopio hace surgir en una tela de araña, en la estructura de una célula vegetal, en la estructura cristalina molecular de los minerales, elementos y conjuntos de una textura siempre más delicada.

No deberíamos encontrar esta diferencia también en caso del mayor cuerpo natural que conocemos, esto es, nuestro planeta, sabiendo que nuestro conocimiento de él es apenas superficial?.

…Y cómo conciliar este abordaje global de nuestro planeta con lo que sabemos de todo lo que en él vive, grupos humanos y otros seres vivos; con lo que conocemos de aventura del hombre en ese planeta; y como lograr esta conciliación si concebimos al globo como el lugar y la morada que ofrecen al hombre, durante el tiempo de su pasaje en la Tierra, la base necesaria a su desarrollo?

Todo nos lleva a no buscar en el presente la imagen de la eternidad, a no confundir apariencia con esencia, las impresiones que obtenemos de una cosa o de un fenómeno y la realidad de esa cosa y de ese fenómeno, a no interpretar las leyes naturales establecidas como construcciones lógicas de nuestro intelecto, pero, antes, a considerarlas como un feliz descubrimiento de un mundo de fenómenos que nos envuelve y que no habíamos conseguido dilucidar.  La génesis de esa multitud de estrellas que constituyen las nebulosas, el estudio de la formación de los vientos, están entre las cosas que han enseñado a no rotular de incoherente al aparente desorden del mundo que nos rodea.

En efecto, cuando más avanzamos en el conocimiento de la distribución espacial (de los fenómenos) en la superficie terrestre y cuanto más nos interesamos -más allá de su desorden aparente- por la relación de sus partes, más simetría y armonía descubrimos en ella, y en medida cada vez mayor las ciencias naturales y la historia pueden ayudarnos a comprender la evolución de las relaciones espaciales. De hecho, gracias a la meteorología y a la física, fue posible la realización, hasta ahora, de grandes progresos en materia de conocimiento del orden espacial. Aún resta mucho por hacer y esperamos conseguirlo por medio de la intervención, en es estudio, de nuestros conocimientos relacionados con la historia de los hombres y de los pueblos y también, de la distribución geográfica de los elementos de los tres reinos de la naturaleza.

Relaciones entre los factores naturales y la evolución de la humanidad

Como inicio, basta recordar aquí cómo, en los tres continentes del Viejo Mundo, las formas ovales de África, romboédrica de Asia y triangular de Europa determinaron para cada uno de ellos tres tipos de relaciones dimensionadas. El carácter uniforme que esas relaciones adquieren en África (prácticamente el mismo largo que el mismo ancho en términos de latitud y longitud) se opone fundamentalmente al carácter que asumen en Europa. En este último caso, la extensión este-oeste del continente equivale a dos o tres veces su largo norte-sur, la cual disminuye cada vez más, desde la base del triángulo junto a Asia, hasta su vértice, hacia el Atlántico. Si África, este cuerpo macizo y volcado a sí mismo, es pobre en articulaciones, el corazón del continente asiático, igualmente macizo… tiene otro problema: no solamente el sur se desarrolla más hacia el oeste, sino también, el norte está vinculado a su propio interior, cuyas ramificaciones tuvieron tanta importancia como el núcleo central con respecto al desarrollo del proceso de civilización.

La escasa articulación entre el centro y la periferia en el continente africano condujo a la pobreza de contactos entre el mar y el interior de las tierras y esa dificultad de acceso al corazón del continente. Las condiciones naturales y humanas negaron al cuerpo inarticulado de África una individualización clara… Ese carácter, en gran parte uniforme, es lo que explica el estado primitivo y patriarcal en que viven los pueblos de este continente y que ellos hayan permanecido al margen de los progresos…

Respecto de Asia, el extraordinario desarrollo costero provocó un mundo de fenómenos completamente diferentes. (Esas regiones costeras) aisladas del resto del continente, pero comunicadas entre sí por mar, poseen una configuración diferenciada por la naturaleza, a través de sus montañas, sus valles, sus ríos, sus mares, sus vientos y sus productos. Sus propias poblaciones y culturas las convierten en mundos aparte. Esto explica además, el carácter fuertemente diferenciado de las individualidades constituidas por el mundo chino, malayo, indio, persa, árabe, etc. En tanto,…los progresos llevados a cabo por estas civilizaciones no pudieron modificar de forma sustancial la vida de los nómades que circulan por el interior de Asia hace milenios: mongoles, turcomanos, kirguisios, uzbekos, kalmukos y otros. Y mucho menos aún, pudieron alcanzar el norte del continente…

Una prolongación de Asia, Europa, en la medida en que progresa hacia el Oeste, desarrolla sus superficies con una creciente autonomía. Así con “miembros” proporcionalmente más importantes que el cuerpo, Europa supera a su vecina oriental precisamente en que, no presentando obstáculos naturales importantes, el núcleo central no queda aislado de sus miembros (periféricos). Así, pues, este individuo terrestre fuertemente compartimentado que es Europa conoció un desarrollo armonioso… que condicionado desde el comienzo su carácter civilizador y antepone la armonía de las formas a la fuerza de la materia. El menor de los continentes estaba, sí destinado a dominar a los mayores…

En los encadenamientos de causa-efecto que la naturaleza y la historia nos muestran, se puede prever -puesto que el planeta parece tener una vocación más noble revelada por la continuidad histórica- una organización superior que, además, no sería de naturaleza puramente física. Esta organización debe ser fundamentalmente diferente de aquella de los organismos naturales que el planeta sustenta, que se mueven en él dotados de una existencia forzosamente más breve.

A pesar del desorden aparente en que se encuentra envuelto el globo para el observador no preparado, es en las diferencias entre superficies y formas que reside el secreto del sistema interno y superior de organización planetaria que expresa una infinidad de fuerzas cuyos efectos invisibles están en interacción. Estas fuerzas, que influyen en la naturaleza y en la historia, actúan de una forma análoga a la actividad fisiológica que determina la vida de los organismos vegetales y animales.

Es precisamente en la repartición diferencial y en la amplitud irregular de las extensiones de tierra y agua, así como en las temperaturas variables que las acompañan necesariamente, y en los movimientos aparentemente desordenados de los eventos que reside la razón fundamental de la organización planetaria y de su interacción general. Así el hecho de que los continentes tengan superficies diferentes explica el poderío de los pueblos y la posibilidad que les es dada de dominar esos espacios. La aparente casualidad que preside la disposición relativa de las masas de tierra refleja una ley cósmica superior, que tiene, necesariamente, determinado todo el proceso de desarrollo de la humanidad. La separación, a primera vista puramente física entre el Viejo y el Nuevo Mundo, entre los continentes y las islas, termina por ser la esencia de su relación espacial universal. La distribución desigual de los dones naturales es el estimulante fundamental para el desarrollo de los intercambios universales. La pequeña superficie de Europa y la armonía de sus formas limitadas es la condición de su libertad y de su capacidad de dominación.

En: Die Erkunde, 1817


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16 Sep 09

Alexander von Humboldt

Humboldt

Prefacio:

Ofrezco a mis compatriotas, en el ocaso de mi vida, una obra cuyas ideas ocuparon mi espíritu por medio siglo. Frecuentemente las abandoné, dudando de la posibilidad de realizar un emprendimiento así, tan temerario: siempre, tal vez imprudentemente, terminaba por volver a ellas, persistiendo en mi intención original. Ofrezco el “Cosmos”, que es “una descripción física del mundo”, con una timidez que me inspira la justa desconfianza en relación a mis fuerzas. Intenté creer que las obras esperadas más tiempo, son generalmente aquellas que el público toma con menos indulgencia.

En función de las vicisitudes de mi vida y de un deseo de aprender de objetos muy variados, me vi obligado a limitarme, aparentemente de modo casi exclusivo y durante numerosos años, en el estudio de las ciencias espaciales como la Botánica, la Geología, la Química, o en el estudio de cuestiones como las de las posiciones de los astros y del magnetismo terrestre. Fueran estudios preparatorios para hacer, con utilidad, viajes lejanos, aún yo tenía en esos estudios un objetivo más elevado. Deseaba comprender el mundo de los fenómenos y de las fuerzas físicas en su conexión y en su influencia mutua. Beneficiándome desde el comienzo de mi juventud, de los consejos y de la buena voluntad de hombres superiores, desde siempre fui tomado por la creencia íntima de que, sin el deseo de lograr una instrucción sólida en las partes espaciales de las ciencias naturales, toda contemplación de la naturaleza en escala mayor, toda tentativa de comprender las leyes que componen la física del mundo, no pasarían de un emprendimiento vano y quimérico.

Los conocimientos espaciales, por el propio encadenamiento de las cosas, se asimilan y se fecundan mutuamente. Cando la Botánica descriptiva no queda circunscripta a los estrechos límites del estudio de las formas y de su reunión en géneros y especies, ella conduce al observador sobre diferentes climas, vastas extensiones continentales, montañas y mesetas, las nociones fundamentales de la “Geografía de las Plantas”, la explicación de la distribución de los vegetales, de acuerdo con la distancia del Ecuador y con la elevación encima del nivel de los mar.

Para comprender las causas complicadas de las leyes que regulan esta distribución, es preciso profundizar los conocimientos de las variaciones de la temperatura que el suelo irradia y del océano que envuelve el globo. Es así como el naturalista, ávido de instrucción, es conducido de una esfera de fenómenos a otra esfera que limita los efectos de aquella. La Geografía de las Plantas, cuyo nombre era prácticamente desconocido hace medio siglo, apenas ofrecía una nomenclatura árida y desprovista de interés si ella no fuese precisada por los estudios meteorológicos.

En las expediciones científicas, pocos viajeros tuvieron, en la misma proporción que yo mismo, la ventaja de haber visto no solamente las costa litorales, como ocurre en los viajes alrededor del mundo, sino también, la de haber recorrido el interior de los grandes continentes en extensiones considerables, y en aquellos lugares en que esos continentes presentan los contrastes más chocantes, a saber, el paisaje tropical y alpino de México o de América del Sur y los paisajes de las estepas del Asia boreal. Emprendimientos de esta naturaleza resultaron en razón de mi espíritu hacia tentativas de generalización, la vivificación de mi coraje y la excitación al interrelacionar en parte de mi obra, los fenómenos terrestres y aquellos que incluyen los espacios celestes.

La composición de esta obra, si ella aspira a relacionar al mérito de científico de fondo al de la forma literaria, presenta grandes dificultades. Se trata de llevar al orden y a la luz la inmensa riqueza de los materiales que se ofrecen, a la reflexión, sin quitar de los cuadros de la naturaleza el soplo que los vivifica; pues si nos limitásemos a ofrecer resultados de carácter general, nos arriesgaríamos a transformarnos en monótonos al igual que a través de la exposición de una inmensa cantidad de datos particulares. No osaría pecar de satisfecho en esas condiciones tan difíciles de satisfacer, ni de haber evitado las dificultades cuya existencia apenas puedo mostrar.

La frágil esperanza que tengo, de obtener la buena voluntad del público, reposa en el interés, testimoniado tantos años, en relación de una obra que fue publicada poco tiempo después de mi retorno de México y de Estados Unidos, bajo el título “Cuadros de la Naturaleza”. Ese pequeño libro, escrito originalmente en alemán y traducido después al francés, gracias a un raro conocimiento de dos idiomas por mi viejo amigo M.Eyrès, trata de algunas partes de la Geografía Física, tales como la fisonomía de los vegetales, las sabanas, los desiertos los aspectos de las cataratas, todos desde puntos de vista generales. Si él tuvo alguna utilidad, fue menos por sus propios méritos que por la influencia que ejerció sobre el espíritu y la imaginación de una juventud ávida de conocimiento y pronta a lanzarse en emprendimientos alejados. Intenté mostrar en el “Cosmos”, como en “Cuadros de la naturaleza”, que la descripción exacta y precisa de los fenómenos no es absolutamente inconciliable con la descripción animada y viva de las escenas imponentes de la creación.

Exponer en cursos públicos las ideas que se creen nuevas me pareció siempre, el mejor medio de tomar conciencia del grado de claridad que es posible desarrollar sobre esas ideas: además de ello, experimenté este medio medio en dos lenguas diferentes en París y Berlín. Los cuadernos de notas que fueron tomados, en esas ocasiones, por oyentes inteligentes, continúan desconocidos aún para mí. Preferí no consultarlos. La redacción de un libro impone obligaciones bien diferentes de aquellas de la exposición oral en un curso público. Con la excepción de algunos fragmentos de la introducción al “Cosmos”, todo fue escrito en 1844. El curso desarrollado en dos auditorios en Berlín, en sesenta lecciones, fue anterior a mi expedición al norte de Asia.

El primer volumen de esta obra (Cosmos) comprende, a mi ver, la parte más importante del proyecto, esto es, un cuadro de la naturaleza presentando el conjunto de los fenómenos del universo, desde las nebulosas planetarias, hasta la Geografía de las Plantas y de los Animales, terminando en las razas de los hombres. Este cuadro es precedido de consideraciones sobre los diferentes grados de satisfacción que ofrecen el estudio de la naturaleza y el conocimiento de sus leyes. Los límites de las ciencias del “Cosmos” y el método según el cual pretendo exponerlo son igualmente discutidos. Todo lo que digo respecto al detalle de las observaciones de los datos particulares, y las rememoraciones de la antigüedad clásica, fuente eterna de instrucción y de vida, está concentrado en las notas colocadas en la parte final de cada volumen.

Frecuentemente se hace la observación, poco consoladora en apariencia, de que todo lo que no tiene sus raíces en las profundidades de la reflexión, del sentimiento y de la imaginación creadora, que todo depende del progreso de la experimentación de las revoluciones que hacen sentir las teorías físicas, el perfeccionamiento creciente de los instrumentos, y la esfera, cada vez más amplia de la observación, no tarda en envejecer.
Las obras sobre las ciencias de la naturaleza, cargan así, en ellas mismas, un germen de destrucción, de tal suerte que en menos de un cuarto de siglo, en función de la marcha de los descubrimientos, ellas están condenadas al abandono, transformándose en ilegibles para quien quiera estar a la altura del presente. Estoy lejos de negar la justicia de tales reflexiones, pero pienso que aquellos que a través de un largo e íntimo intercambio con la naturaleza, fueron conscientes del sentimiento de su grandeza, aquellos que en este intercambio saludable, fortalecieron simultáneamente, su carácter y su espíritu, no se afligieron al ver que la naturaleza es cada vez más y mejor conocida, al ver extenderse incesantemente su horizonte de ideas, así como los datos conocidos. Y hay todavía más: en el estado actual de nuestros conocimientos, partes muy importantes de la física del mundo están asentadas en fundamentos sólidos. Una tentativa de ligar lo que en cierta época fue descubierto sobre los espacios celestes, la superficie del globo, es la pequeña extensión que nos es permitido percibir en su profundidad; podría si no me engaño, cualquiera que sean los progresos de la ciencias, ofrecer además algún interés si esa tentativa consiguiese retratar con vivacidad una parte al menos de lo que el espíritu del hombre percibe de generalizable, de constante, de eterno, en medio de las aparentes fluctuaciones de los fenómenos del universo.

Alexander von Humboldt, Noviembre de 1844

Introducción:

Consideraciones sobre los diferentes grados de goce que ofrecen el aspecto de la naturaleza y el estudio de sus leyes.

Dos temores distintos experimento al procurar desenvolver, tras una larga ausencia de mi patria, el conjunto de los fenómenos físicos del globo y la acción simultánea de las fuerzas que animan los espacios celestes. De una parte, la materia que trato es tan vasta y tan variada, que temo abordar el asunto de una manera enciclopédica y artificial; por otra, es deber mío no cansar la imaginación con aforismos que únicamente ofrecerían generalidades bajo formas áridas y dogmáticas. La aridez nace frecuentemente de la concisión, mientras que el intento de abrazar a la vez excesiva multiplicidad de objetos produce falta de claridad y de precisión en el encadenamiento de ideas. La naturaleza es el reino de la libertad, y para pintar vivamente las concepciones y los goces que su contemplación profunda espontáneamente engendra, sería preciso dar al pensamiento una expresión también libre y noble en armonía con la grandeza y majestad de la creación.

Si se considera el estudio de los fenómenos físicos, no en sus relaciones con las necesidades materiales de la vida, sino en su influencia general sobre los procesos intelectuales de la humanidad, es el más elevado e importante resultado de esta investigación, el conocimiento de la conexión que existe entre las fuerzas de la naturaleza, y el sentimiento íntimo de su mutua dependencia. La intuición de estas relaciones es la que engrandece los puntos de vista y ennoblece nuestros goces. Este ensanche de horizontes es obra de la observación, de la meditación y del espíritu del tiempo en el cual se concentran las direcciones todas del pensamiento. La historia revela, a todo el que sabe remontarse a través de las capas de los siglos anteriores hasta las raíces profundas de nuestros conocimientos, cómo desde miles de años, el género humano ha trabajado por conocer, en las mutaciones incesantemente renovadas, la invariabilidad de las leyes naturales, y por conquistar progresivamente una gran parte del mundo físico con la fuerza de la inteligencia. Interrogar los anales de la historia es seguir esta senda misteriosa sobre la cual la imagen del cosmos, revelada primitivamente al sentido interior como un vago presentimiento de la armonía y del orden en el Universo, se ofrece hoy al espíritu como el fruto de largas y serias observaciones.

A las dos épocas de la contemplación del mundo exterior, al primer destello de la reflexión y a la época de una civilización avanzada, corresponden dos géneros de goces. El uno, propio de la sencillez primitiva de las antiguas edades, nace de la adivinación del orden anunciado por la pacífica sucesión de los cuerpos celestes (…), el otro, de carácter más severo, compulsa el valor de las observaciones, no adivina ya combina y razona. Entonces, las afirmaciones dogmáticas de los siglos anteriores se conservan sólo en las creencias del pueblo y de las clases que se aproximan a él por su falta de ilustración, y se perpetúan sobre todo en algunas doctrinas que se cubren bajo místico velo para ocultar su debilidad. Las lenguas, recargadas de expresiones figuradas, llevan largo tiempo los rasgos de estas primeras intuiciones. Un pequeño número de símbolos, producto de una feliz inspiración de los tiempos primitivos, toma poco a poco formas menos vagas y, mejor interpretados, se conservan hasta en el lenguaje científico.

La naturaleza, considerada por medio de la razón, es decir, sometida en su conjunto al trabajo del pensamiento, es la unidad en la diversidad de los fenómenos, la armonía entre las cosas creadas, que difieren por su forma, por su propia constitución, por las fuerzas que las animan; es el Todo animado por un soplo de vida. El resultado más importante de un estudio racional de la naturaleza es recoger la unidad y la armonía en esta inmensa acumulación de cosas y de fuerzas; es abrazar con el mismo ardor lo que es consecuencia de los descubrimientos de los siglos pasados con lo que se debe a las investigaciones de los tiempos en que vivimos y analizar el detalle de los fenómenos sin sucumbir bajo su masa. Penetrando en los misterios de la naturaleza, descubriendo sus secretos y dominando por el trabajo del pensamiento los materiales recogidos por medio de la observación, es como el hombre mejor puede mostrarse más digno de su alto destino.

Desde luego, si reflexionamos acerca de los diferentes grados de goce a que da vida la contemplación de la naturaleza, encontramos que en el primer lugar debe colocarse una impresión enteramente independiente del conocimiento íntimo de los fenómenos físicos; independientemente también del carácter individual del paisaje y de la fisonomía de la región que nos rodea. Donde quiera que en una llanura monótona, sin más límites que el horizonte, plantas de una misma especie, brezos, cistos o gramíneas, cubren el suelo en los sitios en que las olas del mar bañan la ribera y hacen reconocer sus pasos por verdosas estrías de ovas y alga flotante, el sentimiento de la naturaleza, grande y libre, arroba nuestra alma y como por una misteriosa inspiración nos revela que las fuerzas del Universo están sometidas a leyes. El simple contacto del hombre con la naturaleza, esta influencia del gran ambiente, odel aire libre, como dicen otras lenguas con más bella expresión, ejercen un poder tranquilo, endulzan el dolor y calman las pasiones cuando el alma se siente íntimamente agitada. Estos beneficios los recibe el hombre por todas partes, cualquiera sea la zona que habite, cualquiera que sea el grado de cultura intelectual a que se haya elevado. Cuanto de grave y solemne se encuentra en las impresiones que señalamos, se debe al presentimiento del orden y de las leyes, que nace espontáneamente al simple contacto de la naturaleza, así como al contraste que ofrecen los estrechos límites de nuestro ser con la imagen de lo infinito revelada por doquiera, en la estrellada bóveda del cielo, en el llano que se extiende más allá de nuestra vista, en el brumoso horizonte del Océano.

Otro goce es el producido por el carácter individual del paisaje, la configuración de la superficie del globo en una región determinada. Las impresiones de este género son más vivas, mejor definidas, más conformes a ciertas situaciones del alma. Ya la inmensidad de las masas, la lucha de los elementos desencadenados o la triste desnudez de las estepas, como en el norte de Asia, es lo que excita nuestra emoción; ya, bajo la inspiración de sentimientos más dulces, cáusala el aspecto de los campos cubiertos de ricos frutos, la habitación del hombre al borde del torrente o la salvaje fecundidad del suelo vencido por el arado. Insistimos menos aquí sobre los grados de fuerza que distinguen estas emociones que sobre la diferencia de sensaciones que excita el carácter del paisaje, y a las cuales da este mismo carácter su encanto y su duración.

….Cuando alejados de la patria desembarcamos pro primera vez en tierra de los trópicos, nos sorprende agradablemente reconocer en las rocas que nos rodean los mismos esquistos inclinados, iguales basaltos en columnas que los que acabamos de dejar sobre el suelo europeo y cuya identidad en zonas tan diferentes nos demuestra que la corteza de la Tierra, al solidificarse, ha quedado independiente de la influencia de los climas. Pero estas masas de rocas esquistosas y basálticas se encuentran cubiertas de vegetales de una fisonomía que nos sorprende y de un aspecto desconocido. Allí es donde, rodeados de formas colosales y de la majestad de una flora exótica, experimentamos cómo por la maravillosa flexibilidad de nuestra naturaleza se abra el alma fácilmente a impresiones que tienen entre sí un lazo misterioso y secreta analogía. Tan íntimamente unido nos figuramos cuánto tiene relación con la vida orgánica, que si a primera vista se nos ocurre que una vegetación semejante a la de nuestro país natal debería encantarnos, como encanta nuestro oído el idioma de la patria dulcemente familiar, poco a poco, sin embargo, nos sentimos naturalizados con los nuevos climas. Ciudadano del mundo, el hombre, en todo lugar acaba por familiarizarse con cuanto lo rodea….

La tentativa de descomponer en sus diversos elementos la magia del mundo físico está llena de temeridad, porque el gran carácter de un paisaje y de toda una escena imponente de la naturaleza depende de la simultaneidad de ideas y de sentimientos que agitan al observador. El poder de la naturaleza se revela, por decirlo así, en la conexión de impresiones, en la unidad de emociones y de efectos que se producen en cierto modo de una sola vez….

Los cuadros de la naturaleza, trazados con un pensamiento reflexivo, no se han hecho con el único objeto de agradar a la imaginación: pueden también cuando se los relaciona entre sí, reproducir las impresiones en virtud de las cuales se pasa gradualmente desde el litoral uniforme o las desnudas estepas de Siberia, hasta la inagotable fecundidad de la zona tórrida….

Los países próximos al Ecuador tienen otra ventaja sobre la cual no se ha llamado la atención hasta aquí suficientemente. Esta es la parte de la superficie de nuestro planeta en la que la naturaleza da vida a la mayor variedad de impresiones en la menor extensión…. Allí (en los Andes Tropicales), el seno de la Tierra y los dos hemisferios del cielo ostentan toda la riqueza de sus formas y la variedad de sus fenómenos; allí los climas, como las zonas vegetales cuya sucesión determinan, se encuentran superpuestos en pisos, las leyes de decrecimiento del calor, fáciles de recoger por el observador inteligente, están escritas en caracteres indelebles sobre los muros de las rocas, en la pendiente rápida de las cordilleras…

En este ensayo de la física del mundo no se trata de reducir el conjunto de los fenómenos sensibles a un pequeño número de principios abstractos, sin más base que la razón pura. La física del mundo que yo intento exponer no tiene la pretensión de elevarse a las peligrosas abstracciones de una ciencia meramente racional de la naturaleza: es una geografía física reunida a la descripción de los espacios celestes y de los cuerpos que llenan esos espacios. Extraño a las profundidades de la filosofía puramente especulativa, mi ensayo sobre el cosmos es la contemplación del universo, fundada en un empirismo razonado, es decir sobre el conjunto de hechos registrados por la ciencia y sometidos a las operaciones del entendimiento que compara y combina. (…). La unidad que yo trato de fijar en el desarrollo de los grandes fenómenos del universo es la que ofrecen las composiciones históricas. Todo cuanto se relaciones con individualidades accidentales, con la esencia variable de la realidad, trátese de la forma de los seres y de la agrupación de los cuerpos o de la lucha del hombre contra los elementos y de los pueblos contra los pueblos, no puede ser deducido de sólo las ideas, es decir, racionalmente construido.

Creo que la descripción del universo y la historia civil se hallan colocadas en el mismo grado de empirismo, pero sometiendo los fenómenos físicos y los acontecimientos al trabajo pensador y remontándose por el razonamiento a sus causas se confirma más y más la antigua creencia de que las fuerzas inherentes a la materia y las que rigen el mundo moral ejercen su acción bajo el imperio de una necesidad primordial y según movimientos que se renuevan periódicamente o a desiguales intervalos. Esta necesidad de las cosas, este encadenamiento oculto, pero permanente, esta renovación periódica en el desenvolvimiento progresivo de las formas, de los fenómenos y de los acontecimientos, constituyen la naturaleza, que obedece a un primer impulso dado. La Física, como su mismo nombre lo indica, se limita a explicar los fenómenos del mundo material por las propiedades de la materia. El último objeto de las ciencias experimentales es, pues, elevarse a la existencia de las leyes y generalizarlas progresivamente. Todo lo que va más allá, no es del dominio de la física del mundo y pertenece a un género de especulaciones más elevadas.

La descripción del mundo, considerado como objeto de los sentidos exteriores, necesita indudablemente del concurso de la física general y de la historia natural descriptiva, pero la contemplación de las cosas creadas, enlazadas entre sí y formando un todo animado por fuerzas interiores, da a la ciencia que nos ocupa en esta obra un carácter particular. La física se detiene en las propiedades de los cuerpos, es el producto de la abstracción, la generalización de los fenómenos sensibles. La parte terrestre de la física del mundo a la que conservaría de buen agrado la antigua y perfectamente expresiva denominación de Geografía Física, trata de la distribución del magnetismo en nuestro planeta, según las relaciones de intensidad y de dirección, pero no se ocupa de las leyes que ofrecen las atracciones o las repulsiones de los polos ni los medios de producir corrientes electromagnéticas permanentes o pasajeras. La Geografía Física traza a más a grandes rasgos la configuración compacta o articulada de los continentes, la extensión de su litoral comparado con su superficie, la división de las masas continentales en los dos hemisferios, división que ejerce una enorme influencia sobre los climas y las modificaciones meteorológicas de la atmósfera.

* En: Cosmos: Ensayo de una descripción física del mundo, 1844


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