Nueva Geografía



6 Feb 10

Nueva Geografía

Antonio Christofoletti*

La denominación “Nueva Geografía” fue inicialmente propuesta por Manley (1966), considerando al conjunto de ideas y abordajes que comenzaron a desarrollarse y difundirse durante las décadas del ‘50. El surgimiento de nuevas perspectivas de abordaje está integrado en la transformación profunda provocada por la Segunda Guerra Mundial en los sectores científico, tecnológico, social y económico. Esta transformación, abarcando a los aspectos filosóficos y metodológicos, fue denominada “revolución cuantitativa y teorética de la Geografía” por Burton (1963), aunque ya se había tomado conciencia de estas tendencias renovadoras desde la década de los ‘40.

Intentando superar las dicotomías y los procedimientos metodológicos de la Geografía Regional, la Nueva Geografía se desarrolló intentando lograr una integración mayor de la Geografía en el contexto científico global. A fin de trazar un panorama genérico sobre esta corriente, podemos especificar algunas de sus metas básicas:

Mayor rigor en la aplicación de la metodología científica

Basada en la filosofía del positivismo lógico, la metodología científica representa al conjunto de los procedimientos aplicables a la ejecución de la investigación científica. Presuponiendo que haya unidad en la ciencia, todas sus ramas deben desarrrollarse de acuerdo a pautas conforme a los mismos procedimientos. No hay metodología específica para una ciencia, sí las hay para el conjunto de las ciencias. Hay métodos científicos para la investigación geográfica, pero no hay métodos geográficos de investigación.

En cada ciencia, lo que la diferencia de las demás es su objeto de estudio. Cada ciencia contribuye a la comprensión en el orden y la estructura existente, y el sector de la Geografía es el de las organizaciones espaciales. El abordaje de la Geografía científica está basado en la observación empírica, en la verificación de sus enunciados y en la importancia de aislar los hechos de sus valores. Al separar los valores atribuidos a los hechos de los propios hechos, la ciencia procura ser objetiva e imparcial.

Considerando a la metodología científica como el paradigma para la investigación geográfica, la Nueva Geografía siente la necesidad de mayor rigor en el enunciado y en la verificación de hipótesis, así como en la formulación de las explicaciones para los fenómenos geográficos. Y no se debe solamente explicar lo existente y lo acontecido, sino con base en las teorías y en las leyes, ser capaz también de proponer predicciones. De esta manera, se genera la simetría entre el pasado y el futuro. Por otro lado, en el discurso explicativo hay preferencia por las normas relacionadas con el procedimiento hipotético-deductivo. Es por esa razón que considerando ciertas hipótesis y determinadas condiciones, el resultado del trabajo geográfico debe ser capaz de prever el estado futuro de los sistemas de organización espacial y contribuir de modo efectivo para alcanzar al estado mas apropiado y apto para las necesidades humanas.

Los enunciados geográficos asumen validez en función de su verificación. El criterio de refutabilidad gana importancia. En lugar de depender la validez de la autoridad del geógrafo que observa o describe al fenómeno (o a la región), se pasa a transferirla conforme a los procedimientos de verificación propuestos por la metodología científica. Como resultado inmediato al pretender conocer los temas relacionados con ésta, los geógrafos pasaron a interesarse mucho más en la filosofía de la ciencia.

Desarrollo de Teorías

La falta de teorías explícitamente expuestas en la Geografía Tradicional fue fuertemente criticada por muchos geógrafos. Por esta razón, sobre el paradigma de la metodología científica, la Nueva Geografía también procuró estimular el desarrollo de teorías relacionadas con las características de la distribución espacial de los fenómenos. Se debe anotar aquí, la gran facilidad  con que los geógrafos pasaron a usar las teorías económicas, mayormente las relacionadas con la distribución, localización y jerarquía de eventos.

Teniendo en vista verificar la aplicabilidad de tales teorías, muchos geógrafos pasaron a estudiar estudios de los padrones de distribución espacial de los fenómenos (estudio de distribuciones puntuales, de redes o de otras áreas), mas sin hacer estudio crítico y proponer modificaciones o sustituciones de aquellas teorías. No se encuentra contribución realmente significativa para la teoría geográfica de las organizaciones espaciales. Si existía deficiencia en teorías, esa laguna muchas veces continúa existiendo. Por otro lado con el estudio de los padrones espaciales se aceptaba implícitamente al espacio como la dimensión característica del análisis geográfico y la superficie terrestrecomo su objeto de estudio. Al desplazar el foco de análisis para el de las organizaciones espaciales, se estaba proponiendo una modificación sustancial; pero la inercia de la formación geográfica se mantuvo.

El uso de las técnicas estadísticas y matemáticas

El uso de éstas para analizar los datos recogidos y las distribuciones espaciales de los fenómenos fue una de las primeras características que se destacó en la Nueva Geografía. Y su carisma fue tan grande que se reflejó en la adjetivación empleada por muchos trabajos, la denominación de “Geografía Cuantitativa”.

Indiscutiblemente, el uso de las técnicas de análisis debe ser incentivado porque ellas se constituyen en herramientas, en medios para los geógrafos. El conocimiento de las diversas técnicas de análisis (las simples, las multivariadas y las relacionadas con el análisis seriado y espacial) es básico para el geógrafo. Mientras tanto, usar técnicas estadísticas, por más sofisticadas que éstas sean, no es hacer Geografía. Si el geógrafo recoge innumerables datos e informaciones y los analiza a través del computador, sin tener noción clara del problema a investigar y si no dispone del arsenal teórico y conceptual que le permita interpretar adecuadamente los resultados obtenidos, estará apenas haciendo un trabajo de mecanización, mas nunca un trabajo geográfico.

Infelizmente muchos trabajos pueden ser mencionados para ejemplificar el mal uso de las técnicas o de su elección inadecuada. Mas no se debe por esto, confundir la deficiencia del geógrafo con la incapacidad de la “Nueva Geografía”. Todas las técnicas, adecuadas a los más variados tipos de problemas, están disponibles. Si por ignorancia o por mera facilidad práctica el geógrafo escoge inadecuadamente la técnica a usar, ese procedimiento corresponde al hecho de un médico que receta al paciente un remedio impropio a su enfermedad, pues es el que él conoce o posee. ¿Por eso se debe estigmatizar la Medicina?

El abordaje sistémico

Este abordaje sirve al geógrafo como instrumento conceptual que le facilita tratar los conjuntos complejos, como los de la organización espacial. La preocupación en focalizar las cuestiones geográficas sobre la perspectiva sistémica favorece y dinamiza al desarrollo de la Nueva Geografía.

La aplicación de la teoría de sistemas a los estudios geográficos sirve para focalizar mejor las investigaciones y para delinear con mayor exactitud al sector de estudio de esta ciencia, además de propiciar oportunidad para consideraciones críticas de muchos de sus conceptos. Todos los sectores de la Geografía, están siendo revitalizados por la utilización del abordaje sistémico. Por ejemplo, la introducción del concepto de Geo-sistema por los soviéticos, permitió recomponer y revitalizar al campo de la Geografía Física (Sotchava, 1977).

El uso de modelos

Íntimamente relacionado con la verificación de las teorías, con la cuantificación y con el abordaje sistémico, se desarrolló la construcción de modelos. La construcción de los mismos puede ser considerada como una estructuración secuencial de ideas relacionadas con el funcionamiento del sistema. El modelo permite estructurar al funcionamiento del sistema, con el fin de tornarlo comprensible y expresar las relaciones entre los diversos componentes.

Para el geógrafo, el modelo es un instrumento de trabajo que debe ser utilizado en el análisis de las organizaciones espaciales. Como en la cuantificación, no se debe realizar la construcción y al uso de los modelos por el simple objetivo en sí mismo; es un medio para atender mejor a la comprensión de la realidad.

–> En: Perspectivas da Geografía, SP, 1982.-







6 Feb 10

Los últimos años de la década de los cincuenta revelaron la existencia de una generación de jóvenes y brillantes geógrafos, conocidos como los “jóvenes turcos”, que constituyeron el núcleo a partir del cual se desarrolló la geografía cuantitativa.

El factor principal que hizo posible la unidad del grupo (bajo su reconocido líder Brian J. Berry), fue la dedicación y empeño por parte de sus componentes en modernizar y convertir la geografía tradicional en una disciplina científica, mediante una revolución dentro de las técnicas y métodos geográficos. En particular, se insistió en la introducción de métodos estadísticos avanzados y en el uso de la tecnología cibernética, hasta entonces prácticamente desconocidos por la geografía.

Este movimiento se dirigió hacia diferentes áreas. Un ejemplo claro lo hallamos en la teoría de la localización (Iocation theory) que puede verse como una extensión teórica de la escuela de ecología cultural de Chicago a la que se han añadido elementos de la teoría de los lugares centrales (central place theory) desarrollada por Christaller, Lösch y otros. La utilidad de la “teoría de la localización” ha sido importante en el estudio de la localización de industrias, de servicios (hospitales, escuelas, etc…), de transportes, y en el análisis regional. La teoría de los lugares centrales, por su parte, ha conducido al análisis de redes urbanas, a la clasificación de ciudades y al estudio de la jerarquía urbana, por ejemplo.

Partiendo de los mismos orígenes se ha desarrollado también la teoría de la difusión, que adquirió mayor complejidad al tener en cuenta al comportamiento humano.

Existen otros campos que vale la pena mencionar, tales como el análisis de área social (social area analysis) y la influencia de la sicología en la geografía del comportamiento (behavioral geography).

La bibliografía existente referente a la geografía cuantitativa es voluminosa, pero en los que nos atañe basta mencionar algunos temas que resumen bastante bien los intereses y preocupaciones de la geografía cuantitativa: la organización espacial de la sociedad, el movimiento de ideas, productos y población, el comportamiento espacial humano, la estructura espacial, la interacción espacial, etc.

El concepto clave sobre el cual se sustenta la geografía cuantitativa es el concepto de “espacio”, entendido como algo abstracto y por lo tanto provisto de mayor rigor; es un concepto cuantificable, y que por lo tanto tiene un valor científico superior, puesto que para los geógrafos cuantitativos la cuantificación está en la base de lo científico. Este concepto ha desempeñado para estos geógrafos un papel casi de fetiche, dado el lenguaje y el culto inconsciente del cual ha sido objeto.

La geografía cuantitativa implicó una renovación total de la metodología y teoría geográfica. Por otra parte sacó al geógrafo de los centros docentes y de investigación para llevarlos al mundo de la industria, los negocios, el comercio y la administración. Este cambio se llevó a cabo en un período de tiempo relativamente corto, y a finales de la década de los sesenta los que en un tiempo fueron los jóvenes rebeldes de la geografía se hallaban sólidamente asentados dentro de las universidades, asociaciones profesionales, etc. La estructura de poder en la institución geográfica cambió por completo; la nueva generación había reemplazado en los puestos de poder a los geógrafos tradicionales que se negaron a cambiar o no pudieron hacerlo.

Esta revolución dentro de la ciencia geográfica corresponde bastante bien a lo que Kuhn y Johnson estudiaron y plantearon en el caso de las ciencias físicas y económicas respectivamente, es decir a la aparición, crisis y reemplazamiento de un paradigma científico. En el caso concreto de la geografía cuantitativa, ésta logró en menos de diez años superar el viejo paradigma de la geografía tradicional e imponer uno nuevo, pero éste a su vez evidencia una creciente incapacidad para aportar respuestas a nuevas preguntas y problemas, y queda abierto a la crítica; ¿Son los métodos cuantitativos explicativos? ¿Son estos métodos válidos para el análisis, o bien son tan sólo un sistema refinado y complicadísimo de descripción?

El primer intento real hacia la formulación de una estructura teórica para la geografía moderna fue hecho por W. Bunge en su Theoretical Geography, (1962); esta obra se basa en la teoría del lugar central, considerada como la única estructura teórica verdadera que la geografía haya poseído, generado y desarrollado en el seno de la disciplina misma.

La obra de Bunge inició un debate continuo, no sólo sobre problemas teóricos y metodológicos sino también sobre cuestiones profesionales y éticas.

Hacia los años sesenta la geografía cuantitativa cesó de ser un fenómeno circunscrito a Norteamérica, y el debate sobre la misma alcanzó a Gran Bretaña, apareciendo una obra clave en el desarrollo de esta tendencia, el libro sobre la “explicación en Geografía” (ExpIanation in Geography, 1969) de D. Harvey.

A pesar de los largos años de discusión dedicados a resolver la contradicción existente en el seno de la geografía cuantitativa, las contradicciones permanecen y el debate sigue abierto aunque se desplaza esencialmente a un terreno nuevo, el ideológico.

Es interesante observar que los que más sinceramente se empeñaron en buscar alternativas dentro de a geografía cuantitativa y resolver las contradicciones que ésta planteaba, como Bunge y Harvey, son hoy las figuras claves del movimiento que ha criticado más fuertemente y reaccionado contra la misma geografía cuantitativa: la geografía radical.

-->  En: Geogríctica, UEB, 1978.-







6 Feb 10

En geografía, técnicas tales como la elaboración de mapas, los “métodos” de enseñanza, o las exposiciones históricas sobre el desarrollo de la ciencia se toman con frecuencia, erróneamente, como metodología. La metodología propiamente trata de la posición y objeto de una disciplina dentro del sistema total de las ciencias, y del carácter y naturaleza de sus conceptos.

La metodología se enriquece con el cambio y la evolución. En una ciencia activa los conceptos están siendo continuamente refinados o totalmente desechados. Las leyes y las hipótesis son, según los casos, confirmadas o descartadas o, en ocasiones, reducidas a la situación de aproximaciones más o menos satisfactorias. La metodología es la lógica de este proceso, por ello las discusiones metodológicas son una señal de salud.

En 1928 que la metodología que Hettner acababa de publicar era en lo esencial una colección de artículos que tenían veinte o treinta años, en un momento en que casi todas las ciencias experimentaban cambios y progresos casi febriles. Si pasamos a Norteamérica, podemos añadir que en 1939 Hartshorne3 volvió a formular muchas de las ideas de Hettner con pocos cambios y escasa crítica. Y lo que es peor todavía, la propia obra de Hartshorne, indudablemente un hito importante en la historia del pensamiento geográfico norteamericano, ha permanecido indiscutida en los trece años que han transcurrido.

Alexander von Humboldt, que ha sido llamado, con razón, el padre de la ciencia geográfica, fue también el primer autor relativamente moderno que prestó atención a la lógica de sus conceptos.

La geografía, junto con la historia, aparece como la “ciencia integradora”, completamente distinta a las otras disciplinas y cuya única importancia encuentra su expresión en los métodos especiales que debe usar para alcanzar sus profundos resultados.

Los resultados reales de la investigación geográfica, aunque no deben ser minimizados, están un poco faltos de estas profundas y grandiosas visiones que uno esperaría de tan exuberantes caracterizaciones de la disciplina. En realidad el desarrollo de la geografía ha sido más lento que el de algunas de las otras ciencias sociales, como por ejemplo la economía.

Con el desarrollo de las ciencias naturales en los siglos XVIII y XIX quedó claro que la mera descripción era insuficiente. La descripción, incluso si es seguida por una clasificación, no explica la forma en que se distribuyen los fenómenos en el mundo. Explicar los fenómenos que se han descrito significa siempre reconocerlos como ejemplos de leyes. En geografía las variables fundamentales desde el punto de vista de la elaboración de patrones son naturalmente las espaciales, están regidas por leyes.

Con el notable desarrollo de la geofísica, la astronomía y la geología, la geografía ya no puede seguir tratando de todo nuestro planeta, sino sólo de la superficie del mismo y “de los fenómenos terrestres que ocupan su espacio”.


Humboldt y Ritter reconocieron como el objeto fundamental de la geografía el estudio de la forma en que los fenómenos naturales, incluyendo el hombre, se distribuyen en el espacio. Esto implica que los geógrafos deben describir y explicar la forma en que las cosas se combinan “para ocupar un área”. Naturalmente estas combinaciones se modifican de un área a otra.

Lo que importa en geografía son las relaciones espaciales y no otras. Las relaciones no espaciales existentes entre los fenómenos en un área constituyen el objeto de otros especialistas tales como los geólogos, antropólogos y economistas.

Las investigaciones de los geógrafos sean geógrafos físicos, económicos o políticos, son de dos diferentes tipos: sistemáticas o regionales. Una región contiene, sin duda, una combinación singular, única, e incluso en algunos aspectos uniforme, de especies o categorías de fenómenos. En el caso de la geografía sistemática, su método no es diferente en principio del de cualquier otra ciencia social o natural que trate de establecer leyes o lo que significa lo mismo, haya alcanzado la fase sistemática. Las relaciones espaciales entre dos o más clases específicas de fenómenos deben ser estudiadas en toda la superficie terrestre para poder obtener una generalización o ley.

La actual falta de claridad acerca del papel relativo y de la importancia de la geografía regional y de la sistemática puede probablemente ser rastreada según la preferencia dada a una u otra en los distintos períodos de la historia de la disciplina. El geógrafo físico, al sentir más de cerca el impacto del desarrollo de las ciencias naturales, sintió a veces la necesidad de instrumentos específicamente propios en la forma de funciones, reglas o leyes. A fines del siglo XIX, en que se concentró sobre la investigación sistemática a expensas de los estudios regionales.

A comienzos de nuestro siglo, cuando el interés comenzó a desplazarse hacia la geografía social o humana, los geógrafos sociales, en buena parte como reacción frente a esta exclusiva concentración en los estudios sistemáticos por parte de los geógrafos físicos, desdeñaron los someros esfuerzos sistemáticos que, en ausencia de una adecuada ciencia social a la que recurrir, intentaban hallar las leyes que regulaban los aspectos espaciales de las variables sociales.

A estos hombres debemos la masa de la bibliografía descriptiva que, naturalmente, contiene mucho material valioso. En aquellos casos en que superaron sus creencias metodológicas actuaron con gran percepción o más bien con una especie de intuición artística. Pero, en cambio, en todos sus escritos metodológicos se alineaban con los oponentes del método científico.

En su versión contemporánea la discusión adopta la forma del viejo cuento del huevo y la gallina, discutiendo todavía la importancia relativa de la investigación sistemática y de la regional. Hettner creía que el núcleo de la geografía era lo regional. Hartshorne pensaba que la geografía sistemática es realmente indispensable para la investigación regional cualquiera que lo prefiera, o que por temperamento sea apto para ella, deberá al mismo tiempo cultivar la sistemática, aunque opinaba que el corazón de la geografía es, a pesar de todo, el estudio regional

La geografía sistemática tendrá siempre que obtener sus datos de la geografía regional, al igual que la física teórica contará siempre con los trabajos de laboratorio. Más aún, la geografía sistemática recibe una gran orientación de la geografía regional en lo que respecta al tipo de leyes que debería buscar.

Hettner, al igual que Kraft, habló de los enfoques complementarios que originan un “dualismo” que sitúa la geografía aparte de todas las otras disciplinas. Ya debería estar claro que en realidad no hay en todo ello nada exclusivo o peculiar de la Geografía.

Sin embargo, este llamado “dualismo” ha sido citado en apoyo de la pretensión de que la geografía es una disciplina metodológicamente única. Tampoco la complejidad de la situación con la que se enfrenta el geógrafo regional es en ningún sentido tan fuera de lo ordinario para que éste tenga una tarea singularmente difícil de “integración”, según otro significado del brillante término. Muy al contrario está al mismo nivel que los otros científicos sociales. Cuando el economista aplica sus generalizaciones o leyes a un orden económico dado no solamente trata con la complejidad de la situación puramente económica, sino que tiene en cuenta los factores políticos, psicológicos y sociales que las influyen.

Hemos visto que existe un amplio grupo de ideas que son variaciones de un mismo tema: la geografía es muy diferente de las demás ciencias sociales, metodológicamente única, por así decir. Esta posición influyente y persistente en sus diversas variaciones merece un nombre particular. Yo denominaré excepcionalismo y por el momento investigaré acerca de algunas de sus raíces históricas.

Kant postuló la posición excepcionalista no sólo para la geografía, sino también para la historia. Según él tanto la historia como la geografía se encuentran en una posición excepcional, diferente a la de las llamadas ciencias sistemáticas. Esta agrupación de la geografía con la historia ha inducido a muchos autores posteriores a elaborar la pretendida similitud con el fin de obtener algún conocimiento acerca de la naturaleza de la geografía.

La historia y la geografía podrían ser denominadas, por así decir, una descripción, con la diferencia de que la primera es una descripción según el tiempo y la segunda una descripción según el espacio. De aquí que la historia y la geografía aumenten nuestro conocimiento respecto al tiempo y al espacio.

En primer lugar, la distinción tal como ha sido propuesta es en sí misma insostenible. La  física, no descuida las coordenadas espacio-temporales, de los objetos que estudia. Sólo hay que pensar en la astronomía newtoniana para darse cuenta inmediatamente lo equivocado de esta idea La respuesta, me parece, es histórica. Cuando Kant escribió este pasaje en su juventud, no había experimentado aún todo el impacto de la ciencia newtoniana.

En segundo lugar, ya observamos que la noción de la geografía resultante es descriptiva en el más estricto sentido del término. Evidentemente, por el solo hecho de que Kant pensara que no existían leyes de la geografía o de los procesos socio-históricos, no se sigue que éstas no existan. Históricamente se puede comprender la razón de que mantuviera tales puntos de vista a mediados del siglo XVIII. Las grandes contribuciones de Voltaire, Hume y Adam Smith pertenecían todavía al futuro o no habían penetrado aún en los recintos académicos de la provinciana Konigsberg (un simple vistazo a la Geografía moral de Kant o como diríamos hoy antropología comparativa, basta para convencer a cualquiera de que es tan groseramente clasificatoria y enumerativa como su Geografía física).

El encanto literario del Cosmos ha eclipsado, desgraciadamente, este hecho. Pero no debe olvidarse que juzgar a Humboldt como geógrafo por lo que dijo en su Cosmos es como juzgar la contribución de Darwin a la biología a partir del diario que llevó en el Beagle.

Es lamentable que Hettner, y siguiendo a él Hartshorne, confundieran esta exposición con un examen de la metodología de la geografía. Realmente Humboldt no es una autoridad correctamente citada en apoyo del excepcionalismo. No debemos confundirnos por el hecho de que el gran Kant denominara un día geografía a lo que en la terminología de Humboldt es cosmología.

Ambas, en contraste con otras disciplinas, integran fenómenos heterogéneos entre sí. Estos fenómenos son también únicos. Ningún acontecimiento histórico, ni ningún período histórico es igual que otro. En geografía tampoco existen dos fenómenos o dos regiones que sean iguales. Ambas ciencias se enfrentan así con el problema de explicar lo único.

El uso del término historia en la discusión metodológica es asombrosamente ambiguo. En aras de la precisión se le dará aquí por el momento sentido muy restringido. La historia o la investigación histórica es la indagación de acontecimientos que ocurrieron en el pasado. Naturalmente, no todos los acontecimientos pasados son de igual interés para el historiador.

El historiador no es ya un historiador en el sentido restringido del término y trata de ajustar los hechos investigados a modelos. Es esto lo que todos los historiadores tratan de hacer, tanto si son conscientes de ello como si no lo son. Entonces, desde un punto de vista lógico, cabe preguntarse qué están haciendo. En este punto comienza la discusión.

Los datos que se encarga de recoger el historiador en sentido restringido del término no son más que materia prima para el científico social. En otras palabras, aparte de las dificultades técnicas que han sido mencionadas, no hay en principio ninguna diferencia entre el uso del último censo que realiza un científico social, por un lado, y, por otro, el uso que hace de aquellas variables de un censo romano que han sido establecidas por los historiadores.

Al colectar los hechos, el historiador hace lo que el geógrafo regional realiza al reunir los suyos. Al tratar de comprenderlos o, mejor, explicarlos, hace exactamente lo que hace el geógrafo regional al aplicar la geografía sistemática a su región. En este sentido, la historia es una ciencia o, de forma menos ambigua es ciencia social aplicada a las condiciones de una “situación histórica especial”.

El historicismo mantiene que hay una manera alternativa, radicalmente diferente, de comprender el pasado o, en este caso, el presente como un producto del pasado. El fundamento de ello es la creencia de que simplemente ordenando los acontecimientos pasados en su sucesión temporal aparecerá alguna especie de modelo “significativo”, ya sea cíclico, progresivo, o de otro tipo.

La principal dificultad de la tesis en favor de la singularidad es que, como dice Max Weber, prueba demasiadas cosas. En las leyes físicas, cuando se han encontrado unas leyes o un conjunto de variables, tales que dos objetos o situaciones coincidan en estas variables o índices, aunque sean diferentes en otros aspectos, se admite que el futuro de los objetos respecto a estos índices será también predecible. Hasta qué punto y cuánto se alcanzará en otros campos un estado tan satisfactorio como el anterior es una cuestión práctica, que será decidida por comprobaciones y errores, pero que no puede ser juzgada por un argumento pseudo metodológico.

Ciertamente el reciente desarrollo de las ciencias físicas debería levantar dudas a cualquiera que trate de negar sobre estos supuestos la unidad lógica de las ciencias. Llevando todo esto al campo de la geografía, podemos decir que la diferencia entre las diferencias de dos regiones “únicas”, por una parte y las igualmente numerosas diferencias entre nuestras dos piedras por otra, es simplemente una cuestión de grado.

Lo que verdaderamente hacen los científicos es esto: aplican para cada caso concreto juntamente todas las leyes que conciernen a aquellas variables que consideran más importantes. Las reglas por las cuales estas leyes se combinan, reflejando lo que se denomina la interacción de las variables, se encuentran entre las regularidades que la ciencia trata de explicar

Por lo tanto, las generalizaciones en forma de leyes son inútiles, si no imposibles, y cualquier predicción en geografía tiene un valor insignificante12. De esta manera llega a la misma conclusión que Kant después de largas discusiones: “Ambas, la geografía y la historia, podrían ser descritas como ciencias ingenuas “naive sciences”, examinando la realidad desde un punto de vista ingenuo, mirando a las cosas tal como están dispuestas actualmente, en contraste con la más sofisticada y artificial presentación de las ciencias sistemáticas que sacan de su situación verdadera a cierta clase de fenómenos”

No obstante es falso, o al menos puede conducir a error, oponer la geografía sistemática a la regional como una especie de ciencia pura y ciencia aplicada. La verdad es que no hay tal distinción metodológica entre ciencia pura y aplicada. Sólo hay ciencia y ciencia aplicada.

Las leyes que los científicos “puros” buscan no son en absoluto diferentes de los que ellos mismos o sus colegas aplicados utilizan. Inversamente, algunas de las más importantes ideas teóricas han sido sugeridas por problemas técnicos.

El geógrafo regional que explica algunas características de la región mediante el uso de leyes aplica éstas en un sentido. El planificador regional o conservador del suelo aplica las mismas leyes en un sentido diferente de aplicación. De hecho es un ingeniero social. El alto prestigio y el justificado interés que despierta la aplicación en el sentido de tecnología social es, para bien o para mal, una de las más sobresalientes características de nuestra civilización.

La más seria dificultad que todas las ciencias sociales comparten, es su limitada o falta total de experimentación. Desde luego, es igualmente verdad, y ha sido frecuentemente observado, que tampoco puede experimentarse en astronomía y a pesar de ello la astronomía es la más antigua, la más precisa y la más fructífera de las ciencias naturales.

En cuanto a otra dificultad, la cuantificación, que nos permite usar los ricos recursos de la inferencia matemática, no se consigue fácilmente en las disciplinas sociales. En este sentido la geografía y la economía están, al parecer, en una situación algo mejor que, por ejemplo, la ciencia política o la sociológica.

Hay un aspecto importante en el que la geografía difiere de las otras ciencias sociales. Estas últimas, al madurar, se concentran más y más en el descubrimiento de leyes de procesos, es decir, leyes que son en un aspecto importante como las leyes de la astronomía newtoniana.

Las leyes estrictamente geográficas no contienen referencias al tiempo y al cambio. Con ello no pretendernos afirmar que las estructuras espaciales que exploramos no sean como cualquier estructura, el resultado de procesos.

En primer lugar, un mapa no es sólo una descripción taquigráfica, sino en un sentido bastante literal una imagen, exactamente igual a como un plano es una imagen de una máquina. En segundo lugar, las imágenes que nosotros construimos por medio de los diferentes signos cartográficos son deliberadamente selectivas en dos aspectos: cartografiamos sólo aquellas características en las que estamos interesados en aquel momento y despreciamos todas las diferencias entre las entidades que representamos por los mismos símbolos. En tercer lugar, puesto que los mapas constituyen isomorfos espaciales reflejan directamente no sólo las diversas características que tratamos de correlacionar, sino también las mismas correlaciones. Se trata de un instrumento especial de generalización y análisis que no es usado por ninguna otra ciencia tanto como por la geografía.