6 Feb 10

En geografía, técnicas tales como la elaboración de mapas, los “métodos” de enseñanza, o las exposiciones históricas sobre el desarrollo de la ciencia se toman con frecuencia, erróneamente, como metodología. La metodología propiamente trata de la posición y objeto de una disciplina dentro del sistema total de las ciencias, y del carácter y naturaleza de sus conceptos.

La metodología se enriquece con el cambio y la evolución. En una ciencia activa los conceptos están siendo continuamente refinados o totalmente desechados. Las leyes y las hipótesis son, según los casos, confirmadas o descartadas o, en ocasiones, reducidas a la situación de aproximaciones más o menos satisfactorias. La metodología es la lógica de este proceso, por ello las discusiones metodológicas son una señal de salud.

En 1928 que la metodología que Hettner acababa de publicar era en lo esencial una colección de artículos que tenían veinte o treinta años, en un momento en que casi todas las ciencias experimentaban cambios y progresos casi febriles. Si pasamos a Norteamérica, podemos añadir que en 1939 Hartshorne3 volvió a formular muchas de las ideas de Hettner con pocos cambios y escasa crítica. Y lo que es peor todavía, la propia obra de Hartshorne, indudablemente un hito importante en la historia del pensamiento geográfico norteamericano, ha permanecido indiscutida en los trece años que han transcurrido.

Alexander von Humboldt, que ha sido llamado, con razón, el padre de la ciencia geográfica, fue también el primer autor relativamente moderno que prestó atención a la lógica de sus conceptos.

La geografía, junto con la historia, aparece como la “ciencia integradora”, completamente distinta a las otras disciplinas y cuya única importancia encuentra su expresión en los métodos especiales que debe usar para alcanzar sus profundos resultados.

Los resultados reales de la investigación geográfica, aunque no deben ser minimizados, están un poco faltos de estas profundas y grandiosas visiones que uno esperaría de tan exuberantes caracterizaciones de la disciplina. En realidad el desarrollo de la geografía ha sido más lento que el de algunas de las otras ciencias sociales, como por ejemplo la economía.

Con el desarrollo de las ciencias naturales en los siglos XVIII y XIX quedó claro que la mera descripción era insuficiente. La descripción, incluso si es seguida por una clasificación, no explica la forma en que se distribuyen los fenómenos en el mundo. Explicar los fenómenos que se han descrito significa siempre reconocerlos como ejemplos de leyes. En geografía las variables fundamentales desde el punto de vista de la elaboración de patrones son naturalmente las espaciales, están regidas por leyes.

Con el notable desarrollo de la geofísica, la astronomía y la geología, la geografía ya no puede seguir tratando de todo nuestro planeta, sino sólo de la superficie del mismo y “de los fenómenos terrestres que ocupan su espacio”.


Humboldt y Ritter reconocieron como el objeto fundamental de la geografía el estudio de la forma en que los fenómenos naturales, incluyendo el hombre, se distribuyen en el espacio. Esto implica que los geógrafos deben describir y explicar la forma en que las cosas se combinan “para ocupar un área”. Naturalmente estas combinaciones se modifican de un área a otra.

Lo que importa en geografía son las relaciones espaciales y no otras. Las relaciones no espaciales existentes entre los fenómenos en un área constituyen el objeto de otros especialistas tales como los geólogos, antropólogos y economistas.

Las investigaciones de los geógrafos sean geógrafos físicos, económicos o políticos, son de dos diferentes tipos: sistemáticas o regionales. Una región contiene, sin duda, una combinación singular, única, e incluso en algunos aspectos uniforme, de especies o categorías de fenómenos. En el caso de la geografía sistemática, su método no es diferente en principio del de cualquier otra ciencia social o natural que trate de establecer leyes o lo que significa lo mismo, haya alcanzado la fase sistemática. Las relaciones espaciales entre dos o más clases específicas de fenómenos deben ser estudiadas en toda la superficie terrestre para poder obtener una generalización o ley.

La actual falta de claridad acerca del papel relativo y de la importancia de la geografía regional y de la sistemática puede probablemente ser rastreada según la preferencia dada a una u otra en los distintos períodos de la historia de la disciplina. El geógrafo físico, al sentir más de cerca el impacto del desarrollo de las ciencias naturales, sintió a veces la necesidad de instrumentos específicamente propios en la forma de funciones, reglas o leyes. A fines del siglo XIX, en que se concentró sobre la investigación sistemática a expensas de los estudios regionales.

A comienzos de nuestro siglo, cuando el interés comenzó a desplazarse hacia la geografía social o humana, los geógrafos sociales, en buena parte como reacción frente a esta exclusiva concentración en los estudios sistemáticos por parte de los geógrafos físicos, desdeñaron los someros esfuerzos sistemáticos que, en ausencia de una adecuada ciencia social a la que recurrir, intentaban hallar las leyes que regulaban los aspectos espaciales de las variables sociales.

A estos hombres debemos la masa de la bibliografía descriptiva que, naturalmente, contiene mucho material valioso. En aquellos casos en que superaron sus creencias metodológicas actuaron con gran percepción o más bien con una especie de intuición artística. Pero, en cambio, en todos sus escritos metodológicos se alineaban con los oponentes del método científico.

En su versión contemporánea la discusión adopta la forma del viejo cuento del huevo y la gallina, discutiendo todavía la importancia relativa de la investigación sistemática y de la regional. Hettner creía que el núcleo de la geografía era lo regional. Hartshorne pensaba que la geografía sistemática es realmente indispensable para la investigación regional cualquiera que lo prefiera, o que por temperamento sea apto para ella, deberá al mismo tiempo cultivar la sistemática, aunque opinaba que el corazón de la geografía es, a pesar de todo, el estudio regional

La geografía sistemática tendrá siempre que obtener sus datos de la geografía regional, al igual que la física teórica contará siempre con los trabajos de laboratorio. Más aún, la geografía sistemática recibe una gran orientación de la geografía regional en lo que respecta al tipo de leyes que debería buscar.

Hettner, al igual que Kraft, habló de los enfoques complementarios que originan un “dualismo” que sitúa la geografía aparte de todas las otras disciplinas. Ya debería estar claro que en realidad no hay en todo ello nada exclusivo o peculiar de la Geografía.

Sin embargo, este llamado “dualismo” ha sido citado en apoyo de la pretensión de que la geografía es una disciplina metodológicamente única. Tampoco la complejidad de la situación con la que se enfrenta el geógrafo regional es en ningún sentido tan fuera de lo ordinario para que éste tenga una tarea singularmente difícil de “integración”, según otro significado del brillante término. Muy al contrario está al mismo nivel que los otros científicos sociales. Cuando el economista aplica sus generalizaciones o leyes a un orden económico dado no solamente trata con la complejidad de la situación puramente económica, sino que tiene en cuenta los factores políticos, psicológicos y sociales que las influyen.

Hemos visto que existe un amplio grupo de ideas que son variaciones de un mismo tema: la geografía es muy diferente de las demás ciencias sociales, metodológicamente única, por así decir. Esta posición influyente y persistente en sus diversas variaciones merece un nombre particular. Yo denominaré excepcionalismo y por el momento investigaré acerca de algunas de sus raíces históricas.

Kant postuló la posición excepcionalista no sólo para la geografía, sino también para la historia. Según él tanto la historia como la geografía se encuentran en una posición excepcional, diferente a la de las llamadas ciencias sistemáticas. Esta agrupación de la geografía con la historia ha inducido a muchos autores posteriores a elaborar la pretendida similitud con el fin de obtener algún conocimiento acerca de la naturaleza de la geografía.

La historia y la geografía podrían ser denominadas, por así decir, una descripción, con la diferencia de que la primera es una descripción según el tiempo y la segunda una descripción según el espacio. De aquí que la historia y la geografía aumenten nuestro conocimiento respecto al tiempo y al espacio.

En primer lugar, la distinción tal como ha sido propuesta es en sí misma insostenible. La  física, no descuida las coordenadas espacio-temporales, de los objetos que estudia. Sólo hay que pensar en la astronomía newtoniana para darse cuenta inmediatamente lo equivocado de esta idea La respuesta, me parece, es histórica. Cuando Kant escribió este pasaje en su juventud, no había experimentado aún todo el impacto de la ciencia newtoniana.

En segundo lugar, ya observamos que la noción de la geografía resultante es descriptiva en el más estricto sentido del término. Evidentemente, por el solo hecho de que Kant pensara que no existían leyes de la geografía o de los procesos socio-históricos, no se sigue que éstas no existan. Históricamente se puede comprender la razón de que mantuviera tales puntos de vista a mediados del siglo XVIII. Las grandes contribuciones de Voltaire, Hume y Adam Smith pertenecían todavía al futuro o no habían penetrado aún en los recintos académicos de la provinciana Konigsberg (un simple vistazo a la Geografía moral de Kant o como diríamos hoy antropología comparativa, basta para convencer a cualquiera de que es tan groseramente clasificatoria y enumerativa como su Geografía física).

El encanto literario del Cosmos ha eclipsado, desgraciadamente, este hecho. Pero no debe olvidarse que juzgar a Humboldt como geógrafo por lo que dijo en su Cosmos es como juzgar la contribución de Darwin a la biología a partir del diario que llevó en el Beagle.

Es lamentable que Hettner, y siguiendo a él Hartshorne, confundieran esta exposición con un examen de la metodología de la geografía. Realmente Humboldt no es una autoridad correctamente citada en apoyo del excepcionalismo. No debemos confundirnos por el hecho de que el gran Kant denominara un día geografía a lo que en la terminología de Humboldt es cosmología.

Ambas, en contraste con otras disciplinas, integran fenómenos heterogéneos entre sí. Estos fenómenos son también únicos. Ningún acontecimiento histórico, ni ningún período histórico es igual que otro. En geografía tampoco existen dos fenómenos o dos regiones que sean iguales. Ambas ciencias se enfrentan así con el problema de explicar lo único.

El uso del término historia en la discusión metodológica es asombrosamente ambiguo. En aras de la precisión se le dará aquí por el momento sentido muy restringido. La historia o la investigación histórica es la indagación de acontecimientos que ocurrieron en el pasado. Naturalmente, no todos los acontecimientos pasados son de igual interés para el historiador.

El historiador no es ya un historiador en el sentido restringido del término y trata de ajustar los hechos investigados a modelos. Es esto lo que todos los historiadores tratan de hacer, tanto si son conscientes de ello como si no lo son. Entonces, desde un punto de vista lógico, cabe preguntarse qué están haciendo. En este punto comienza la discusión.

Los datos que se encarga de recoger el historiador en sentido restringido del término no son más que materia prima para el científico social. En otras palabras, aparte de las dificultades técnicas que han sido mencionadas, no hay en principio ninguna diferencia entre el uso del último censo que realiza un científico social, por un lado, y, por otro, el uso que hace de aquellas variables de un censo romano que han sido establecidas por los historiadores.

Al colectar los hechos, el historiador hace lo que el geógrafo regional realiza al reunir los suyos. Al tratar de comprenderlos o, mejor, explicarlos, hace exactamente lo que hace el geógrafo regional al aplicar la geografía sistemática a su región. En este sentido, la historia es una ciencia o, de forma menos ambigua es ciencia social aplicada a las condiciones de una “situación histórica especial”.

El historicismo mantiene que hay una manera alternativa, radicalmente diferente, de comprender el pasado o, en este caso, el presente como un producto del pasado. El fundamento de ello es la creencia de que simplemente ordenando los acontecimientos pasados en su sucesión temporal aparecerá alguna especie de modelo “significativo”, ya sea cíclico, progresivo, o de otro tipo.

La principal dificultad de la tesis en favor de la singularidad es que, como dice Max Weber, prueba demasiadas cosas. En las leyes físicas, cuando se han encontrado unas leyes o un conjunto de variables, tales que dos objetos o situaciones coincidan en estas variables o índices, aunque sean diferentes en otros aspectos, se admite que el futuro de los objetos respecto a estos índices será también predecible. Hasta qué punto y cuánto se alcanzará en otros campos un estado tan satisfactorio como el anterior es una cuestión práctica, que será decidida por comprobaciones y errores, pero que no puede ser juzgada por un argumento pseudo metodológico.

Ciertamente el reciente desarrollo de las ciencias físicas debería levantar dudas a cualquiera que trate de negar sobre estos supuestos la unidad lógica de las ciencias. Llevando todo esto al campo de la geografía, podemos decir que la diferencia entre las diferencias de dos regiones “únicas”, por una parte y las igualmente numerosas diferencias entre nuestras dos piedras por otra, es simplemente una cuestión de grado.

Lo que verdaderamente hacen los científicos es esto: aplican para cada caso concreto juntamente todas las leyes que conciernen a aquellas variables que consideran más importantes. Las reglas por las cuales estas leyes se combinan, reflejando lo que se denomina la interacción de las variables, se encuentran entre las regularidades que la ciencia trata de explicar

Por lo tanto, las generalizaciones en forma de leyes son inútiles, si no imposibles, y cualquier predicción en geografía tiene un valor insignificante12. De esta manera llega a la misma conclusión que Kant después de largas discusiones: “Ambas, la geografía y la historia, podrían ser descritas como ciencias ingenuas “naive sciences”, examinando la realidad desde un punto de vista ingenuo, mirando a las cosas tal como están dispuestas actualmente, en contraste con la más sofisticada y artificial presentación de las ciencias sistemáticas que sacan de su situación verdadera a cierta clase de fenómenos”

No obstante es falso, o al menos puede conducir a error, oponer la geografía sistemática a la regional como una especie de ciencia pura y ciencia aplicada. La verdad es que no hay tal distinción metodológica entre ciencia pura y aplicada. Sólo hay ciencia y ciencia aplicada.

Las leyes que los científicos “puros” buscan no son en absoluto diferentes de los que ellos mismos o sus colegas aplicados utilizan. Inversamente, algunas de las más importantes ideas teóricas han sido sugeridas por problemas técnicos.

El geógrafo regional que explica algunas características de la región mediante el uso de leyes aplica éstas en un sentido. El planificador regional o conservador del suelo aplica las mismas leyes en un sentido diferente de aplicación. De hecho es un ingeniero social. El alto prestigio y el justificado interés que despierta la aplicación en el sentido de tecnología social es, para bien o para mal, una de las más sobresalientes características de nuestra civilización.

La más seria dificultad que todas las ciencias sociales comparten, es su limitada o falta total de experimentación. Desde luego, es igualmente verdad, y ha sido frecuentemente observado, que tampoco puede experimentarse en astronomía y a pesar de ello la astronomía es la más antigua, la más precisa y la más fructífera de las ciencias naturales.

En cuanto a otra dificultad, la cuantificación, que nos permite usar los ricos recursos de la inferencia matemática, no se consigue fácilmente en las disciplinas sociales. En este sentido la geografía y la economía están, al parecer, en una situación algo mejor que, por ejemplo, la ciencia política o la sociológica.

Hay un aspecto importante en el que la geografía difiere de las otras ciencias sociales. Estas últimas, al madurar, se concentran más y más en el descubrimiento de leyes de procesos, es decir, leyes que son en un aspecto importante como las leyes de la astronomía newtoniana.

Las leyes estrictamente geográficas no contienen referencias al tiempo y al cambio. Con ello no pretendernos afirmar que las estructuras espaciales que exploramos no sean como cualquier estructura, el resultado de procesos.

En primer lugar, un mapa no es sólo una descripción taquigráfica, sino en un sentido bastante literal una imagen, exactamente igual a como un plano es una imagen de una máquina. En segundo lugar, las imágenes que nosotros construimos por medio de los diferentes signos cartográficos son deliberadamente selectivas en dos aspectos: cartografiamos sólo aquellas características en las que estamos interesados en aquel momento y despreciamos todas las diferencias entre las entidades que representamos por los mismos símbolos. En tercer lugar, puesto que los mapas constituyen isomorfos espaciales reflejan directamente no sólo las diversas características que tratamos de correlacionar, sino también las mismas correlaciones. Se trata de un instrumento especial de generalización y análisis que no es usado por ninguna otra ciencia tanto como por la geografía.


Filed under: Fred Schaefer (Excepcionalismo)

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