29 Jun 10

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INTRODUCCIÓN

Este artículo intenta sintetizar dos conceptos: el principio marxista de que la desigualdad y la pobreza son producidas inevitablemente por las sociedades capitalistas, y la idea geográfico-social de que la desigualdad puede transmitirse de una generación a otra, a través del medio ambiente de oportunidades y servicios en que se encuentra cada individuo al nacer. Por ello, el objetivo de este trabajo es combinar una explicación teórica convincente sobre los orígenes de la desigualdad, con algunas generalizaciones empíricas sobre quien es pobre y exactamente como persiste la desigualdad sobre las condiciones de un capitalismo “avanzado”. Las nuevas ideas que tal síntesis proporciona son necesarias, pues las anteriores teorías sobre la desigualdad (cultura, pobreza, ciclo de privación), fueron objeto de una severa crítica académica, aunque permanezcan como la base teórica de las políticas antipobreza proyectadas para transformar a la familia y al individuo, y no a la estructura social y económica, en la mayor parte de los países occidentales. Es necesaria también, dentro de los estrechos límites de la disciplina geográfica, una teoría marxista que fundamente enfoques conceptuales alternativos a aquellos que siguen vigentes en el campo de la Geografía.

1. UNA TEORÍA MARXISTA DE LA DESIGUALDAD

El marxismo establece que la desigualdad es inherente al modo de producción capitalista. La desigualdad se produce inevitablemente en el proceso normal de las economías capitalista, al no poder ser eliminada sin alterar de modo fundamental los mecanismos del capitalismo. Además, forma parte del sistema, lo que significa que los detentores del poder tienen intereses creados en mantener la desigualdad social. No vale la pena, pues, dedicar energías políticas para defender las políticas que se ocupan solamente de los síntomas de la desigualdad, sin atacar sus fuerzas generadoras básicas. De ahí la necesidad de una revolución social y económica, la derrota del capitalismo y su sustitución por un método de producción y un género de vida que esté organizado en torno a principios de igualdad y justicia social.

1.1 Desigualdades intraclasistas

Según Marx, la desigualdad de las rentas es inherente al régimen de trabajo asalariado. En el capitalismo se trata a la fuerza de trabajo humana -duración de vida, esfuerzo, creación y anhelo- como mera mercadería que ha de ser comprada por un patrón a cierto precio o salario. Marx constata que los salarios no sólo deben cubrir el sustento básico para la manutención del cuerpo, sino también para algunas necesidades determinadas socialmente, que mantengan al trabajador relativamente contento y aumente el crecimiento económico. Además, los salarios incluyen los costos de sustitución de los “trabajadores desgastados por otros nuevos” y el costo de criar y educar a los niños; esto es, asegurar el desarrollo de la fuerza de trabajo a través de la educación y del aprendizaje. Como los diferentes tipos de trabajo requieren diferentes niveles de educación y calificación, así también los salarios deben ser distintos entre las distintas categorías de trabajadores. Por ello, y como primer resultado, la desigualdad de los salarios es necesaria para producir la variedad de fuerza de trabajo necesaria para los distintos niveles de una multitud de actividades económicas diferentes. En segundo lugar, el sistema capitalista asegura la desigualdad de acceso a la jerarquía calificada dentro de la clase operaria, repartiendo los costos de reproducción social a través del mecanismo salarial y permitiendo que cada “grupo de trabajadores” produzca su sustitución. En tercer lugar, la desigualdad de acceso a la educación y la calificación permite que grupos de asalariados exageren las diferencias de salarios inherentes a la jerarquía calificada, al monopolizar parcialmente y restringir la oferta de trabajos a ciertos niveles de la jerarquía de trabajo. La desigualdad de salarios y de oportunidades dentro de la clase asalariada se fundamenta en el régimen de trabajo asalariado. Por ello Marx afirmó: “pedir una retribución igual o una retribución equitativa sobre la base del sistema de salario es lo mismo que pedir libertad sobre la base de un sistema de esclavitud: lo que podríamos reputar como justo o equitativo no viene al caso. ¿El problema está en saber lo que es necesario e inevitable dentro de determinado sistema de producción?”. ¿Es la conclusión política para la clase operaria?. “En lugar del lema conservador: ‘un salario justo por una jornada justa de trabajo’, debería escribir en su bandera esta orden revolucionaria: ‘abolición del sistema de trabajo asalariado!'”.

1.2. Desigualdades interclasistas

A cambio de los salarios el capitalista recibe fuerza de trabajo viva, la fuerza creativa por la cual el trabajador no sólo produce lo que consume, sino que también produce un excedente que acumula el capitalista. En realidad, el propio capital (las materias primas, los instrumentos y la maquinaria de producción) es el producto del excedente del trabajo en el pasado. El capital es fuerza de trabajo histórico acumulado por la clase capitalista que había podido pagar el trabajo con una suma inferior al valor de los beneficios producidos por los trabajadores, esto es, ella fue apta en explotarlos. Una economía de empresa privada, entretanto, acusará inevitablemente grandes desigualdades de salarios entre la clase capitalista, que controla el uso del trabajo anterior acumulado y obtiene parte de la producción de muchos trabajadores sobre la forma de beneficios, y el proletariado, “poseedor únicamente de fuerza de trabajo”, que recibe solamente en forma de salario.

Con el tiempo, en la medida que el capital se va acumulando, Marx sustenta que las desigualdades entre las clases aumentan. Reconoce que los lucros de los obreros aumentan en ciertos momentos como, por ejemplo, en períodos de rápido desarrollo económico, y que la pobreza tiende a disminuir en los mismos períodos, pero sustenta que a largo plazo la acumulación de capital permite una participación cada vez mayor en los lucros nacionales por parte de los dueños de los medios de producción. La situación del obrero pueden mejorar, pero a costa de su relativa posición social. Así, pues, en términos de igualdad de clase, los intereses del capital y los intereses del trabajo en el desarrollo económico son diametralmente opuestos.

1.3. Las funciones de la desigualdad

La desigualdad social es muy útil, pues sirve de estímulo a los asalariados para que se esfuercen cada vez más, particularmente en un país de alto nivel adquisitivo y consumista como los Estados Unidos. Nuevas tendencias de consumo se introducen constantemente en los escalones superiores de la jerarquía social, donde se difunden a la base a través del sistema muy eficaz de los medios de comunicación orientados al consumo., hasta que las personas más pobres sean alcanzadas por la manía de un artículo más nuevo. La inmensa mayoría de las personas está inmersa en una lucha son fin para la ganar lo suficiente, de modo de consumir de alguna manera una cuantía y a un ritmo que marca el grupo de consumo superior a ellas. Este tipo de desigualdad es altamente funcional, porque asegura que se realice inclusive, un trabajo más desagradable y pesado y presiona al máximo a la fuerza de trabajo. Finalmente, esto es también una fuente sistemática de desventajas, pues la desigualdad es solamente funcional, en tanto los “desiguales” creen que hay una posibilidad de alcanzar un nivel de consumo parecido al de las clases altas. La desigualdad es el origen de una gran frustración y alienación entre los grupos, que ya no creen más en esta posibilidad, y los problemas sociales que resultan de esos sentimientos representan una de las contradicciones fundamentales del capitalismo avanzado.

2.- UNA TEORÍA MARXISTA DE LA POBREZA

Marx explicó también como el funcionamiento normal del capitalismo produce necesariamente una subclase más o menos permanente de desempleados, por ello, de pobres.

2.1.- Los efectos de la mecanización

El deseo de lucro, sostiene Marx, lleva al capitalista a reducir constantemente los costos de la producción por medio de una gran división del trabajo y la introducción y perfeccionamiento de la maquinaria. La mecanización produce el excedente explotable por los dueños de los medios de producción e incrementa la productividad del trabajo, y así, aumenta el capital disponible para reinvertirlo en más maquinarias, servicios y materias primas. Los costos de producción representan cada vez más los costos de la depreciación del a maquinaria y cada vez menos los costos del trabajo asalariado, en la medida que el capitalismo se desarrolla y que se utiliza la maquinaria en ritmo creciente. Marx habla de un cambio en la composición orgánica del capital inherente al crecimiento de la riqueza social: el capital constante (dinero utilizado para adquirir y depreciar maquinaria y materias primas) aumenta en relación al capital variable (dinero para adquirir fuerza de trabajo). Así, la demanda relativa de trabajo disminuye en la medida que el desarrollo económico capitalista va aumentando. Se necesitan tasas de crecimiento económico cada vez más altas para absorber nueva oferta en el mercado de trabajo, incluso para mantener los puestos ya existentes. Un excedente relativo de población aparece rápidamente. Se puede incluir el crecimiento de una fuerza de trabajo superflua, desnecesaria y excedente a través de un desarrollo económico muy rápido. Esto fue lo que sucedió con la expansión de la frontera norteamericana en el siglo XIX y principios del XX, o durante el período de suburbanización y compra masiva de bienes de consumo, que siguió inmediatamente a la Segunda Guerra Mundial. Pero confiar en la frenética compra de bienes de consumo para mantener la economía en forma, implica el riesgo de que la gente eventualmente se canse del consumo, o que esta presión que mina la base de los recursos disponibles, llegue a ser demasiado grande u el crecimiento disminuya. Existen señales abundantes y recientes de esto último y el economista marxista Paul Sweezy afirma que el fenómeno anterior se viene produciendo durante algunos años; sin los enormes gastos militares, la economía de los Estados Unidos estaría “tan profundamente en crisis como estuvo en la gran Depresión”. La teoría marxista pronostica que el crecimiento sin trabas del capitalismo genera una masa de desempleados y que desembocará finalmente en una generalizada alienación de los operarios de los medios mecanizados de producción de riqueza, hecho que creará las condiciones necesarias para la revolución social.

2.2.- El ejército de reserva industrial

Marx dice que las economías capitalistas, para su funcionamiento día a día y año a año, necesitan de un “ejército de reserva industrial”, una reserva de gente pobre que puede ser utilizada y despreciada a voluntad por el capitalista. El desarrollo económico no se procesa suavemente sobre el capitalismo. Cuando se abren nuevos mercados se producen momentos de gran expansión: incluso viejas industrias en declive prosperan de nuevo en épocas de auge económico. En tal situación, la economía necesita de cambios rápidos de mano de obra; una reserva de mano de obra se hace necesaria para convertirla en fuerza de trabajo cuando se necesita y despedirla rápidamente cuando disminuya la demanda o lo exija la mecanización. La utilización de la reserva de mano de obra en épocas de rápido desarrollo económico impide que la plusvalía pare la mano de obra, en lugar de la acumulación del capital.

Marx divide a este ejército de reserva industrial en tres tipos: latente, fluctuante e intermitente. En primer lugar, la parte latente del ejército de reserva industrial es generada por la mecanización agrícola, que produce un excedente de población rural “constantemente en condiciones de ser absorbido por el proletariado urbano o manufacturero, y a la espera de circunstancias propicias para esta transformación”. En el siglo XIX e inicios del XX, los campesinos europeos formaron una reserva de trabajo latente para la industria americana, y los negros del sur y otros grupos rurales minoritarios desempeñaron el mismo papel durante los últimos 50 años. “En segundo lugar, la reserva fluctuante está compuesta por trabajadores, atraídos unas veces por la industria moderna y rechazados en otros momentos, especialmente jóvenes y personas enfermas en los tiempos de Marx, ahora en gran parte inmigrantes recién llegados a la ciudad y antiguos inmigrantes marginalizados que, de otro modo, subsisten gracias a los seguros sociales. En tercer lugar, la reserva de trabajo intermitente es una parte del ejército de mano de obra activa, que tiene un empleo sumamente regular. Tienen los mínimos salarios (debido a la competencia posible de trabajadores latentes o fluctuantes) y las condiciones de vida de este grupo están por debajo del padrón del resto de la clase obrera. En tiempos de Marx, la fuerza de trabajo intermitente era utilizada en industrias domésticas pequeñas e irregulares, si bien se utilizaron también como reserva potencial de mano de obra barata en las industrias regulares. Hoy se utiliza en la “economía periférica” o en el “mercado de trabajo secundario”, donde los trabajadores tienen una productividad muy baja, unos salarios por debajo del padrón y empleos inestables. Una vez más, los grupos de minorías culturales y raciales constituyen una parte importante de la reserva de trabajo intermitente.

Así pues, lo esencial del razonamiento marxista es que la desigualdad no es un “mal temporal” ni la pobreza una “paradoja sorprendente” en las sociedades del capitalismo avanzado; en vez de ello, la desigualdad y la pobreza son vitales para el funcionamiento de las economías capitalistas. La desigualdad es necesaria para producir una fuerza de trabajo diversificada, por su papel en la producción de un excedente expropiable y por su función como incentivo para trabajar. La mecanización, la automatización y el ritmo desigual del desarrollo económico producen inevitablemente desempleo, subempleo y pobreza. La desigualdad está en la base de todo el sistema económico de vida.

3.- MEDIO AMBIENTE Y DESIGUALDAD

La teoría marxista señala que la desigualdad se produce inevitablemente en el sistema capitalista. Es una metateoría que trata de las grandes fuerzas que configuran millones de vidas, y que significan poco para la personas, a menos que ella pueda ver como su vida y las circunstancias particulares que la rodean, encajan en los modelos generales predichos por Marx. La teoría del medio ambiente o teoría geográfica, se ocupa de los mecanismos que perpetúan la desigualdad, bajo el punto de vista del individuo. Se preocupa por el complejo de fuerzas, estímulos y fricciones que configuran de forma inmediata el curso de la vida de una persona. Se trata de un análisis a microescala que complementa perfectamente, el análisis de Marx a macroescala.

3.1.- El medio ambiente de los recursos sociales

La lucha individual para ganarse la vida se desenvuelve en cierto medio físico, social y económico. Ese medio ambiente puede ser entendido como una serie de recursos -servicios, contactos y oportunidades- con los cuales interactúa el individuo. El resultado eventual de esta interacción es la producción de bienes y servicios para la sociedad y de salarios para el individuo.

Los componentes más importantes de l medio físico son la casa y el barrio, que influyen en la productividad individual por medio de factores tales como la salud física y mental. Las escuelas, las universidades, los institutos técnicos y otros centros para la formación de la fuerza de trabajo son los elementos socio-constitucionales más influyentes, además de otra amplia variedad de instituciones que juegan también un papel en preparar al individuo para el trabajo. Estos “factores ambientales” vienen a ser los que determinan el “potencial de salarios de la persona y definen la productividad teórica de sus rendimientos siempre que la oportunidad económica fuese ilimitada. No obstante, antes que se pueda obtener esa productividad, se debe tener alguna conexión con las actividades económicas. Las conexiones más significativas son los conocimientos personales, esto es, los amigos y parientes de su medio ambiente social”. La red de relaciones sociales ofrece informaciones sobre oportunidades económicas y un camino abierto para ellas. Las instituciones de formación y las redes de información forman los “recursos sociales” disponibles al individuo. La interacción con las actividades económicas produce los logros y la cantidad de esos rendimientos influye a su vez en el acceso a los recursos sociales.

El núcleo de la idea de una geografía de la desigualdad es la comprensión de que un individuo, al prepararse para el mercado de trabajo, sólo puede aprovechar los recursos sociales de un área limitada de espacio. Esta idea queda mejor explicada en el modelo temporal-espacial de Hagerstrand, que describe el medio de vida cotidiano “en torno al lugar de residencia de una persona”, cuyos límites quedan fijados por las fricciones físicas de la distancia y por la fricción socio-espacial de clase y raza. Cada grupo de edad, clase social, grupo social o sexo tiene un “prisma” diario de diferente tamaño donde se mueve. Para la clase inferior y más discriminada, el prisma se convierte en una prisión, bajo el punto de vista del espacio y de los recursos.

El modelo simple de Hagerstrand sólo incluye algunos de los factores que limitan el alcance del medio ambiente cotidiano de una persona. En tanto, no se trata de ampliar el modelo temporal-espacial relacionándolo con otros modelos de interacción, sino aplicar este concepto a la explicación de la transmisión de la desigualdad. Está claro que un individuo debe obtener servicios, informaciones y relaciones del complejo de recursos sociales, que forman las instituciones del medio ambiente cotidiano a su alcance. No obstante y en primer lugar, la extensión del medio que se puede aprovechar varía con la movilidad y esta a su vez, varía con las cuantías iniciales. En segundo lugar, la densidad de los recursos sociales varía conforme a los diferentes medios ambientes. En tercer lugar y lo más importante, la calidad de los recursos también es distinta; algunos sistemas escolares son mejores que otros, determinados complejos sociales proporcionan más informaciones y de mejor calidad que otros, y así todos los demás. Podemos pensar, pues, que una persona ya viene marcada por determinado medio de ciertas dimensiones, densidad y calidad, al lanzarse en interacción con una superficie de oportunidades económicas, que varía de modo similar en tamaño, densidad y calidad. A través del individuo el medio social interactúa con el nivel de oportunidades económicas para que produzca salarios. Las deficiencias de calidad de cualquier nivel originan salarios bajos. A su vez, salarios bajos influyen el acceso a un medio de recursos sociales, a su calidad y al nivel de oportunidades económicas. Un proceso de círculo vicioso viene a fijar de modo efectivo los parámetros de salarios para la inmensa mayoría de las personas.

3.2.- La inclusión de la clase social

Así pues, los recursos ambientales de una persona y su consecuente acceso al nivel de oportunidades económicas, dependen mucho de los salarios iniciales o de la clase social de sus padres. En otras palabras, de la posición de clase heredada de los padres a través de la calidad de medio social y económico-institucional en que vive los primeros años de su vida. Los padres luchan para mejorar el medio ambiente de sus hijos, confiando así en proporcionarles los medios para que asciendan socialmente. Este esfuerzo para aumentar la categoría del medio ambiente puede ocurrir en el lugar propio, con mejoras en el barrio (inversiones en servicios locales), o emigrando a otro vecindario que proporcione ambiente diario con las características deseadas. Ambas requieren que los padres sacrifiquen el consumo inmediato en pro de la inversión del futuro de su familia. La familia pues, tiene enorme interés en el medio local, ya que representa los sacrificios pasados y las esperanzas de un futuro para la familia. El dominio (conjunto de los ambientes de la vida diaria) utilizado por cierto grupo de familias de clase obrera, por ejemplo, representa una fuente escasa de movilidad social y su disfrute es protegido intensamente frente a otros grupos que podrían debilitar o “contaminar” los recursos básicos contenidos en el territorio. Esta reacción frente a los “forasteros”, que en los E.U.A toma forma clara de discriminación racial y étnica, remonta a la práctica de la reproducción de la fuerza de trabajo para el régimen de trabajo asalariado y se intensifica por una falta general de movilidad social. Aquí es dónde la teoría del medio ambiente debe enlazarse con el análisis marxista, que implica el contexto en que los hombres interaccionan con el medio socio-económico en los países capitalistas.

4.- SÍNTESIS DE TEORÍAS

El funcionamiento normal del sistema económico capitalista produce una serie de clases sociales que tienen distintas funciones y que son desiguales con respecto a su salario, poder y estatus.

Cada clase y hasta cada capa dentro de una misma clase, es llevada a reproducirse a sí misma valiéndose de una parte de los salarios de la generación presente para criar, educar y preparar a la generación de futuros participantes en el sistema de producción. La generación adulta invierte en el medio ambiente de los recursos sociales usado por las generaciones en crecimiento, y la cantidad de dinero colocada en cada clase varía, de modo que la cantidad que puede ser invertida en los recursos sociales varía, produciendo medios ambientes desiguales que perpetúan el sistema de clases.

4.1.- La jerarquía de los medios ambientes

La jerarquía de los diferentes medios de recursos, que componen la geografía social de la ciudad moderna, constituye pues, una respuesta a la demanda jerárquica de trabajo de la economía urbana. Del mismo modo que el sistema capitalista de reproducción origina una estructura de clase social jerárquicas, así también proporciona medios ambientes diferenciados de recursos sociales, en los cuales cada clase se reproduce a sí misma. El cambio en la jerarquía de medios ambientes, es por ello en la estructura espacial de la ciudad, producido bajo la influencia del cambio en la demanda de trabajo que ocurre en el desarrollo económico. En épocas de crecimiento económico, la demanda aumenta para ciertos tipos de trabajo, creando una escasez temporal, salarios más elevados y el incentivo para mayor oferta de esas clases de mano de obra. El desarrollo también proporciona los fondos necesarios para reorientar los sistemas de oferta de la mano de obra, que producen obreros calificados a través de salarios superiores. El capitalismo necesariamente mantiene las desigualdades sociales al confiar básicamente en el régimen de trabajo asalariado para producir nuevas ofertas de trabajo.

A pesar de una estructura intrínseca de tipo desigual, este proceso no produce necesariamente grandes tensiones sociales, pues todos los medios van mejorando y existe la posibilidad de pasar de una capa a otra, de un medio ambiente a otro. Los problemas sólo aparecen cuando una depresión económica invierte el proceso (produciendo salarios bajos, reduciendo servicios y así sucesivamente), o cuando el descubrimiento opresor de la falta de movilidad destruye el mito de que “todo el mundo tienen oportunidad si trabaja suficientemente”. Cuando grupos enteros se dan cuenta de que no tienen ninguna oportunidad para mejorar su suerte, de que un barrio pobre en el centro de la ciudad o un antiguo barrio proletario deteriorado va a ser su lugar o el de sus hijos para toda la vida, el potencial de revuelta aumenta. Una acción semejante ocurrió en los años 60 en los barrios negros de las ciudades americanas. ¿Por qué?

4.2.- Los orígenes de las protestas negras

Marx señaló que a medida que el desarrollo económico avanza bajo el capitalismo, la composición orgánica del capital tiende a cambiar, perdiendo importancia el capital variable y adquiriéndola el capital constante. En términos de clase, este crecimiento del capital fijo crea nuevos empleos en el sector de servicios (en la organización, administración, supervisión y ventas), pero produce disminución en la demanda relativa del sector secundario y especialmente de obras de producción. Desde la Segunda Guerra Mundial, los recursos del medio ambiente mejoraron fuertemente en barrios de trabajadores del sector servicios, en inclusive en algunos del secundario, ya que debían suministrar la demanda de trabajo más educada y más “culturizada”. Las áreas rurales más pobres y los barrios del centro de las ciudades quedaron descuidados debido a la falta de demanda de este tipo de mano de obra. Por ello, los salarios están actualmente abajo del nivel de subsistencia y no dejan ningún excedente para invertir en la mejora del medio ambiente local. Desde luego, el sector de servicios e industrias manufactureras marginales continúan necesitando de mano de obra no calificada, pero la mecanización eliminó el incentivo para calificar esta mano de obra con el objetivo de ser incorporada en la economía industrial normal. La reproducción de mano de obra no calificada sólo necesita de un medio ambiente que pueda mantener simplemente una vida casi vegetativa, que incluye la mínima calificación e inyecta una fuerte dosis de ética del trabajo. Así, las zonas de clases más bajas se ven privadas del dinero necesario para poder llegar a los niveles altos de salud, educación y calificación, que poseen las zonas de clase media. Son reservas internas para el ejército de reserva de los casi sin empleo: son áreas que periódicamente explotan con violencia y que pueden ser la base geográfica de una revolución.

5.- PLANIFICACIÓN DE UNA SOCIEDAD IGUALITARIA

Lograr la igualdad social significa mucho más que la política liberal de redistribuir la riqueza por medio del sistema de impuestos. La verdadera igualdad social sólo se puede lograr alterando las fuerzas que generan la desigualdad; como estas son fundamentales para el funcionamiento del sistema de producción capitalista, la igualdad social implica necesariamente grandes cambios en este sistema y de modo especial el control social de los medios de producción de riqueza. No obstante, la revolución igualitaria presumirá incluso mucho más que eso. Como los rendimientos vienen a reflejar más las necesidades de las familias que las necesidades de un sistema de producción privada de producción, se tiende a idealizar nuevos métodos que reproduzcan socialmente una fuerza de trabajo con calificación diferenciada. La socialización del control sobre la reproducción de la fuerza de trabajo y por consiguiente del medio social es, un corolario de la igualación de los rendimientos.

Los geógrafos pueden acelerar el logro de la igualdad creando modelos alternativos y convincentes para planificar y controlar el medio ambiente. El modelo alternativo más real es el de incrementar el control central y estatal sobre la inversión en el medio ambiente, de los recursos sociales, para asegurar que la igualdad se haga. El problema de ese modelo, es la burocratización y la consecuente falta de sentido de control sobre el propio medio ambiente. Un modelo alternativo y atractivo elaborado por los anarquistas en su forma más completa, implica una propiedad descentralizada, por parte de los trabajadores, de los medios de producción y un sistema entrelazado de control comunitario sobre el medio ambiente. Un debate entre todos los que proponen esos modelos espaciales alternativos ayudaría a crear ideas convincentes sobre el control popular del medio ambiente, del trabajo y de la vida. Las personas se desarrollan en continua respuesta al medio ambiente total y nosotros, que somos de izquierda, creemos que los actuales medios ambientes impiden un desarrollo humano pleno. Podemos ayudar a que nuestra visión del “hombre total” sea realidad, idealizando modelos ambientales que sean igualitarios y liberadores; igualitarios ya que deben proporcionar la pase para una igualdad inherente, y libertadores ya que deben permitir también el desarrollo pleno de cada individuo como persona única. Enfrentamos pues, una tarea casi inabarcable; no obstante, la geografía de la igualdad futura exige nuestra dedicación.

*En: “Anales de la Asociación de Geógrafos Americanos”, 65, 1974; en Christofoletti, SP, 1982.-


Filed under: Geografía de la Pobreza

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