14 Sep 09

La Geografía es la disciplina que estudia el Espacio Geográfico y sus componentes desde diversas perspectivas y categorizaciones. Allí inciden el  paisaje, el territorio, regiones, los cuales se interrelacionan con el ser Humano.

Su enseñanza descansa en los llamados Principios Básicos de la Geografía, los cuales derivan de las tradiciones surgidas en las viejas escuelas. Como todas las ciencias la Geografía utiliza los mismos como cimiento en sus investigaciones;

a) Principio de Localización. Es aquel que señala la ubicación  de un hecho o fenómeno geográfico, sobre la Tierra, mediante las coordenadas geográficas (latitud y longitud).

b) Principio de Causalidad. Es el que explica el porque o el origen de los hechos y fenómenos, es decir las causas de su origen en la Tierra.

c) Principio de Relación o Conexión. Este se encarga de indicar el espacio de influencia de los hechos o fenómenos, su relación con otros y su temporalidad o duración en el tiempo.

d) Principio de Evolución. Es el que estudia los cambios o transformaciones que sufre un hecho o fenómeno durante su desarrollo.

Estos principios en conjunto son utilizados por el método geográfico para estudiar los diferentes hechos y fenómenos de la Tierra.

Para concluir es preciso decir que nuestra disciplina tiene origen en la antigua Grecia. El término Geografía se conformó a partir de Geo (Tierra) y Grafein (Descripción). Desde aquellos tiempos hasta la actualidad la conceptualización ha sufrido modificaciones y confrontación de paradigmas que le propiciarían la riqueza de la que actualmente disfruta.

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29 Jun 10

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INTRODUCCIÓN

Este artículo intenta sintetizar dos conceptos: el principio marxista de que la desigualdad y la pobreza son producidas inevitablemente por las sociedades capitalistas, y la idea geográfico-social de que la desigualdad puede transmitirse de una generación a otra, a través del medio ambiente de oportunidades y servicios en que se encuentra cada individuo al nacer. Por ello, el objetivo de este trabajo es combinar una explicación teórica convincente sobre los orígenes de la desigualdad, con algunas generalizaciones empíricas sobre quien es pobre y exactamente como persiste la desigualdad sobre las condiciones de un capitalismo “avanzado”. Las nuevas ideas que tal síntesis proporciona son necesarias, pues las anteriores teorías sobre la desigualdad (cultura, pobreza, ciclo de privación), fueron objeto de una severa crítica académica, aunque permanezcan como la base teórica de las políticas antipobreza proyectadas para transformar a la familia y al individuo, y no a la estructura social y económica, en la mayor parte de los países occidentales. Es necesaria también, dentro de los estrechos límites de la disciplina geográfica, una teoría marxista que fundamente enfoques conceptuales alternativos a aquellos que siguen vigentes en el campo de la Geografía.

1. UNA TEORÍA MARXISTA DE LA DESIGUALDAD

El marxismo establece que la desigualdad es inherente al modo de producción capitalista. La desigualdad se produce inevitablemente en el proceso normal de las economías capitalista, al no poder ser eliminada sin alterar de modo fundamental los mecanismos del capitalismo. Además, forma parte del sistema, lo que significa que los detentores del poder tienen intereses creados en mantener la desigualdad social. No vale la pena, pues, dedicar energías políticas para defender las políticas que se ocupan solamente de los síntomas de la desigualdad, sin atacar sus fuerzas generadoras básicas. De ahí la necesidad de una revolución social y económica, la derrota del capitalismo y su sustitución por un método de producción y un género de vida que esté organizado en torno a principios de igualdad y justicia social.

1.1 Desigualdades intraclasistas

Según Marx, la desigualdad de las rentas es inherente al régimen de trabajo asalariado. En el capitalismo se trata a la fuerza de trabajo humana -duración de vida, esfuerzo, creación y anhelo- como mera mercadería que ha de ser comprada por un patrón a cierto precio o salario. Marx constata que los salarios no sólo deben cubrir el sustento básico para la manutención del cuerpo, sino también para algunas necesidades determinadas socialmente, que mantengan al trabajador relativamente contento y aumente el crecimiento económico. Además, los salarios incluyen los costos de sustitución de los “trabajadores desgastados por otros nuevos” y el costo de criar y educar a los niños; esto es, asegurar el desarrollo de la fuerza de trabajo a través de la educación y del aprendizaje. Como los diferentes tipos de trabajo requieren diferentes niveles de educación y calificación, así también los salarios deben ser distintos entre las distintas categorías de trabajadores. Por ello, y como primer resultado, la desigualdad de los salarios es necesaria para producir la variedad de fuerza de trabajo necesaria para los distintos niveles de una multitud de actividades económicas diferentes. En segundo lugar, el sistema capitalista asegura la desigualdad de acceso a la jerarquía calificada dentro de la clase operaria, repartiendo los costos de reproducción social a través del mecanismo salarial y permitiendo que cada “grupo de trabajadores” produzca su sustitución. En tercer lugar, la desigualdad de acceso a la educación y la calificación permite que grupos de asalariados exageren las diferencias de salarios inherentes a la jerarquía calificada, al monopolizar parcialmente y restringir la oferta de trabajos a ciertos niveles de la jerarquía de trabajo. La desigualdad de salarios y de oportunidades dentro de la clase asalariada se fundamenta en el régimen de trabajo asalariado. Por ello Marx afirmó: “pedir una retribución igual o una retribución equitativa sobre la base del sistema de salario es lo mismo que pedir libertad sobre la base de un sistema de esclavitud: lo que podríamos reputar como justo o equitativo no viene al caso. ¿El problema está en saber lo que es necesario e inevitable dentro de determinado sistema de producción?”. ¿Es la conclusión política para la clase operaria?. “En lugar del lema conservador: ‘un salario justo por una jornada justa de trabajo’, debería escribir en su bandera esta orden revolucionaria: ‘abolición del sistema de trabajo asalariado!'”.

1.2. Desigualdades interclasistas

A cambio de los salarios el capitalista recibe fuerza de trabajo viva, la fuerza creativa por la cual el trabajador no sólo produce lo que consume, sino que también produce un excedente que acumula el capitalista. En realidad, el propio capital (las materias primas, los instrumentos y la maquinaria de producción) es el producto del excedente del trabajo en el pasado. El capital es fuerza de trabajo histórico acumulado por la clase capitalista que había podido pagar el trabajo con una suma inferior al valor de los beneficios producidos por los trabajadores, esto es, ella fue apta en explotarlos. Una economía de empresa privada, entretanto, acusará inevitablemente grandes desigualdades de salarios entre la clase capitalista, que controla el uso del trabajo anterior acumulado y obtiene parte de la producción de muchos trabajadores sobre la forma de beneficios, y el proletariado, “poseedor únicamente de fuerza de trabajo”, que recibe solamente en forma de salario.

Con el tiempo, en la medida que el capital se va acumulando, Marx sustenta que las desigualdades entre las clases aumentan. Reconoce que los lucros de los obreros aumentan en ciertos momentos como, por ejemplo, en períodos de rápido desarrollo económico, y que la pobreza tiende a disminuir en los mismos períodos, pero sustenta que a largo plazo la acumulación de capital permite una participación cada vez mayor en los lucros nacionales por parte de los dueños de los medios de producción. La situación del obrero pueden mejorar, pero a costa de su relativa posición social. Así, pues, en términos de igualdad de clase, los intereses del capital y los intereses del trabajo en el desarrollo económico son diametralmente opuestos.

1.3. Las funciones de la desigualdad

La desigualdad social es muy útil, pues sirve de estímulo a los asalariados para que se esfuercen cada vez más, particularmente en un país de alto nivel adquisitivo y consumista como los Estados Unidos. Nuevas tendencias de consumo se introducen constantemente en los escalones superiores de la jerarquía social, donde se difunden a la base a través del sistema muy eficaz de los medios de comunicación orientados al consumo., hasta que las personas más pobres sean alcanzadas por la manía de un artículo más nuevo. La inmensa mayoría de las personas está inmersa en una lucha son fin para la ganar lo suficiente, de modo de consumir de alguna manera una cuantía y a un ritmo que marca el grupo de consumo superior a ellas. Este tipo de desigualdad es altamente funcional, porque asegura que se realice inclusive, un trabajo más desagradable y pesado y presiona al máximo a la fuerza de trabajo. Finalmente, esto es también una fuente sistemática de desventajas, pues la desigualdad es solamente funcional, en tanto los “desiguales” creen que hay una posibilidad de alcanzar un nivel de consumo parecido al de las clases altas. La desigualdad es el origen de una gran frustración y alienación entre los grupos, que ya no creen más en esta posibilidad, y los problemas sociales que resultan de esos sentimientos representan una de las contradicciones fundamentales del capitalismo avanzado.

2.- UNA TEORÍA MARXISTA DE LA POBREZA

Marx explicó también como el funcionamiento normal del capitalismo produce necesariamente una subclase más o menos permanente de desempleados, por ello, de pobres.

2.1.- Los efectos de la mecanización

El deseo de lucro, sostiene Marx, lleva al capitalista a reducir constantemente los costos de la producción por medio de una gran división del trabajo y la introducción y perfeccionamiento de la maquinaria. La mecanización produce el excedente explotable por los dueños de los medios de producción e incrementa la productividad del trabajo, y así, aumenta el capital disponible para reinvertirlo en más maquinarias, servicios y materias primas. Los costos de producción representan cada vez más los costos de la depreciación del a maquinaria y cada vez menos los costos del trabajo asalariado, en la medida que el capitalismo se desarrolla y que se utiliza la maquinaria en ritmo creciente. Marx habla de un cambio en la composición orgánica del capital inherente al crecimiento de la riqueza social: el capital constante (dinero utilizado para adquirir y depreciar maquinaria y materias primas) aumenta en relación al capital variable (dinero para adquirir fuerza de trabajo). Así, la demanda relativa de trabajo disminuye en la medida que el desarrollo económico capitalista va aumentando. Se necesitan tasas de crecimiento económico cada vez más altas para absorber nueva oferta en el mercado de trabajo, incluso para mantener los puestos ya existentes. Un excedente relativo de población aparece rápidamente. Se puede incluir el crecimiento de una fuerza de trabajo superflua, desnecesaria y excedente a través de un desarrollo económico muy rápido. Esto fue lo que sucedió con la expansión de la frontera norteamericana en el siglo XIX y principios del XX, o durante el período de suburbanización y compra masiva de bienes de consumo, que siguió inmediatamente a la Segunda Guerra Mundial. Pero confiar en la frenética compra de bienes de consumo para mantener la economía en forma, implica el riesgo de que la gente eventualmente se canse del consumo, o que esta presión que mina la base de los recursos disponibles, llegue a ser demasiado grande u el crecimiento disminuya. Existen señales abundantes y recientes de esto último y el economista marxista Paul Sweezy afirma que el fenómeno anterior se viene produciendo durante algunos años; sin los enormes gastos militares, la economía de los Estados Unidos estaría “tan profundamente en crisis como estuvo en la gran Depresión”. La teoría marxista pronostica que el crecimiento sin trabas del capitalismo genera una masa de desempleados y que desembocará finalmente en una generalizada alienación de los operarios de los medios mecanizados de producción de riqueza, hecho que creará las condiciones necesarias para la revolución social.

2.2.- El ejército de reserva industrial

Marx dice que las economías capitalistas, para su funcionamiento día a día y año a año, necesitan de un “ejército de reserva industrial”, una reserva de gente pobre que puede ser utilizada y despreciada a voluntad por el capitalista. El desarrollo económico no se procesa suavemente sobre el capitalismo. Cuando se abren nuevos mercados se producen momentos de gran expansión: incluso viejas industrias en declive prosperan de nuevo en épocas de auge económico. En tal situación, la economía necesita de cambios rápidos de mano de obra; una reserva de mano de obra se hace necesaria para convertirla en fuerza de trabajo cuando se necesita y despedirla rápidamente cuando disminuya la demanda o lo exija la mecanización. La utilización de la reserva de mano de obra en épocas de rápido desarrollo económico impide que la plusvalía pare la mano de obra, en lugar de la acumulación del capital.

Marx divide a este ejército de reserva industrial en tres tipos: latente, fluctuante e intermitente. En primer lugar, la parte latente del ejército de reserva industrial es generada por la mecanización agrícola, que produce un excedente de población rural “constantemente en condiciones de ser absorbido por el proletariado urbano o manufacturero, y a la espera de circunstancias propicias para esta transformación”. En el siglo XIX e inicios del XX, los campesinos europeos formaron una reserva de trabajo latente para la industria americana, y los negros del sur y otros grupos rurales minoritarios desempeñaron el mismo papel durante los últimos 50 años. “En segundo lugar, la reserva fluctuante está compuesta por trabajadores, atraídos unas veces por la industria moderna y rechazados en otros momentos, especialmente jóvenes y personas enfermas en los tiempos de Marx, ahora en gran parte inmigrantes recién llegados a la ciudad y antiguos inmigrantes marginalizados que, de otro modo, subsisten gracias a los seguros sociales. En tercer lugar, la reserva de trabajo intermitente es una parte del ejército de mano de obra activa, que tiene un empleo sumamente regular. Tienen los mínimos salarios (debido a la competencia posible de trabajadores latentes o fluctuantes) y las condiciones de vida de este grupo están por debajo del padrón del resto de la clase obrera. En tiempos de Marx, la fuerza de trabajo intermitente era utilizada en industrias domésticas pequeñas e irregulares, si bien se utilizaron también como reserva potencial de mano de obra barata en las industrias regulares. Hoy se utiliza en la “economía periférica” o en el “mercado de trabajo secundario”, donde los trabajadores tienen una productividad muy baja, unos salarios por debajo del padrón y empleos inestables. Una vez más, los grupos de minorías culturales y raciales constituyen una parte importante de la reserva de trabajo intermitente.

Así pues, lo esencial del razonamiento marxista es que la desigualdad no es un “mal temporal” ni la pobreza una “paradoja sorprendente” en las sociedades del capitalismo avanzado; en vez de ello, la desigualdad y la pobreza son vitales para el funcionamiento de las economías capitalistas. La desigualdad es necesaria para producir una fuerza de trabajo diversificada, por su papel en la producción de un excedente expropiable y por su función como incentivo para trabajar. La mecanización, la automatización y el ritmo desigual del desarrollo económico producen inevitablemente desempleo, subempleo y pobreza. La desigualdad está en la base de todo el sistema económico de vida.

3.- MEDIO AMBIENTE Y DESIGUALDAD

La teoría marxista señala que la desigualdad se produce inevitablemente en el sistema capitalista. Es una metateoría que trata de las grandes fuerzas que configuran millones de vidas, y que significan poco para la personas, a menos que ella pueda ver como su vida y las circunstancias particulares que la rodean, encajan en los modelos generales predichos por Marx. La teoría del medio ambiente o teoría geográfica, se ocupa de los mecanismos que perpetúan la desigualdad, bajo el punto de vista del individuo. Se preocupa por el complejo de fuerzas, estímulos y fricciones que configuran de forma inmediata el curso de la vida de una persona. Se trata de un análisis a microescala que complementa perfectamente, el análisis de Marx a macroescala.

3.1.- El medio ambiente de los recursos sociales

La lucha individual para ganarse la vida se desenvuelve en cierto medio físico, social y económico. Ese medio ambiente puede ser entendido como una serie de recursos -servicios, contactos y oportunidades- con los cuales interactúa el individuo. El resultado eventual de esta interacción es la producción de bienes y servicios para la sociedad y de salarios para el individuo.

Los componentes más importantes de l medio físico son la casa y el barrio, que influyen en la productividad individual por medio de factores tales como la salud física y mental. Las escuelas, las universidades, los institutos técnicos y otros centros para la formación de la fuerza de trabajo son los elementos socio-constitucionales más influyentes, además de otra amplia variedad de instituciones que juegan también un papel en preparar al individuo para el trabajo. Estos “factores ambientales” vienen a ser los que determinan el “potencial de salarios de la persona y definen la productividad teórica de sus rendimientos siempre que la oportunidad económica fuese ilimitada. No obstante, antes que se pueda obtener esa productividad, se debe tener alguna conexión con las actividades económicas. Las conexiones más significativas son los conocimientos personales, esto es, los amigos y parientes de su medio ambiente social”. La red de relaciones sociales ofrece informaciones sobre oportunidades económicas y un camino abierto para ellas. Las instituciones de formación y las redes de información forman los “recursos sociales” disponibles al individuo. La interacción con las actividades económicas produce los logros y la cantidad de esos rendimientos influye a su vez en el acceso a los recursos sociales.

El núcleo de la idea de una geografía de la desigualdad es la comprensión de que un individuo, al prepararse para el mercado de trabajo, sólo puede aprovechar los recursos sociales de un área limitada de espacio. Esta idea queda mejor explicada en el modelo temporal-espacial de Hagerstrand, que describe el medio de vida cotidiano “en torno al lugar de residencia de una persona”, cuyos límites quedan fijados por las fricciones físicas de la distancia y por la fricción socio-espacial de clase y raza. Cada grupo de edad, clase social, grupo social o sexo tiene un “prisma” diario de diferente tamaño donde se mueve. Para la clase inferior y más discriminada, el prisma se convierte en una prisión, bajo el punto de vista del espacio y de los recursos.

El modelo simple de Hagerstrand sólo incluye algunos de los factores que limitan el alcance del medio ambiente cotidiano de una persona. En tanto, no se trata de ampliar el modelo temporal-espacial relacionándolo con otros modelos de interacción, sino aplicar este concepto a la explicación de la transmisión de la desigualdad. Está claro que un individuo debe obtener servicios, informaciones y relaciones del complejo de recursos sociales, que forman las instituciones del medio ambiente cotidiano a su alcance. No obstante y en primer lugar, la extensión del medio que se puede aprovechar varía con la movilidad y esta a su vez, varía con las cuantías iniciales. En segundo lugar, la densidad de los recursos sociales varía conforme a los diferentes medios ambientes. En tercer lugar y lo más importante, la calidad de los recursos también es distinta; algunos sistemas escolares son mejores que otros, determinados complejos sociales proporcionan más informaciones y de mejor calidad que otros, y así todos los demás. Podemos pensar, pues, que una persona ya viene marcada por determinado medio de ciertas dimensiones, densidad y calidad, al lanzarse en interacción con una superficie de oportunidades económicas, que varía de modo similar en tamaño, densidad y calidad. A través del individuo el medio social interactúa con el nivel de oportunidades económicas para que produzca salarios. Las deficiencias de calidad de cualquier nivel originan salarios bajos. A su vez, salarios bajos influyen el acceso a un medio de recursos sociales, a su calidad y al nivel de oportunidades económicas. Un proceso de círculo vicioso viene a fijar de modo efectivo los parámetros de salarios para la inmensa mayoría de las personas.

3.2.- La inclusión de la clase social

Así pues, los recursos ambientales de una persona y su consecuente acceso al nivel de oportunidades económicas, dependen mucho de los salarios iniciales o de la clase social de sus padres. En otras palabras, de la posición de clase heredada de los padres a través de la calidad de medio social y económico-institucional en que vive los primeros años de su vida. Los padres luchan para mejorar el medio ambiente de sus hijos, confiando así en proporcionarles los medios para que asciendan socialmente. Este esfuerzo para aumentar la categoría del medio ambiente puede ocurrir en el lugar propio, con mejoras en el barrio (inversiones en servicios locales), o emigrando a otro vecindario que proporcione ambiente diario con las características deseadas. Ambas requieren que los padres sacrifiquen el consumo inmediato en pro de la inversión del futuro de su familia. La familia pues, tiene enorme interés en el medio local, ya que representa los sacrificios pasados y las esperanzas de un futuro para la familia. El dominio (conjunto de los ambientes de la vida diaria) utilizado por cierto grupo de familias de clase obrera, por ejemplo, representa una fuente escasa de movilidad social y su disfrute es protegido intensamente frente a otros grupos que podrían debilitar o “contaminar” los recursos básicos contenidos en el territorio. Esta reacción frente a los “forasteros”, que en los E.U.A toma forma clara de discriminación racial y étnica, remonta a la práctica de la reproducción de la fuerza de trabajo para el régimen de trabajo asalariado y se intensifica por una falta general de movilidad social. Aquí es dónde la teoría del medio ambiente debe enlazarse con el análisis marxista, que implica el contexto en que los hombres interaccionan con el medio socio-económico en los países capitalistas.

4.- SÍNTESIS DE TEORÍAS

El funcionamiento normal del sistema económico capitalista produce una serie de clases sociales que tienen distintas funciones y que son desiguales con respecto a su salario, poder y estatus.

Cada clase y hasta cada capa dentro de una misma clase, es llevada a reproducirse a sí misma valiéndose de una parte de los salarios de la generación presente para criar, educar y preparar a la generación de futuros participantes en el sistema de producción. La generación adulta invierte en el medio ambiente de los recursos sociales usado por las generaciones en crecimiento, y la cantidad de dinero colocada en cada clase varía, de modo que la cantidad que puede ser invertida en los recursos sociales varía, produciendo medios ambientes desiguales que perpetúan el sistema de clases.

4.1.- La jerarquía de los medios ambientes

La jerarquía de los diferentes medios de recursos, que componen la geografía social de la ciudad moderna, constituye pues, una respuesta a la demanda jerárquica de trabajo de la economía urbana. Del mismo modo que el sistema capitalista de reproducción origina una estructura de clase social jerárquicas, así también proporciona medios ambientes diferenciados de recursos sociales, en los cuales cada clase se reproduce a sí misma. El cambio en la jerarquía de medios ambientes, es por ello en la estructura espacial de la ciudad, producido bajo la influencia del cambio en la demanda de trabajo que ocurre en el desarrollo económico. En épocas de crecimiento económico, la demanda aumenta para ciertos tipos de trabajo, creando una escasez temporal, salarios más elevados y el incentivo para mayor oferta de esas clases de mano de obra. El desarrollo también proporciona los fondos necesarios para reorientar los sistemas de oferta de la mano de obra, que producen obreros calificados a través de salarios superiores. El capitalismo necesariamente mantiene las desigualdades sociales al confiar básicamente en el régimen de trabajo asalariado para producir nuevas ofertas de trabajo.

A pesar de una estructura intrínseca de tipo desigual, este proceso no produce necesariamente grandes tensiones sociales, pues todos los medios van mejorando y existe la posibilidad de pasar de una capa a otra, de un medio ambiente a otro. Los problemas sólo aparecen cuando una depresión económica invierte el proceso (produciendo salarios bajos, reduciendo servicios y así sucesivamente), o cuando el descubrimiento opresor de la falta de movilidad destruye el mito de que “todo el mundo tienen oportunidad si trabaja suficientemente”. Cuando grupos enteros se dan cuenta de que no tienen ninguna oportunidad para mejorar su suerte, de que un barrio pobre en el centro de la ciudad o un antiguo barrio proletario deteriorado va a ser su lugar o el de sus hijos para toda la vida, el potencial de revuelta aumenta. Una acción semejante ocurrió en los años 60 en los barrios negros de las ciudades americanas. ¿Por qué?

4.2.- Los orígenes de las protestas negras

Marx señaló que a medida que el desarrollo económico avanza bajo el capitalismo, la composición orgánica del capital tiende a cambiar, perdiendo importancia el capital variable y adquiriéndola el capital constante. En términos de clase, este crecimiento del capital fijo crea nuevos empleos en el sector de servicios (en la organización, administración, supervisión y ventas), pero produce disminución en la demanda relativa del sector secundario y especialmente de obras de producción. Desde la Segunda Guerra Mundial, los recursos del medio ambiente mejoraron fuertemente en barrios de trabajadores del sector servicios, en inclusive en algunos del secundario, ya que debían suministrar la demanda de trabajo más educada y más “culturizada”. Las áreas rurales más pobres y los barrios del centro de las ciudades quedaron descuidados debido a la falta de demanda de este tipo de mano de obra. Por ello, los salarios están actualmente abajo del nivel de subsistencia y no dejan ningún excedente para invertir en la mejora del medio ambiente local. Desde luego, el sector de servicios e industrias manufactureras marginales continúan necesitando de mano de obra no calificada, pero la mecanización eliminó el incentivo para calificar esta mano de obra con el objetivo de ser incorporada en la economía industrial normal. La reproducción de mano de obra no calificada sólo necesita de un medio ambiente que pueda mantener simplemente una vida casi vegetativa, que incluye la mínima calificación e inyecta una fuerte dosis de ética del trabajo. Así, las zonas de clases más bajas se ven privadas del dinero necesario para poder llegar a los niveles altos de salud, educación y calificación, que poseen las zonas de clase media. Son reservas internas para el ejército de reserva de los casi sin empleo: son áreas que periódicamente explotan con violencia y que pueden ser la base geográfica de una revolución.

5.- PLANIFICACIÓN DE UNA SOCIEDAD IGUALITARIA

Lograr la igualdad social significa mucho más que la política liberal de redistribuir la riqueza por medio del sistema de impuestos. La verdadera igualdad social sólo se puede lograr alterando las fuerzas que generan la desigualdad; como estas son fundamentales para el funcionamiento del sistema de producción capitalista, la igualdad social implica necesariamente grandes cambios en este sistema y de modo especial el control social de los medios de producción de riqueza. No obstante, la revolución igualitaria presumirá incluso mucho más que eso. Como los rendimientos vienen a reflejar más las necesidades de las familias que las necesidades de un sistema de producción privada de producción, se tiende a idealizar nuevos métodos que reproduzcan socialmente una fuerza de trabajo con calificación diferenciada. La socialización del control sobre la reproducción de la fuerza de trabajo y por consiguiente del medio social es, un corolario de la igualación de los rendimientos.

Los geógrafos pueden acelerar el logro de la igualdad creando modelos alternativos y convincentes para planificar y controlar el medio ambiente. El modelo alternativo más real es el de incrementar el control central y estatal sobre la inversión en el medio ambiente, de los recursos sociales, para asegurar que la igualdad se haga. El problema de ese modelo, es la burocratización y la consecuente falta de sentido de control sobre el propio medio ambiente. Un modelo alternativo y atractivo elaborado por los anarquistas en su forma más completa, implica una propiedad descentralizada, por parte de los trabajadores, de los medios de producción y un sistema entrelazado de control comunitario sobre el medio ambiente. Un debate entre todos los que proponen esos modelos espaciales alternativos ayudaría a crear ideas convincentes sobre el control popular del medio ambiente, del trabajo y de la vida. Las personas se desarrollan en continua respuesta al medio ambiente total y nosotros, que somos de izquierda, creemos que los actuales medios ambientes impiden un desarrollo humano pleno. Podemos ayudar a que nuestra visión del “hombre total” sea realidad, idealizando modelos ambientales que sean igualitarios y liberadores; igualitarios ya que deben proporcionar la pase para una igualdad inherente, y libertadores ya que deben permitir también el desarrollo pleno de cada individuo como persona única. Enfrentamos pues, una tarea casi inabarcable; no obstante, la geografía de la igualdad futura exige nuestra dedicación.

*En: “Anales de la Asociación de Geógrafos Americanos”, 65, 1974; en Christofoletti, SP, 1982.-

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29 Mar 10

LUGAR: Sitio cotidiano, somos constructores de ese lugar pero al mismo tiempo este nos construye, nos da una identidad, son localizables y cambiantes.

NO LUGAR: No generan identidad, son espacios impersonales. Son espacios usados que nos identifican en forma negativa.

TERRITORIO:  Es el espacio Geográfico que efectivamente es usado por la sociedad, o sea aquel espacio que tiene un valor para los actores que lo construyen. Es el contenedor de nuestros lugares y no se reducen únicamente a aspectos jurídicos.

PAISAJE:  “Se alude a la dimensión observable y fisionómica del territorio, es decir, a su modo de presentación a los sentidos. OBSERVABLE: Capacidad de mirar, analizar un territorio, hacer pequeños recortes para observar y generalizar al resto del territorio. FISIONÓMICO: Es encontrar la silueta, la piel esá en relación a los sentidos (feo, rico, etc..)  En una imagen no aparecen los olores.”

REGIÓN: Parte del territorio que puede identificarse, pues posee una unidad tal que la distingue del resto del territorio. La unidad es la característica más importante de este concepto.

> Las definiciones que aquí aparecen están abordadas desde una perspectiva general sin adentrarnos en una corriente paradigmática

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6 Feb 10

Nueva Geografía

Antonio Christofoletti*

La denominación “Nueva Geografía” fue inicialmente propuesta por Manley (1966), considerando al conjunto de ideas y abordajes que comenzaron a desarrollarse y difundirse durante las décadas del ’50. El surgimiento de nuevas perspectivas de abordaje está integrado en la transformación profunda provocada por la Segunda Guerra Mundial en los sectores científico, tecnológico, social y económico. Esta transformación, abarcando a los aspectos filosóficos y metodológicos, fue denominada “revolución cuantitativa y teorética de la Geografía” por Burton (1963), aunque ya se había tomado conciencia de estas tendencias renovadoras desde la década de los ’40.

Intentando superar las dicotomías y los procedimientos metodológicos de la Geografía Regional, la Nueva Geografía se desarrolló intentando lograr una integración mayor de la Geografía en el contexto científico global. A fin de trazar un panorama genérico sobre esta corriente, podemos especificar algunas de sus metas básicas:

Mayor rigor en la aplicación de la metodología científica

Basada en la filosofía del positivismo lógico, la metodología científica representa al conjunto de los procedimientos aplicables a la ejecución de la investigación científica. Presuponiendo que haya unidad en la ciencia, todas sus ramas deben desarrrollarse de acuerdo a pautas conforme a los mismos procedimientos. No hay metodología específica para una ciencia, sí las hay para el conjunto de las ciencias. Hay métodos científicos para la investigación geográfica, pero no hay métodos geográficos de investigación.

En cada ciencia, lo que la diferencia de las demás es su objeto de estudio. Cada ciencia contribuye a la comprensión en el orden y la estructura existente, y el sector de la Geografía es el de las organizaciones espaciales. El abordaje de la Geografía científica está basado en la observación empírica, en la verificación de sus enunciados y en la importancia de aislar los hechos de sus valores. Al separar los valores atribuidos a los hechos de los propios hechos, la ciencia procura ser objetiva e imparcial.

Considerando a la metodología científica como el paradigma para la investigación geográfica, la Nueva Geografía siente la necesidad de mayor rigor en el enunciado y en la verificación de hipótesis, así como en la formulación de las explicaciones para los fenómenos geográficos. Y no se debe solamente explicar lo existente y lo acontecido, sino con base en las teorías y en las leyes, ser capaz también de proponer predicciones. De esta manera, se genera la simetría entre el pasado y el futuro. Por otro lado, en el discurso explicativo hay preferencia por las normas relacionadas con el procedimiento hipotético-deductivo. Es por esa razón que considerando ciertas hipótesis y determinadas condiciones, el resultado del trabajo geográfico debe ser capaz de prever el estado futuro de los sistemas de organización espacial y contribuir de modo efectivo para alcanzar al estado mas apropiado y apto para las necesidades humanas.

Los enunciados geográficos asumen validez en función de su verificación. El criterio de refutabilidad gana importancia. En lugar de depender la validez de la autoridad del geógrafo que observa o describe al fenómeno (o a la región), se pasa a transferirla conforme a los procedimientos de verificación propuestos por la metodología científica. Como resultado inmediato al pretender conocer los temas relacionados con ésta, los geógrafos pasaron a interesarse mucho más en la filosofía de la ciencia.

Desarrollo de Teorías

La falta de teorías explícitamente expuestas en la Geografía Tradicional fue fuertemente criticada por muchos geógrafos. Por esta razón, sobre el paradigma de la metodología científica, la Nueva Geografía también procuró estimular el desarrollo de teorías relacionadas con las características de la distribución espacial de los fenómenos. Se debe anotar aquí, la gran facilidad  con que los geógrafos pasaron a usar las teorías económicas, mayormente las relacionadas con la distribución, localización y jerarquía de eventos.

Teniendo en vista verificar la aplicabilidad de tales teorías, muchos geógrafos pasaron a estudiar estudios de los padrones de distribución espacial de los fenómenos (estudio de distribuciones puntuales, de redes o de otras áreas), mas sin hacer estudio crítico y proponer modificaciones o sustituciones de aquellas teorías. No se encuentra contribución realmente significativa para la teoría geográfica de las organizaciones espaciales. Si existía deficiencia en teorías, esa laguna muchas veces continúa existiendo. Por otro lado con el estudio de los padrones espaciales se aceptaba implícitamente al espacio como la dimensión característica del análisis geográfico y la superficie terrestrecomo su objeto de estudio. Al desplazar el foco de análisis para el de las organizaciones espaciales, se estaba proponiendo una modificación sustancial; pero la inercia de la formación geográfica se mantuvo.

El uso de las técnicas estadísticas y matemáticas

El uso de éstas para analizar los datos recogidos y las distribuciones espaciales de los fenómenos fue una de las primeras características que se destacó en la Nueva Geografía. Y su carisma fue tan grande que se reflejó en la adjetivación empleada por muchos trabajos, la denominación de “Geografía Cuantitativa”.

Indiscutiblemente, el uso de las técnicas de análisis debe ser incentivado porque ellas se constituyen en herramientas, en medios para los geógrafos. El conocimiento de las diversas técnicas de análisis (las simples, las multivariadas y las relacionadas con el análisis seriado y espacial) es básico para el geógrafo. Mientras tanto, usar técnicas estadísticas, por más sofisticadas que éstas sean, no es hacer Geografía. Si el geógrafo recoge innumerables datos e informaciones y los analiza a través del computador, sin tener noción clara del problema a investigar y si no dispone del arsenal teórico y conceptual que le permita interpretar adecuadamente los resultados obtenidos, estará apenas haciendo un trabajo de mecanización, mas nunca un trabajo geográfico.

Infelizmente muchos trabajos pueden ser mencionados para ejemplificar el mal uso de las técnicas o de su elección inadecuada. Mas no se debe por esto, confundir la deficiencia del geógrafo con la incapacidad de la “Nueva Geografía”. Todas las técnicas, adecuadas a los más variados tipos de problemas, están disponibles. Si por ignorancia o por mera facilidad práctica el geógrafo escoge inadecuadamente la técnica a usar, ese procedimiento corresponde al hecho de un médico que receta al paciente un remedio impropio a su enfermedad, pues es el que él conoce o posee. ¿Por eso se debe estigmatizar la Medicina?

El abordaje sistémico

Este abordaje sirve al geógrafo como instrumento conceptual que le facilita tratar los conjuntos complejos, como los de la organización espacial. La preocupación en focalizar las cuestiones geográficas sobre la perspectiva sistémica favorece y dinamiza al desarrollo de la Nueva Geografía.

La aplicación de la teoría de sistemas a los estudios geográficos sirve para focalizar mejor las investigaciones y para delinear con mayor exactitud al sector de estudio de esta ciencia, además de propiciar oportunidad para consideraciones críticas de muchos de sus conceptos. Todos los sectores de la Geografía, están siendo revitalizados por la utilización del abordaje sistémico. Por ejemplo, la introducción del concepto de Geo-sistema por los soviéticos, permitió recomponer y revitalizar al campo de la Geografía Física (Sotchava, 1977).

El uso de modelos

Íntimamente relacionado con la verificación de las teorías, con la cuantificación y con el abordaje sistémico, se desarrolló la construcción de modelos. La construcción de los mismos puede ser considerada como una estructuración secuencial de ideas relacionadas con el funcionamiento del sistema. El modelo permite estructurar al funcionamiento del sistema, con el fin de tornarlo comprensible y expresar las relaciones entre los diversos componentes.

Para el geógrafo, el modelo es un instrumento de trabajo que debe ser utilizado en el análisis de las organizaciones espaciales. Como en la cuantificación, no se debe realizar la construcción y al uso de los modelos por el simple objetivo en sí mismo; es un medio para atender mejor a la comprensión de la realidad.

–> En: Perspectivas da Geografía, SP, 1982.-

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6 Feb 10

Los últimos años de la década de los cincuenta revelaron la existencia de una generación de jóvenes y brillantes geógrafos, conocidos como los “jóvenes turcos”, que constituyeron el núcleo a partir del cual se desarrolló la geografía cuantitativa.

El factor principal que hizo posible la unidad del grupo (bajo su reconocido líder Brian J. Berry), fue la dedicación y empeño por parte de sus componentes en modernizar y convertir la geografía tradicional en una disciplina científica, mediante una revolución dentro de las técnicas y métodos geográficos. En particular, se insistió en la introducción de métodos estadísticos avanzados y en el uso de la tecnología cibernética, hasta entonces prácticamente desconocidos por la geografía.

Este movimiento se dirigió hacia diferentes áreas. Un ejemplo claro lo hallamos en la teoría de la localización (Iocation theory) que puede verse como una extensión teórica de la escuela de ecología cultural de Chicago a la que se han añadido elementos de la teoría de los lugares centrales (central place theory) desarrollada por Christaller, Lösch y otros. La utilidad de la “teoría de la localización” ha sido importante en el estudio de la localización de industrias, de servicios (hospitales, escuelas, etc…), de transportes, y en el análisis regional. La teoría de los lugares centrales, por su parte, ha conducido al análisis de redes urbanas, a la clasificación de ciudades y al estudio de la jerarquía urbana, por ejemplo.

Partiendo de los mismos orígenes se ha desarrollado también la teoría de la difusión, que adquirió mayor complejidad al tener en cuenta al comportamiento humano.

Existen otros campos que vale la pena mencionar, tales como el análisis de área social (social area analysis) y la influencia de la sicología en la geografía del comportamiento (behavioral geography).

La bibliografía existente referente a la geografía cuantitativa es voluminosa, pero en los que nos atañe basta mencionar algunos temas que resumen bastante bien los intereses y preocupaciones de la geografía cuantitativa: la organización espacial de la sociedad, el movimiento de ideas, productos y población, el comportamiento espacial humano, la estructura espacial, la interacción espacial, etc.

El concepto clave sobre el cual se sustenta la geografía cuantitativa es el concepto de “espacio”, entendido como algo abstracto y por lo tanto provisto de mayor rigor; es un concepto cuantificable, y que por lo tanto tiene un valor científico superior, puesto que para los geógrafos cuantitativos la cuantificación está en la base de lo científico. Este concepto ha desempeñado para estos geógrafos un papel casi de fetiche, dado el lenguaje y el culto inconsciente del cual ha sido objeto.

La geografía cuantitativa implicó una renovación total de la metodología y teoría geográfica. Por otra parte sacó al geógrafo de los centros docentes y de investigación para llevarlos al mundo de la industria, los negocios, el comercio y la administración. Este cambio se llevó a cabo en un período de tiempo relativamente corto, y a finales de la década de los sesenta los que en un tiempo fueron los jóvenes rebeldes de la geografía se hallaban sólidamente asentados dentro de las universidades, asociaciones profesionales, etc. La estructura de poder en la institución geográfica cambió por completo; la nueva generación había reemplazado en los puestos de poder a los geógrafos tradicionales que se negaron a cambiar o no pudieron hacerlo.

Esta revolución dentro de la ciencia geográfica corresponde bastante bien a lo que Kuhn y Johnson estudiaron y plantearon en el caso de las ciencias físicas y económicas respectivamente, es decir a la aparición, crisis y reemplazamiento de un paradigma científico. En el caso concreto de la geografía cuantitativa, ésta logró en menos de diez años superar el viejo paradigma de la geografía tradicional e imponer uno nuevo, pero éste a su vez evidencia una creciente incapacidad para aportar respuestas a nuevas preguntas y problemas, y queda abierto a la crítica; ¿Son los métodos cuantitativos explicativos? ¿Son estos métodos válidos para el análisis, o bien son tan sólo un sistema refinado y complicadísimo de descripción?

El primer intento real hacia la formulación de una estructura teórica para la geografía moderna fue hecho por W. Bunge en su Theoretical Geography, (1962); esta obra se basa en la teoría del lugar central, considerada como la única estructura teórica verdadera que la geografía haya poseído, generado y desarrollado en el seno de la disciplina misma.

La obra de Bunge inició un debate continuo, no sólo sobre problemas teóricos y metodológicos sino también sobre cuestiones profesionales y éticas.

Hacia los años sesenta la geografía cuantitativa cesó de ser un fenómeno circunscrito a Norteamérica, y el debate sobre la misma alcanzó a Gran Bretaña, apareciendo una obra clave en el desarrollo de esta tendencia, el libro sobre la “explicación en Geografía” (ExpIanation in Geography, 1969) de D. Harvey.

A pesar de los largos años de discusión dedicados a resolver la contradicción existente en el seno de la geografía cuantitativa, las contradicciones permanecen y el debate sigue abierto aunque se desplaza esencialmente a un terreno nuevo, el ideológico.

Es interesante observar que los que más sinceramente se empeñaron en buscar alternativas dentro de a geografía cuantitativa y resolver las contradicciones que ésta planteaba, como Bunge y Harvey, son hoy las figuras claves del movimiento que ha criticado más fuertemente y reaccionado contra la misma geografía cuantitativa: la geografía radical.

->  En: Geogríctica, UEB, 1978.-

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6 Feb 10

En geografía, técnicas tales como la elaboración de mapas, los “métodos” de enseñanza, o las exposiciones históricas sobre el desarrollo de la ciencia se toman con frecuencia, erróneamente, como metodología. La metodología propiamente trata de la posición y objeto de una disciplina dentro del sistema total de las ciencias, y del carácter y naturaleza de sus conceptos.

La metodología se enriquece con el cambio y la evolución. En una ciencia activa los conceptos están siendo continuamente refinados o totalmente desechados. Las leyes y las hipótesis son, según los casos, confirmadas o descartadas o, en ocasiones, reducidas a la situación de aproximaciones más o menos satisfactorias. La metodología es la lógica de este proceso, por ello las discusiones metodológicas son una señal de salud.

En 1928 que la metodología que Hettner acababa de publicar era en lo esencial una colección de artículos que tenían veinte o treinta años, en un momento en que casi todas las ciencias experimentaban cambios y progresos casi febriles. Si pasamos a Norteamérica, podemos añadir que en 1939 Hartshorne3 volvió a formular muchas de las ideas de Hettner con pocos cambios y escasa crítica. Y lo que es peor todavía, la propia obra de Hartshorne, indudablemente un hito importante en la historia del pensamiento geográfico norteamericano, ha permanecido indiscutida en los trece años que han transcurrido.

Alexander von Humboldt, que ha sido llamado, con razón, el padre de la ciencia geográfica, fue también el primer autor relativamente moderno que prestó atención a la lógica de sus conceptos.

La geografía, junto con la historia, aparece como la “ciencia integradora”, completamente distinta a las otras disciplinas y cuya única importancia encuentra su expresión en los métodos especiales que debe usar para alcanzar sus profundos resultados.

Los resultados reales de la investigación geográfica, aunque no deben ser minimizados, están un poco faltos de estas profundas y grandiosas visiones que uno esperaría de tan exuberantes caracterizaciones de la disciplina. En realidad el desarrollo de la geografía ha sido más lento que el de algunas de las otras ciencias sociales, como por ejemplo la economía.

Con el desarrollo de las ciencias naturales en los siglos XVIII y XIX quedó claro que la mera descripción era insuficiente. La descripción, incluso si es seguida por una clasificación, no explica la forma en que se distribuyen los fenómenos en el mundo. Explicar los fenómenos que se han descrito significa siempre reconocerlos como ejemplos de leyes. En geografía las variables fundamentales desde el punto de vista de la elaboración de patrones son naturalmente las espaciales, están regidas por leyes.

Con el notable desarrollo de la geofísica, la astronomía y la geología, la geografía ya no puede seguir tratando de todo nuestro planeta, sino sólo de la superficie del mismo y “de los fenómenos terrestres que ocupan su espacio”.


Humboldt y Ritter reconocieron como el objeto fundamental de la geografía el estudio de la forma en que los fenómenos naturales, incluyendo el hombre, se distribuyen en el espacio. Esto implica que los geógrafos deben describir y explicar la forma en que las cosas se combinan “para ocupar un área”. Naturalmente estas combinaciones se modifican de un área a otra.

Lo que importa en geografía son las relaciones espaciales y no otras. Las relaciones no espaciales existentes entre los fenómenos en un área constituyen el objeto de otros especialistas tales como los geólogos, antropólogos y economistas.

Las investigaciones de los geógrafos sean geógrafos físicos, económicos o políticos, son de dos diferentes tipos: sistemáticas o regionales. Una región contiene, sin duda, una combinación singular, única, e incluso en algunos aspectos uniforme, de especies o categorías de fenómenos. En el caso de la geografía sistemática, su método no es diferente en principio del de cualquier otra ciencia social o natural que trate de establecer leyes o lo que significa lo mismo, haya alcanzado la fase sistemática. Las relaciones espaciales entre dos o más clases específicas de fenómenos deben ser estudiadas en toda la superficie terrestre para poder obtener una generalización o ley.

La actual falta de claridad acerca del papel relativo y de la importancia de la geografía regional y de la sistemática puede probablemente ser rastreada según la preferencia dada a una u otra en los distintos períodos de la historia de la disciplina. El geógrafo físico, al sentir más de cerca el impacto del desarrollo de las ciencias naturales, sintió a veces la necesidad de instrumentos específicamente propios en la forma de funciones, reglas o leyes. A fines del siglo XIX, en que se concentró sobre la investigación sistemática a expensas de los estudios regionales.

A comienzos de nuestro siglo, cuando el interés comenzó a desplazarse hacia la geografía social o humana, los geógrafos sociales, en buena parte como reacción frente a esta exclusiva concentración en los estudios sistemáticos por parte de los geógrafos físicos, desdeñaron los someros esfuerzos sistemáticos que, en ausencia de una adecuada ciencia social a la que recurrir, intentaban hallar las leyes que regulaban los aspectos espaciales de las variables sociales.

A estos hombres debemos la masa de la bibliografía descriptiva que, naturalmente, contiene mucho material valioso. En aquellos casos en que superaron sus creencias metodológicas actuaron con gran percepción o más bien con una especie de intuición artística. Pero, en cambio, en todos sus escritos metodológicos se alineaban con los oponentes del método científico.

En su versión contemporánea la discusión adopta la forma del viejo cuento del huevo y la gallina, discutiendo todavía la importancia relativa de la investigación sistemática y de la regional. Hettner creía que el núcleo de la geografía era lo regional. Hartshorne pensaba que la geografía sistemática es realmente indispensable para la investigación regional cualquiera que lo prefiera, o que por temperamento sea apto para ella, deberá al mismo tiempo cultivar la sistemática, aunque opinaba que el corazón de la geografía es, a pesar de todo, el estudio regional

La geografía sistemática tendrá siempre que obtener sus datos de la geografía regional, al igual que la física teórica contará siempre con los trabajos de laboratorio. Más aún, la geografía sistemática recibe una gran orientación de la geografía regional en lo que respecta al tipo de leyes que debería buscar.

Hettner, al igual que Kraft, habló de los enfoques complementarios que originan un “dualismo” que sitúa la geografía aparte de todas las otras disciplinas. Ya debería estar claro que en realidad no hay en todo ello nada exclusivo o peculiar de la Geografía.

Sin embargo, este llamado “dualismo” ha sido citado en apoyo de la pretensión de que la geografía es una disciplina metodológicamente única. Tampoco la complejidad de la situación con la que se enfrenta el geógrafo regional es en ningún sentido tan fuera de lo ordinario para que éste tenga una tarea singularmente difícil de “integración”, según otro significado del brillante término. Muy al contrario está al mismo nivel que los otros científicos sociales. Cuando el economista aplica sus generalizaciones o leyes a un orden económico dado no solamente trata con la complejidad de la situación puramente económica, sino que tiene en cuenta los factores políticos, psicológicos y sociales que las influyen.

Hemos visto que existe un amplio grupo de ideas que son variaciones de un mismo tema: la geografía es muy diferente de las demás ciencias sociales, metodológicamente única, por así decir. Esta posición influyente y persistente en sus diversas variaciones merece un nombre particular. Yo denominaré excepcionalismo y por el momento investigaré acerca de algunas de sus raíces históricas.

Kant postuló la posición excepcionalista no sólo para la geografía, sino también para la historia. Según él tanto la historia como la geografía se encuentran en una posición excepcional, diferente a la de las llamadas ciencias sistemáticas. Esta agrupación de la geografía con la historia ha inducido a muchos autores posteriores a elaborar la pretendida similitud con el fin de obtener algún conocimiento acerca de la naturaleza de la geografía.

La historia y la geografía podrían ser denominadas, por así decir, una descripción, con la diferencia de que la primera es una descripción según el tiempo y la segunda una descripción según el espacio. De aquí que la historia y la geografía aumenten nuestro conocimiento respecto al tiempo y al espacio.

En primer lugar, la distinción tal como ha sido propuesta es en sí misma insostenible. La  física, no descuida las coordenadas espacio-temporales, de los objetos que estudia. Sólo hay que pensar en la astronomía newtoniana para darse cuenta inmediatamente lo equivocado de esta idea La respuesta, me parece, es histórica. Cuando Kant escribió este pasaje en su juventud, no había experimentado aún todo el impacto de la ciencia newtoniana.

En segundo lugar, ya observamos que la noción de la geografía resultante es descriptiva en el más estricto sentido del término. Evidentemente, por el solo hecho de que Kant pensara que no existían leyes de la geografía o de los procesos socio-históricos, no se sigue que éstas no existan. Históricamente se puede comprender la razón de que mantuviera tales puntos de vista a mediados del siglo XVIII. Las grandes contribuciones de Voltaire, Hume y Adam Smith pertenecían todavía al futuro o no habían penetrado aún en los recintos académicos de la provinciana Konigsberg (un simple vistazo a la Geografía moral de Kant o como diríamos hoy antropología comparativa, basta para convencer a cualquiera de que es tan groseramente clasificatoria y enumerativa como su Geografía física).

El encanto literario del Cosmos ha eclipsado, desgraciadamente, este hecho. Pero no debe olvidarse que juzgar a Humboldt como geógrafo por lo que dijo en su Cosmos es como juzgar la contribución de Darwin a la biología a partir del diario que llevó en el Beagle.

Es lamentable que Hettner, y siguiendo a él Hartshorne, confundieran esta exposición con un examen de la metodología de la geografía. Realmente Humboldt no es una autoridad correctamente citada en apoyo del excepcionalismo. No debemos confundirnos por el hecho de que el gran Kant denominara un día geografía a lo que en la terminología de Humboldt es cosmología.

Ambas, en contraste con otras disciplinas, integran fenómenos heterogéneos entre sí. Estos fenómenos son también únicos. Ningún acontecimiento histórico, ni ningún período histórico es igual que otro. En geografía tampoco existen dos fenómenos o dos regiones que sean iguales. Ambas ciencias se enfrentan así con el problema de explicar lo único.

El uso del término historia en la discusión metodológica es asombrosamente ambiguo. En aras de la precisión se le dará aquí por el momento sentido muy restringido. La historia o la investigación histórica es la indagación de acontecimientos que ocurrieron en el pasado. Naturalmente, no todos los acontecimientos pasados son de igual interés para el historiador.

El historiador no es ya un historiador en el sentido restringido del término y trata de ajustar los hechos investigados a modelos. Es esto lo que todos los historiadores tratan de hacer, tanto si son conscientes de ello como si no lo son. Entonces, desde un punto de vista lógico, cabe preguntarse qué están haciendo. En este punto comienza la discusión.

Los datos que se encarga de recoger el historiador en sentido restringido del término no son más que materia prima para el científico social. En otras palabras, aparte de las dificultades técnicas que han sido mencionadas, no hay en principio ninguna diferencia entre el uso del último censo que realiza un científico social, por un lado, y, por otro, el uso que hace de aquellas variables de un censo romano que han sido establecidas por los historiadores.

Al colectar los hechos, el historiador hace lo que el geógrafo regional realiza al reunir los suyos. Al tratar de comprenderlos o, mejor, explicarlos, hace exactamente lo que hace el geógrafo regional al aplicar la geografía sistemática a su región. En este sentido, la historia es una ciencia o, de forma menos ambigua es ciencia social aplicada a las condiciones de una “situación histórica especial”.

El historicismo mantiene que hay una manera alternativa, radicalmente diferente, de comprender el pasado o, en este caso, el presente como un producto del pasado. El fundamento de ello es la creencia de que simplemente ordenando los acontecimientos pasados en su sucesión temporal aparecerá alguna especie de modelo “significativo”, ya sea cíclico, progresivo, o de otro tipo.

La principal dificultad de la tesis en favor de la singularidad es que, como dice Max Weber, prueba demasiadas cosas. En las leyes físicas, cuando se han encontrado unas leyes o un conjunto de variables, tales que dos objetos o situaciones coincidan en estas variables o índices, aunque sean diferentes en otros aspectos, se admite que el futuro de los objetos respecto a estos índices será también predecible. Hasta qué punto y cuánto se alcanzará en otros campos un estado tan satisfactorio como el anterior es una cuestión práctica, que será decidida por comprobaciones y errores, pero que no puede ser juzgada por un argumento pseudo metodológico.

Ciertamente el reciente desarrollo de las ciencias físicas debería levantar dudas a cualquiera que trate de negar sobre estos supuestos la unidad lógica de las ciencias. Llevando todo esto al campo de la geografía, podemos decir que la diferencia entre las diferencias de dos regiones “únicas”, por una parte y las igualmente numerosas diferencias entre nuestras dos piedras por otra, es simplemente una cuestión de grado.

Lo que verdaderamente hacen los científicos es esto: aplican para cada caso concreto juntamente todas las leyes que conciernen a aquellas variables que consideran más importantes. Las reglas por las cuales estas leyes se combinan, reflejando lo que se denomina la interacción de las variables, se encuentran entre las regularidades que la ciencia trata de explicar

Por lo tanto, las generalizaciones en forma de leyes son inútiles, si no imposibles, y cualquier predicción en geografía tiene un valor insignificante12. De esta manera llega a la misma conclusión que Kant después de largas discusiones: “Ambas, la geografía y la historia, podrían ser descritas como ciencias ingenuas “naive sciences”, examinando la realidad desde un punto de vista ingenuo, mirando a las cosas tal como están dispuestas actualmente, en contraste con la más sofisticada y artificial presentación de las ciencias sistemáticas que sacan de su situación verdadera a cierta clase de fenómenos”

No obstante es falso, o al menos puede conducir a error, oponer la geografía sistemática a la regional como una especie de ciencia pura y ciencia aplicada. La verdad es que no hay tal distinción metodológica entre ciencia pura y aplicada. Sólo hay ciencia y ciencia aplicada.

Las leyes que los científicos “puros” buscan no son en absoluto diferentes de los que ellos mismos o sus colegas aplicados utilizan. Inversamente, algunas de las más importantes ideas teóricas han sido sugeridas por problemas técnicos.

El geógrafo regional que explica algunas características de la región mediante el uso de leyes aplica éstas en un sentido. El planificador regional o conservador del suelo aplica las mismas leyes en un sentido diferente de aplicación. De hecho es un ingeniero social. El alto prestigio y el justificado interés que despierta la aplicación en el sentido de tecnología social es, para bien o para mal, una de las más sobresalientes características de nuestra civilización.

La más seria dificultad que todas las ciencias sociales comparten, es su limitada o falta total de experimentación. Desde luego, es igualmente verdad, y ha sido frecuentemente observado, que tampoco puede experimentarse en astronomía y a pesar de ello la astronomía es la más antigua, la más precisa y la más fructífera de las ciencias naturales.

En cuanto a otra dificultad, la cuantificación, que nos permite usar los ricos recursos de la inferencia matemática, no se consigue fácilmente en las disciplinas sociales. En este sentido la geografía y la economía están, al parecer, en una situación algo mejor que, por ejemplo, la ciencia política o la sociológica.

Hay un aspecto importante en el que la geografía difiere de las otras ciencias sociales. Estas últimas, al madurar, se concentran más y más en el descubrimiento de leyes de procesos, es decir, leyes que son en un aspecto importante como las leyes de la astronomía newtoniana.

Las leyes estrictamente geográficas no contienen referencias al tiempo y al cambio. Con ello no pretendernos afirmar que las estructuras espaciales que exploramos no sean como cualquier estructura, el resultado de procesos.

En primer lugar, un mapa no es sólo una descripción taquigráfica, sino en un sentido bastante literal una imagen, exactamente igual a como un plano es una imagen de una máquina. En segundo lugar, las imágenes que nosotros construimos por medio de los diferentes signos cartográficos son deliberadamente selectivas en dos aspectos: cartografiamos sólo aquellas características en las que estamos interesados en aquel momento y despreciamos todas las diferencias entre las entidades que representamos por los mismos símbolos. En tercer lugar, puesto que los mapas constituyen isomorfos espaciales reflejan directamente no sólo las diversas características que tratamos de correlacionar, sino también las mismas correlaciones. Se trata de un instrumento especial de generalización y análisis que no es usado por ninguna otra ciencia tanto como por la geografía.

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6 Feb 10

Paul Vidal de La Blache, que fue el creador de la Geografía Humana en Francia, mostró que el carácter científico de esta geografía remonta a dos geógrafos alemanes: Alejandro Von Humboldt (1769-1859) y Karl Ritter (1779-1859), ya que los dos demostraron que entre los fenómenos físicos y los fenómenos de la vida existen relaciones constantes de causa efecto, pero cada uno de ellos poseía su forma original de concebir esta conexión.

Humboldt, sobretodo naturalista, se interesó en estudiar los fenómenos físicos y en mostrar, por ejemplo, la influencia de los factores como la altitud, la temperatura, la humedad, la sequía sobre las formaciones vegetales. Autor de Allgemeine vergleichende Geographie, provisto de una fuerte cultura histórica, K. Ritter muestra que en Geografía Humana la naturaleza no es el único poder causal y que el propio hombre es, en la superficie de la Tierra, un agente de transformación y de vida.

Es en este camino que la Geografía Humana permaneció, con dos maestros de escuelas, Ratzel en Alemania y Vidal de La Blache en Francia. Sus doctrina y sus enseñanzas fueron divulgadas en casi todos los países, inspirando aquí y allá obras que contribuyeron a difundir la nueva ciencia y en hacer penetrar los principios y las lecciones fuera de los medios intelectuales, hasta en las esferas de alta cultura.

Al inicio, la Geografía Humana aparece como el estudio de las relaciones de los hombres con el medio físico. Esta noción nos viene sobre todo de la Geografía Botánica, por intermedio de Humboldt y de Berghans y particularmente, de esa ciencia botánica llamada Ecología, que estudia hasta qué punto los factores del clima y del suelo determinan la vida de las plantas.

El geógrafo tiene la tarea de encadenar los hechos humanos con las causas naturales que forman parte. El entendimiento de esas causas nos aclara sobre los modos de vida y los hábitos materiales de los hombres. Esta influencia del medio físico ambiental, como dicen ciertos americanos, se manifiesta en todas partes, en todos los dominios de la actividad humana, en ejemplos entre los cuales el geógrafo sólo tiene que escoger. Se encuentran en una dependencia casual, frente a frente, los tres términos de una asociación que une estrechamente una planta, un animal doméstico y un modo de vida.

¿No huyo del punto de vista del desarrollo de la civilización una profunda diferencia entre Europa, localizada en el corazón del hemisferio occidental y Australia, aislada en medio de mares inmensos?. ¿Las penínsulas y las islas no contribuyeron a formar individualidades humanas, a Estados?. ¿La separación de Portugal en relación a España no se explica, en parte, del lado del Oeste por su posición oceánica, del lado del Este por el relieve accidentado y las gargantas salvajes que lo aíslan de España?

Al llevar hasta el fin esta primera definición de Geografía Humana, se percibe que ella no podría abarcar todo el estudio de las relaciones humanas con el medio físico. El hombre tiene una anatomía, una fisiología, unas patologías que derivan de caracteres hereditarias y cuyo estudio constituye la Antropología y la Medicina. Tratemos de rectificar nuestra primera definición.

La Geografía es el estudio de los grupos humanos en sus relaciones con el medio físico. Lo que ella estudia son a los hombres como colectividades y grupos: son las acciones de los hombres como sociedades.

Tan lejos como se pueda bucear en el pasado, constatamos que vivir en sociedades, vivir con los semejantes que comparten los mismos modos de vivir, es un estado inseparable de la naturaleza humana. Los esfuerzos como la construcción de dólmenes, la organización de la irrigación en la Mesopotamia y en Egipto, como la domesticación de animales, sólo podrían ser emprendimientos colectivos.

Esta definición aún no es suficiente para abarcar todo el concepto de Geografía Humana, y existe una última corrección que nos aproxima definitivamente a la realidad

La Geografía Humana es el estudio de los grupos humanos en sus relaciones con el medio geográfico. La expresión de medio geográfico es más comprensiva que la de medio físico; ella engloba no solamente las influencias naturales que pueden ejercerse, sino también cuan influencia que contribuye a formar el medio geográfico, el ambiente total, la influencia del propio hombre.

En el inicio de su existencia, la Humanidad fue ciertamente esclava, por su dependencia de la naturaleza. El Hombre se transforma en un agente de la naturaleza transformando a fondo el paisaje natural, creando asociaciones nuevas de plantas y animales, los oasis para los cultivos de irrigación, las formaciones vegetales como el matagal y la charneca en detrimento de la selva. Y esas transformaciones se extienden por diversas regiones porque hay, de grupo en grupo de hombres, migraciones, préstamos, imitaciones. Y esa acción de las sociedades humanas sobre la naturaleza es tanto más rica y más fuerte cuando sus iniciativas las han transformado en más capaces de ampliar su radio de acción, de alcanzar más.

En nuestro días, la acción del hombre sobre la naturaleza se está ampliando aún más en razón de las armas que la ciencia le está dando y que el dominio de los transportes le aseguran sobre las distancias

Esta definición de Geografía Humana nos permite concebir de forma concreta cual es su objeto de estudio y determinar los cuadros y los límites. Ella comprende cuatro grandes grupos de problemas que resultan precisamente de las relaciones de las sociedades humanas con el medio geográfico.

En primer lugar está la valorización hecha por las sociedades humanas de los recursos que la naturaleza ofrece o lo que ellas conquistan sobre ella; son modos de vida tales como los modelan las grandes zonas naturales: la vida humana en las regiones frías; la vida humana en las regiones templadas; la vida humana en las regiones áridas; la vida humana en las regiones cálidas, comparándose cada una de esas zonas, su contingente de plantas cultivadas y de animales domésticos; la vida humana de montaña, la vida humana en el litoral.

En segundo lugar está la elaboración progresiva por las sociedades, en el correr de los tiempos a través del espacio, de los diferentes procedimientos por los cuales ellas tienen, para su subsistencia, el uso de los recursos naturales, desde los más elementales hasta los más complejos: se trate de la cosecha, de la caza, de la pesa, o de la agricultura y la cría de ganado, de la industria o del comercio, del trueque y de los transportes. Se trata en suma, de la evolución de un tipo de civilización.

En tercer lugar está la distribución de los hombres en función de las condiciones de la naturaleza y de los recursos creados por su explotación: la extensión de la Humanidad, sus efectivos y su densidad, sus movimientos y sus migraciones.

En cuarto lugar están las instituciones humanas, esto es los modos de ocupación de la tierra desde las formas más simples hasta los grupos más complicados, desde la casa y la aldea hasta las ciudades y los Estados.

2.- El Método de la Geografía Humana

Concebir y limitar el contenido y el objeto de la Geografía Humana no basta. Son necesarios principios de método, sea para entenderla mejor, sea para no apartarse de ella. He aquí los principios esenciales de este método.

Primer Principio:

No se debe creer en Geografía Humana en una especie de determinismo brutal, en una fatalidad resultante de los factores naturales. La causalidad en Geografía Humana es muy compleja. Con su voluntad e iniciativas el propio hombre es una causa que traza perturbaciones a aquello que podría parecer del orden natural

Segundo principio:

La Geografía humana debe trabajar apoyándose en una base territorial. En todos los lugares donde vive el hombre, su modo de vida implica una relación necesaria entre él y el sustrato territorial. Es precisamente la consideración de este lazo territorial que diferencia a la Geografía Humana de la Sociología. , lo propio de la Geografía Humana es constatar que el hombre no puede ser estudiado sin el suelo que él habita y que el suelo es el fundamento de cualquier sociedad. Se puede decir que cuanto más larga y rica es esta base, más profundas son las relaciones entre ella y sus habitantes. Cuanto más fuerte es la densidad de población  más intensiva la explotación de la tierra, más estrechos se transforman esos lazos.

Tercer principio:

Para ser comprensiva y explicativa, la Geografía Humana no puede atenerse solamente a la consideración del estado actual de las cosas. Es preciso encarar la evolución de los hechos, esto es, recurrir a la Historia. Muchos hechos que, considerados en función de las condiciones presentes aparecen como fortuitos se explican desde que se los considera en función del pasado. La Historia abre vastos horizontes sobre el pasado que vio suceder tantas experiencias humanas. Esta noción de edad, de evolución, es indispensable. Sin ella la razón de lo que existe se nos escaparía frecuentemente. Por ejemplo, ¿la Geografía Urbana podría soslayar la Historia? ¿Cómo explicar Roma, París o Londres sin conocer su pasado?. ¿Cómo comprender la población de un viejo país como Francia, si no conocemos la historia de la agricultura, de la deforestación, del parcelamiento de los campos, de los trabajos de drenaje y de represamiento? Todo el estudio de esta conquista del suelo fue hecha en base a la Historia.

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19 Sep 09

Vidal de La Blache

Las características propias de la Geografía

La Geografía es considerada como alimentándose de la mismas fuentes de datos que la Geografía, la Física, las Ciencias Naturales y, de cierta forma, de las Ciencias Sociales. Ella se sirve de nociones, algunas de las cuales son objeto de estudio profundizado en las ciencias vecinas: de allí viene entonces la crítica que se hace a veces de la Geografía, la de vivir de prestado y de intervenir indiscretamente en el campo de otras ciencias, como si hubiese compartimientos reservados en el dominio de la ciencia. En la realidad, como veremos, la Geografía posee su propio campo. Lo esencial es considerar qué uso ella hace de los datos sobre los cuales se especializa. ¿Será que ella aplica métodos propios? ¿Será que tras nuevos horizontes, de donde las cosas puedan aparecer con una perspectiva especial, las muestra desde un nuevo ángulo?

La Unidad Terrestre

La Geografía abarca, por definición, al conjunto de la Tierra. Este fue el mérito de los matemáticos-geógrafos de la antigüedad (Eratóstenes, Hiparco, Ptolomeu), el de colocar en principio la unidad terrestre, el de hacer prevalecer esta noción encima de las descripciones empíricas de las regiones. Es sobre esta base que la Geografía pudo desarrollarse como Ciencia. La idea de correspondencia, de solidaridad entre los fenómenos terrestres, penetró y tomó cuerpo, muy lentamente en la realidad, porque se trataba de apoyarla sobre hechos y no sobre simples hipótesis.

Si existe un dominio donde la unidad terrestre se manifiesta claramente, éste es el de las masas líquidas que cubren 3/4 del globo y el océano atmosférico que lo envuelve. En los movimientos de la atmósfera, “no se puede aislar ninguna parte, pues cada una actúa sobre la vecina” (Dove). (…). Las partes del océano están en íntima comunicación por una circulación de fondos y de superficie.

La parte sólida del globo también sufre la participación de una dinámica general. El conjunto de datos tectónicos, que las exploraciones hechas en las diversas regiones de la Tierra, contribuyó para que Eduard Suez pudiese edificar sobre ellas una síntesis.

Esta idea de unidad es común, sin duda, a todas las ciencias que tocan la física terrestre, así como a las que estudian la repartición de la vida. La insolación, la evaporación, el calor específico del agua y de la tierra, los cambios en los estados del agua, etc.; se comprenden a través de la comparación recíproca de las diversas partes del globo. La ley de gravedad domina toda la diversidad de las formas de erosión y de transporte, y se manifiesta así en su plenitud. Toda especie viva está en perpetua tensión de esfuerzo para adquirir o defender un espacio que le permita subsistir, y esto sirve de guía al naturalista. El conocimiento de estos hechos que, en órdenes diversos y en grados diferentes, contribuyen para fijar la fisonomía de la Tierra, resulta de un conjunto de observaciones donde cada parte del globo debe, tanto como sea posible, trazar su testimonio. Cada ciencia realiza, en este sentido, la tarea que le es propia; mas no se puede decir por ello que las mismas hacen el papel de la Geografía: éste es el papel que se debe precisar.

La combinación de los fenómenos

La Geografía, inspirándose como las ciencias vecinas en la idea de la unidad terrestre, tiene como misión especial procurar cómo las leyes físicas o biológicas que rigen el globo, se combinan y se modifican aplicándose a las diversas partes de la superficie. Ella tiene como objetivo especial estudiar las expresiones cambiantes que reviste, conforme a los lugares, la fisonomía de la Tierra. (…).

El análisis de esos elementos, el estudio de sus relaciones y de sus combinaciones componen toda la trama de la investigación geográfica. No se puede más que cuestionar según este punto de vista, una antinomia de principio entre dos especies de Geografía: una que bajo el nombre de Geografía General, sería la parte verdaderamente científica; y la otra que se aplicaría, teniendo como hilo conductor solamente una curiosidad superficial en la descripción de las regiones. De cualquier manera que se enfoque, son los mismos datos generales, en sus encadenamientos y en su correlación, que se impone la atención. Estas causas, si se permite usar esta palabra tan ambiciosa, al combinarse originan las variedades sobre las que el geógrafo trabaja: sea cuando el se propone determinar los tipos de clima, formas del suelo, del hábitat, etc., como hace cuando trata Geografía General; sea cuando él se esfuerza por caracterizar las regiones, hasta la descripción, pues lo pintoresco no le es prohibido.

Las superficies

El campo de estudio, por excelencia, de la Geografía es la superficie; ésta es el conjunto de los fenómenos que se producen en la zona de contacto entre las masas sólidas, líquidas y gaseosas, que constituyen el planeta. Este contacto es el principio de fenómenos innumerables, de los que apenas algunos están definidos; ellos actúan como un reactivo para colocar en evidencia las energías terrestres.

Entre las superficies que estudia la Geografía, las de la litosfera tienen la ventaja de conservar mas o menos la impresión de las modificaciones que ellas sufrieron desde su origen. Ellas presentan, por ello, un interés particular y abren una nueva fuente de aprendizaje. Es como un cuadro registrador, sobre el cual el estado presente de las formas se revela a continuación de los estados anteriores. A través de las formas que pertenecen al ciclo actual de evolución, se distinguen lineamientos de las que preceden. (…). La obra del pasado persiste a través del presente como la materia sobre la cual se ejercen las fuerzas actuales. A partir de ahí, estamos en plena Geografía.

Los aspectos de la superficie sólida se revelan así, como el resultado de modificaciones incesantemente remanejadas de época en época; representa una secuencia y no un estado una vez dado y surgido de repente. Las formas actuales, sólo son inteligibles si se las focaliza en la sucesión de la cual forman parte.

La fuerza del medio y la adaptación

Recorramos ahora la observación. Lo que la observación y el análisis encuentran en esas superficies donde se imprimen los fenómenos, no son casos aislados, trazos incoherentes, son grupos de formas obedeciendo a una acción de conjunto, unidas por afinidades y trabajando en común para eliminar de la superficie lo que no conviene más a las condiciones actuales.

Un bosque es una especie de ser colectivo donde coexisten en una armonía provisoria y no a prueba de cambios, árboles, vegetales de tipo rastrero, hongos y una multitud de huéspedes igualmente subordinados, insectos, termitas, hormigas. Así, las cosas se presentan a nosotros en grupos organizados, en asociaciones regidas por un equilibrio que el hombre perturba incesantemente o, conforme los casos, reordena.

La idea de medio, en esas diversas expresiones, se precisa como correlativa y sinónima de adaptación. Ella se manifiesta a través de las series de fenómenos que se encadenan entre si y son puestos en movimiento por causas generales. Es por esas causas que incesantemente retornamos a las causas del clima, de estructura, de soporte vital, que impulsan muchas actividades especiales de las formas y de los seres.

El método descriptivo

La Geografía se distingue como ciencia esencialmente descriptiva. No es que renuncie a la explicación: el estudio de las relaciones de los fenómenos, de su encadenamiento y de su evolución, son también caminos que llevan a ella. Pero ese objeto mismo la obliga, más que a otras ciencias, a seguir minuciosamente el método descriptivo. ¿Una de esas tareas principales no es localizar los diversos órdenes de hechos que a ella conciernen, determinar exactamente la posición que ocupan, las áreas que abarcan?. Ningún índice no podría pasar desapercibido, casa uno tiene su valor geográfico, sea como dependencia, sea como factor en el conjunto que se trata de analizar. Es preciso, entonces, tomar sobre los hechos cada una de las circunstancias que los caracterizan, y establecer exactamente el resultado.

Hay dos obstáculos que deben particularmente ser tomados en consideración: el de las fórmulas muy simples y rígidas entre las cuales deslizan los hechos y de las fórmulas multiplicadas a tal punto que aportan más a la nomenclatura y no a la comprensión.

Describir, definir y clasificar, además de deducir, son operaciones que lógicamente se mantienen, pero los fenómenos naturales de orden geográfica no se plegan solícitamente a las categorías del espíritu.

La descripción geográfica debe ser flexible y variada como su propio objeto. Frecuentemente es para ella servirse de la terminología popular; esta al haberse formado directamente en contacto con la naturaleza, tal designación aplicada sobre lo actual, tal máxima rural o proverbio pueden abrir una luz sobre un relato, una periodicidad, una coincidencia, cualquier cosa que se reclama directamente de la Geografía. No es sin razón que en los libros o memorias geográficas las representaciones figurativas aparecen cada vez más. El diseño y la fotografía entran a título de comentario en la descripción. Las figuras esquemáticas tienen su utilidad como instrumento de demostración.

Geografía e Historia

Es preciso decir que en esta fisonomía el hombre se impone, directa o indirectamente, por su presencia, por sus obras o consecuencia de sus obras. Ella también es uno de los agentes poderosos que trabajan para modificar las superficies. Se coloca por eso entre los factores geográficos de primer orden. Su obra sobre la Tierra ya es larga; hay pocas partes que no llevan sus huellas. Se puede decir que de ello depende el equilibrio actual del mundo vivo.

Es otra cuestión aquella de saber qué influencia las condiciones geográficas ejercerán sobre sus destinos y particularmente sobre su historia. No puedo dejar de abordar aquí este punto importante.

La Historia y la Geografía son compañeras antiguas que hace mucho tiempo caminan juntas y que, como acontece con los viejos conocidos, han perdido el hábito de discernir las diferencias que las separan. Lejos de mi está la intención de atropellar la armonía de esta pareja. Es útil en tanto que, continuando la prestación de servicios recíprocos, ellas tengan nítida conciencia de las divergencias que existen en sus puntos de partida y en sus métodos. La Geografía es la ciencia de los lugares y no de los hombres; ella se interesa por los acontecimientos de la Historia en la medida que acentúan y esclarecen, en las regiones donde ellos se producen, las propiedades, las realidades que sin ello permanecerían latentes.

Conocemos hace mucho tiempo a la Geografía incierta en su objeto y en sus métodos, oscilando entre la Geología y la Historia. Esos tiempos pasaron. Lo que la Geografía a cambio de lo que recibe de las otras ciencias, puede incorporar para tesoro común es la aptitud para no dividir lo que la naturaleza juntó, para comprender la correspondencia y la correlación de los hechos, sea en el medio terrestre que envuelve a todos, sea en los medios regionales donde se localizan.

*En: Principes de Geographie, Paris, 1913

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19 Sep 09

Ratzel

Antropogeografía:

El elemento humano en la Geografía.

La Historia y la Antropogeografía

29. Tareas de la Antropogeografía y su triple división:

Si consideramos al hombre dentro del cuadro general de la vida terrestre, no nos será posible comprender el papel que él ocupa en la Tierra si no seguimos el mismo método del cual nos valemos para estudiar la difusión de las plantas y de los animales. Por eso la Antropogeografía, del mismo modo que la zoogeografía y la fitogeografía, deberá describir y representar cartográficamente aquellos territorios donde se nota la presencia del hombre, separando la parte de la Tierra que es por él habitada, o ecúmene, de aquellas que no lo son. Ella estudiará por otro lado la difusión del hombre dentro del ecúmene y fijará los resultados de su estudio en mapas de la densidad de población poligráficas e itinerarias. Y en la medida en que la humanidad comprende razas, pueblos y grupos étnicos menores, la Antropogeografía representa también la difusión de estos elementos diversos a través de mapas de razas humanas, mapas etnográficos, mapas de lenguas y mapas políticos. Es esencialmente a esta parte de nuestra ciencia que dedicamos la Parte II de esta Antropogeografía (1891).

La descripción y la representación del estado de cosas antropogeográficas son útiles para muchos objetivos de la vida, de lo aprendido, del trabajo científico; y cuando ambas se realizan, podemos decir que fueron cumplidas muchas de las tareas prácticas de la Antropogeografía. Pero la ciencia nunca se satisface por haber respondido a la pregunta ¿”dónde”?, pues cuando esto haya sido resulto, ella prosigue adelante y pasa a la pregunta ¿”de dónde”?. Ya en la ejecución de su tarea descriptiva, la Antropogeografía se encontrará frente a una gran cantidad de casos en los cuales se vienen repitiendo fenómenos relativos al territorio junto con fenómenos relativos a la difusión del elemento humano. Pasando ahora a la segunda parte de la tarea, esta ciencia, al examinar el área de difusión de cada raza y de cada pueblo, se ubica en la pregunta: ¿”Cómo se formó esa área”?; y si presentará entonces al su estudio los movimientos del hombre en su dependencia con el territorio. En verdad ella se dará cuenta que ningún pueblo tuvo origen en el mismo suelo en que habita, y de ahí llegará a la conclusión de que él no podrá permanecer así eternamente. Algunos pueblos se expanden y otros son expulsados. Es a través de todos los movimientos que ellos surgen, la Tierra no representa ya un elemento totalmente pasivo, pero sí los direcciona, los obstaculiza, los favorece, los enlentece, los acelera, los desordena y los condena gracias a sus condiciones inconmensurablemente variadas de posición de amplitud, de configuración, de riqueza de agua y de vegetación. Cuando la Geografía se aproxima a examinar estos fenómenos, entra en contacto con la Historia, que considera al suelo como la patria del ciudadano, mientras aquella lo ve como la patria de la humanidad. También la Historia considera a la humanidad en movimiento, pero no acostumbra avanzar a través del estudio de esta hasta el examen del territorio, mientras que la Geografía, al contrario, no ignora jamás su presencia.

Las tareas del tercer grupo se refieren al estudio de las influencias que la naturaleza ejerce sobre el cuerpo y sobre el espíritu de los individuos y de allí sobre los pueblos. Se trata por tanto, esencialmente de efectos que se deben al clima, a la configuración del suelo, a los productos vegetales o animales del territorio. Todos los fenómenos de la naturaleza, pasando a través del intelecto, ejercen una influencia a veces claramente visible, a veces sutil y oculta sobre el ser y sobre las actitudes del hombre, algunas veces simplemente reflejándose en él, otras animando o retardando su actividad intelectual.

Así vemos al ambiente físico reflejarse en la religión, en la ciencia, en la poesía. En verdad el examen de estas influencias compete más a la fisiología y a la psicología más que a la Geografía; y esto más aún en la medida que tales influencias no permanecen inactivas en el organismo como trazos inanimados, sino que continúan produciendo sus efectos en la vida material y espiritual del hombre. Con todo la Antropogeografía al describir países y pueblos no podrá desinteresarse por los conocimientos adquiridos en esta materia, en la medida en que estos tocan directamente todos los problemas relativos a la aclimatación.

30. La Geografía como ciencia auxiliar:

En contraposición a la afirmación hoy difundida de que la Geografía es una ciencia auxiliar de la Historia, recordemos aquí la pregunta de Kant: “¿Cuál de las dos ciencias existió antes, la Historia o la Geografía?”. Kant respondió: “La Geografía está en la base de la Historia, porque nuestros hechos históricos deben también tener un elemento al cual referirse”. Mientras que el historiador considera al suelo como algo accesorio, él también atribuye poco valor a los servicios que la Geografía presta a la investigación histórica con el estudio y la descripción de este; pero estos servicios le parecerán tanto mayores como mayor es la importancia que él pase a atribuir al conocimiento del ambiente físico. La propia Geografía puede contribuir a aumentar ese interés dedicándose intensamente al estudio del elemento humano, con lo que estará tornando más fácil a la Historia la investigación de las cambiantes relaciones que se establecen entre el suelo y los acontecimientos históricos que se desarrollan sobre este. Pero el nombre de ciencia auxiliar no tiene en ningún caso sentido, pues cualquier ciencia puede tornarse útil para otra, sin por ello transformarse en su sierva. No hay ninguna ciencia que sea tan auxiliar, así como no hay ciencia que no pueda prestar algún servicio a cualquiera de las ciencias hermanas. Es en este sentido que consideramos a la Geografía y a la Historia de la humanidad como ciencias hermanas, del mismo modo que a la Geografía y a la Geología.

En este sentido estamos de acuerdo con Vambery al entender que, en relación al territorio de Asia Central y de las estepas europeas contiguas, se debe excluir sin duda la posibilidad de establecer una distinción etnográfica precisa en lo que se refiere a las antiguas migraciones. Desde que esos territorios poseen el aspecto actual, ellos siempre recibieron pueblos nómades. Pero si por detrás del velo de las leyendas ya muy oscuras, no es posible distinguir nítidamente ningún pueblo, y no teniendo la posibilidad por ello de la distinción etnográfica, resta siempre la posibilidad de distinción antropogeográfica: fuesen turcos o arios, los pueblos que habitaron aquellas tierras de todos modos, siempre fueron pastores nómades.

Contribuyó también a disminuir la importancia que es dada a la Geografía, una razón puramente literaria, de la cual muchos no se dan cuenta, aunque no deja de tener eficacia. La Historia adquirió en la literatura un lugar eminente gracias a la forma bajo la cual son presentadas muchas de sus obras, y al espíritu que algunas de estas poseen. Pero esto es más arte que ciencia. La Geografía, proponiéndose en general objetivos menos elevados y de utilidad práctica más directa, raramente obtuvo tal excelencia formal. Es por eso que una parte importante de la gran fama, considerada por algunos exagerada, conquistada por Alexander von Humboldt, se debe justamente a que la Geografía encontró en él finalmente un escritor clásico como desde la Antigüedad ya no poseía. Por otro lado es comprensible que el estrechamiento de las relaciones entre la Geografía y la Historia haya servido para tornar cada vez más manifiesta la gran diferencia existente entre las dos ciencias en el aspecto literario.

Entre todos los geógrafos del siglo XVIII, Pinkerton sólo reconoce algún mérito literario en D’Anville; y este fue entre todos el que más se aproximó al estudio geográfico de la ciencia histórica. Además de ello, Pinkerton afirmó con razón, que los antiguos geógrafos tenían mayor valor literario que los modernos; constatación que no debe sorprender si se toma en cuenta que aquellos consideraban los problemas geográficos bajo aspectos generales y se limitaban a describir un mundo poco extenso o solamente en sus líneas generales. A propósito de esto, Pinkerton compara los 18 volúmenes de Büsching sobre Europa al único e inmortal volumen de Estrabón. Pero la crítica no se justifica enteramente. Por su propia esencia, la Geografía no puede, así como no pueden las ciencias naturales en general, dar a la literatura universal tantas obras clásicas como le puede dar la Historia; no podrá producir solamente en aquella parte de la materia geográfica que se limita con la Historia y con la Etnografía, y donde la exposición puede tener carácter narrativo. Pero en esta consideración no hay nada que pueda disminuir la importancia que cabe a la Geografía al lado de la Historia, pues en este argumento las razones formales no tienen valor de ninguna especie.

31. Razones prácticas que determinan la afirmación del elemento humano en la Geografía:

La geografía ya se ocupaba com predilección particular del hombre y de sus obras antes que los fenómenos de la unión del hombre con la Tierra fuesen, por lo menos en parte, atribuidos a su estudio; y esto por una razón de orden exterior. En la historia de toda ciencia ocurre que el hombre en principio es todo; después, poco a poco, el objeto efectivo de estudio se libera de su vínculo ideal para lanzarse, completamente depurado, a la investigación objetiva. En el estudio geográfico este proceso se realizó con una lentitud particular. Por mucho tiempo se pensó que las regiones terrestres tenían importancia sólo por sus relaciones con el hombre, y esas relaciones coupan siempre la mayor parte de las obras también de Geografía científica. Por motivos de orden práctica ocurre que de todas las cosas existentes sobre la superficie terrestre aquellas que pertenencen al hombre o tienen estrecha relación con él se imponen en mayor medida al espíritu humano.. Estrabón consideró a Homero como el padre de la geografía “por haber superado a todos sus predecesores y sus sucesores no sólo en el arte poético, sino también tal vez en el conocimiento de la vida civil”.

Esta predilección por el elemento humano es siempre una característica del estudio geográfico, siendo también un peligro constante que amenaza su carácter científico. Cada vez que una ciencia reune al mismo tiempo elementos humanos y elementos naturales, son los primeros los que invariablemente predominan. Basta recordar lo que ocurrió con la biología general por el amplio espacio que esta ciencia dedicó a la anatomía humana, a la fisiología y a la psicología. Aún para reforzar esta tendencia que aquí se señaló ocurre un segundo motivo, también de orden exterior, que es el hecho de que en la literatura la descripción de los territorios y la descripción de los pueblos casi no se presentan separadas una de la otra, y esto especialmente cuando se trata de países y pueblos lejanos. Además es exactamente este vínculo íntimo de los dos elementos el que confiere particular atractivo a las narraciones de viajes. Por eso ocurre que ambos argumentos fuesen estudiados y trataos por los mismos escritores, de modo que la geografía descriptiva y la etnografía permaneciesen íntimamente unidas entre sí tanto en la investigación como en la enseñanza.

Existe una tercera razón de carácter práctico como las anteriores que inducen a la geografía a ocuparse con particular interés en el elemento humano: esta debe ser buscada en el abandono en que las otras ciencias dejaron siempre al estudio de una gran cantidad de fenómenos referidos al hombre. Así la investigación histórica inicia sus investigaciones a partir del momento en que aparece el documento escrito; y la antropología hasta muy recientemente se ocupaba apenas del cuerpo humano, del modo en que la historia y la etnografía de los pueblos primitivos y semicivilizados quedaban enteramente para la geografía; y esta tenía que, queriendo o no, tomarlos para sí, tanto que aún hoy la etnografía es estudiada y enseñada por geógrafos y frecuentemente tiene en común con la geografía las mismas revistas, libros, bibliografías y obras cartográficas.

A medida que la etnografía y la ciencia social se fueron desarrollando por su propia cuenta, se verificó en verdad como la antigua unión de la geografía descriptiva y de la etnografía estaba apoyada en gran medida en razones de orden exterior, pero al mismo tiempo el desarrollo de la geografía del hombre abrió un nuevo campo sobre el cual las dis ciencias aprecen nuevamente unidas, sin con esto perder su independencia.

Los filósofos climáticos, o sea, aquellos que sustentan la teoría de las rápidas transformaciones de los pueblos por efecto del clima, distorcionan y deforman en todos los sentidos la naturaleza de modo de hacerla servir a sus objetivos; y en ese sentido sus teoría presentan, bajo el aspecto lógico, un cierto interés, ahora de carácter negativo. Pocas veces ocurrió que la cinecia trabajase por tan largo tiempo con un material tan inadecuado. Kant pretende demostrar que toda la raza mongólica proviene de las regiones septentrionales, y por ello exageró desmesuradamente las influencias del clima frío. En el rostro largo y sin pelos, en la nariz larga, en los labios finos, en los ojos semicerrados de los mongoles él ve modificaciones producidas por el clima infeliz de las tierras nórdicas, don “todo es árido”. Así, de los pigmeos del norte que no existen de hecho en ningún lugar se hace una raza especial; E. A. Zimmermann, al contrario, escribe que la presencia de comunidades de pigmeos en África y en Madagascar debe ser atribuida a la migración de algunos individuos deficientes. La altura de los patagónicos fue objeto de amplias discusiones, por el hecho que estos habitaban muy próximos a los fueguinos que son provablemente pigmeos. Aún se llegó a afirmar que si las tierras del hemisferio austral avanzacen antes en dirección al polo, los patagónicos tendrían una altura menor. En aquella época la geografía de América permanecía completamente a merced de estas teorías. Así, para demostrar el hecho de que los americanos, también de las zonas tropicales, tuviesen un color más claro que los negros resulta únicamente de que América tiene un clima general más frío, induciéndonos en repetidas ocasiones a la investigación de las influencias moderadoras del clima americano, hasta que finalmente Alexander von Humboldt llevase esta afirmación a un terreno positivo de observación experimental, limitándola así dentro de estrechas fronteras. Mientras tanto Condaminer afirmaba que los indios de América del Sur eran más oscuros en la medida que se avanzaba en dirección al Ecuador, Bourguer encontraba que los habitantes de la costa pacífica y más fresca de los Andes son más claros que los habitantes de la costa atlántica más caliente.

A estas dos observaciones inexactas se refirieron todo el siglo XVIII todos aquellos que quisieran demostrar en América la influencia del calor sobre la coloración oscura de la piel. Maupertius, en Vénus Physique, II, cap. 1, afirma que los negros africanos habitan entre los trópicos y formula, no sólo para África sino para toda la Tierra la ley: “A medida que se aleja del Ecuador, el color de los pueblos se torna gradualmente más clara”; y explica este hecho, como también la difusión geográfica de los pueblos pigmeos a los de los gigantes, de un modo original, errando sin duda, más sutil. Cuando el dice (op. cit., II, cap. VII), pigmeos, gigantes y negros se se presentaron ante los otros peublos, la prepotencia o el miedo armó en su contra a la mayor parte del género humano, y la especie humana más numerosa debería expulsar estas “razas deformes” hacia las regiones menos habitadas de la superficie terrestre. Los pigmeos huyeron en dirección al polo norte, los gigantes escogieron su sede en el territorio de Magallanes y los negros fueron a habitar la zona tórrida.

Una de las circunstancias más características en la evolución de esta ciencia es que ya hace dos siglos Ortelius, que en su mapa de África, contenido en su Theatrum Orbis Terrarum de 1570, había llamado a los indígenas del Cabo de Buena Esperanza por el nombre de nigérrimos, habiendo llegado a la conclusión de que la causa de su color podía ser atribuida al calor solar más intenso, porque en ese caso los habitantes del estrecho de Magallanes también deberían ser negros. Este era por tanto el camino correcto a ser seguido para comprender que los movimientos de los pueblos, dada su breve duración, nada tienen que ver con las modificaciones de las características raciales, que sólo se producen en períodos muy largos. Infelizmente el hecho de haber pretendido encontrar una relación entre estas características y el clima siempre impidió el estudio geográfico de seguir por este, que era el mejor camino. Buffon, sosteniendo el concepto de una enorme adaptabilidad del organismo humano a las condiciones climáticas, fue quien contribuyó en mayor medida a reforzar el antiguo error. Y su influencia no se substrajo enteramente, ni aún G., Forster, aunque este como observador astuto haya conseguido llegar a una conclusión exacta de la naturaleza plástica de la masa humana. En sus Anotaciones filosóficas hechas durante un viaje alrededor del mundo se lee:

“Si la influencia del clima es tan poderosa como afirma Buffon no debe hacer mucho tiempo que la isla de Mallicolo está poblada, pues desde que viven en aquel clima moderado sus habitantes no cambiaron aún ni su color negro originario ni los cabellos crespos”.

32. ¿Qué lugar cabe a la Geografía próxima a la Historia?:

La gran y a veces exagerada importancia que se quiere atribuir al elemento humano en el estudio geográfico, sirvió para transformar en más difícil la comprensión de las relaciones que existen entre la geografía y la historia. Que la historia tenga necesidad de recurrir a la geografía para poder representar, medir, describir el teatro de los acontecimientos políticos y de las formaciones territoriales que de ello resultan, fue comprendido claramente ya por Ortelius cuando este publicó su primer mapa cartográfico. Ortelius afirmó que la geografía y la cronología son las dos columnas básicas de la historia. Dankwerth y Meier en su Neue Landesbeschreibuflg der Herzogtürner Schleswig und Holstein (1652) consideran a la geografía y a la cronología como los dos faros principales de la historia. Pero la historia hizo uso de estas en grados muy diversos. Hace mucho tiempo que las fechas son consideradas como un elemento indispensable para la narrativa histórica; pero por otro lado aún en las obras más profundas se busca frecuentemente en vano los datos numéricos relativos a los elementos geográficos de la historia, como áreas, cifras de población, desarrollo de las comunicaciones, etc. Hasta la geografía histórica ignoró de modo extraño los datos relativos a las dimensiones de los territorios políticos, de los países de las provincias, etc.

Es verdad que Karl Ritter afirmó: “El lugar de la historia no es junto a la naturaleza, sino dentro de esta”. No obstante, en el estudio geográfico la importancia atribuida al elemento humano ha minimizado de tal forma al interés por la naturaleza que Guthe, un verdadero seguidor de Ritter, atribuía a la geografía la tarea de hacernos conocer a la Tierra en tanto sede del hombre. En la primera edición, lanzada en 1868, de Lehrbuch der Geographie, que después fue tan profundamente transformado por Hermann Wagner de modo de hacer de él el mejor trabajo de nuestros tiempos, la parte que dedica a la geografía física comprende 68 páginas*, mientras que la dedicada a la corografía y a la geografía política ocupa 479 páginas. El primer párrafo de la introducción de Guthe señala:

“La geografía nos enseña a conocer la Tierra como sede del hombre; esta no es de ningún modo una simple descripción de la Tierra con sus mares, etc., sino al describir la superficie del globo ella coloca al hombre entre los otros seres, y nos muestra como por un lado este se encuentra en estado de dependencia de la naturaleza que lo circunada y como por otro está tentado de liberarse de esa dependencia, con lo que la geografía viene a constituir el elemento de conjunción entre la ciencia natural y la historia”.

Es este el alcance del concepto que Playfair había expresado en 1808 en System of Geography: “El estudio de la geografía es necesario para conocer el teatro de la historia”. Pero esta es una consideración de valor púramente práctico y fue un error introducirla en la ciencia.

Ante concepciones de este género es necesario afirmar enfáticamente que la geografía debe antes que nada estudiar y describir la Tierra, independientemente de cualquier consideración acerca del elemento humano e histórico; y qye la realización de esta tarea, que es específica de la geografía, debe preceder el cumplimiento de otra tarea que esta tiene en común con la historia en el campo antropogeográfico. Estas dos tareas son inseparables la una de la otra. Ciertamente, para usar la palabras de Karl Ritter, “la ciencia geográfica no puede despreciar ele elemento histórico, si pretende ser verdaderamente el estudio del territorio y no una obra abstracta, un molde a través del que se vea el espacio vacío y no el cuadro que ella debe contener”. Del mismo modo la historia no puede despreciar a la geografía porque los hechos que esta contempla tienen la necesidad de un teatro donde desarrollarse:

“Esta deberá en todas sus formas acoger en sí, más o menos claramente, un elemento geográfico, sea como en Tucidides y en Johann von Müller precediendo a la narración de una visión general del territorio, sea como en Heródoto, Tácito y otros maestros insertando la descripción geográfica en el curso de la narrativa, o sea finalmente como en otros escritores apenas aflorando el elemento geográfico y extrayendo de él sólo la entonación y el color. La filosofía de la historia, tal como fue pensada por Bacon y Leibniz, que Herder esbozó y que otros recientemente intentaron elevar a través de su desarrollo, debe atribuir a este elemento geográfico un lugar cada vez mayor”.

Mientras tanto la tarea más importante de la geografía continuará siendo siempre la de esturiar, describir y representar la superficie terrestre. Por ello, aún atribuyendo a la historia el estudio de los acontecimientos que se suceden en el tiempo, a la geografía las condiciones de hecho del territorio, no se puede olvidar que todo aconteicmiento se hace en el espacio, y por eso toda historia posee su teatro. Todo lo que hoy constituye el presente será historia mañana; por ello el material de la geografía va pasando ininterrumpidamente a las manos de la historia. Se comprende a partir de allí que una nítida separación entre las dos ciencias no sería lógicamente posible, aunque al contrario sea necesario, para que ambas puedan desarrollar una actividad prolífica, ellas deben actuar íntimamente unidas. La frase de Herder de que la historia es una geografía en movimiento permanece verdadera también inversamente, y de ello se sigue que la historia no puede ser comprendida sin el territorio donde ella se desenvuelve, y que la geografía de cualquier parte de la Tierra no puede ser representada sin conocer la historia que imprimió sobre esta sus huellas. Todo mapa tiene que ser examinado teniendo presentes los elementos históricos allí referidos, del mismo modo que sin el mapa no sería posible comprender ni las modificaciones de las fronteras, ni las variaciones del tráfico o de los asentamientos humanos, ni de los movimientos de los pueblos.

A partir del concepto que tenemos de la posición del hombre en la naturaleza resulta cuánto es imperfecta la concepción que considera la importancia del elemento geográfico en la historia partiendo de órdenes puramente exteriores. Esto significa, para expedirnos prácticamente, que la introducción a la historia de un país no debe ser una simple descripción corográfica; esto porque, aúnque esta descripción sea adornada y fiel como la introducción a Ges­chi chie der Schweizerischen Eidgenossenschaft de Johann von Müller, ella no abarcará mínimamente su objetivo si no examina además de ello la relación geográfica entre ese país y la superficie terrestre entrera y no nos mostrará que las influencias recíprocas que se ejercen entre el pueblo y el territorio y entre este y el Estado son ininterrumpidas y gobernadas por una ley de necesidad.

33. La Historia universal debe abarcar toda la Tierra:

Pero en esta unión de las dos ciencias no se debe considerar una historia limitada al estrecho círculo de Europa y de los países mediterráneos, así como esta se nos presenta en los abordajes usuales.

En verdad la razón filosófica, de la que deriba esa limitación, no puede impedir que la historia acogiese gradualmente en su seno una parte cada vez mayor de aquella materia, cuyo resto pertenece a la etnografía. Y el estudio comparado de los pueblos una vez iniciado no podía ciertamente ser interrumpido. No podía permanecer ignorada la justa advertencia de Heinrich Barth: “Aún los movimientos de los pueblos de África central tienen su historia; y apenas cuando ellos también pasaran a ser parte del gran cuadro histórico de la humanidad podría este cuadro aproximarse a su realización”.

Hoy una historia universal de la civilización no podría más, sin contradecir su propio nombre, eximirse de considerar a los mexicanos, a los japoneses, a los malayos; y toda la historia de los Estados Unidos de América tiene que dedicar un espacio grande a las condiciones de los pueblos primitivos que existen en aquel territorio y a los acontecimientos que a ellos se refieren. Una obra como la Historia de la Nueva Inglaterra de Palfrey no sería concebible si no tratase de la influencia política que ejerció sobre la historia universal la incidencia de pueblos privados de historia, como hicieron Salústio y Tácito en sus capítulos sobre África. En realción a ello la filosofía de la historia no iluminó en nada la obra de los narradores. Un error fundamental que falsea la consideración filosófica de la historia es y ha sido siempre, el desprecio al elemento geográfico, desprecio que significa también una visión histórica limitada. Se puede afirmar antes que toda la dirección constructuva de la filosofía de la historia alemana no habría sido forjada si aquellos científicos hubiesen atribuido mayor importancia al elemento geográfico. Kant, que también fue gran amigo y conocedor de la geografía, fue el priero en introducirla por un camino falso, que Fichte, Schelling y Hegel siguieron después. llegando a un resultado geográficamente absurdo. La idea de Kant de que la historia de la humanidad deba ser considerada como la realización de un proyecto secreto de la naturaleza, proyectando efectuar una constitución política interna y exteriormente perfecta, no habría sido posible si no con la tácita premisa de que el proyecto comprendiese apenas la historia de Europa, que Europa debiese, po así decir, hacer la historia de todos los otros continentes, que provablemente deberían recibir de Europa algún día sus leyes. En Fichte esta premisa se presenta como la condición necesaria para la determinación de sus períodos históricos, y por ello se expresa aquí sin ninguna atención al elemento geográfico; pues este pensador audaz declara que se limita a seguir aquel hilo de civilización que conduce a hasta nosotros, “interrogando solamente a nuestra historia, esto es, la historia de la Europa civilizada, que es la sede actual de la civilización, y despreciando otros hilos secundarios que no conducen directamente a nosotros, como la historia de la civilización china e india”.

A la par con este concepto está otro, también de Fitche, que admite que haya existido un pueblo primitivo originario, en el cual la razón dominaba “como un institnto ciego“, que regulaba, sin constricción o esfuerzo, todos los eventos humanos. Pero la limitación del concepto de historia se manifiesta más que en cualquier otro en Hegel para quien, según una expresión suya frecuentemente citada, sólo es historia “aquella que constituye una época esencial en la evolución del espíritu humano”, y que por ello deben ser excluidas del círculo de las consideraciones histórico-filosóficas no sólo las de la zona glaciar y tórrida, “porque el calor y el frío son fuerzas muy poderosas que no permiten al espíritu humano crear un mundo propio, , igualmente África, en la medida en que no se observa auí ningún movimiento de evolución” y la América, cuyos pensadores más ágiles y más modernos excluidos, por ello apenas formalmente, para representarlos después en perspectiva. Estas ideas no tienen absolutamente nada de geográfico, y no reflejan directamente la ampliación del horizonte intelectual, que es siempre la consecuencia necesaria y más importante del estudio de la geografía, también manifiestan un enormen deslumbramiento de la naturaleza de las cosas. Y si se observa, por otra parte, como esas ideas deberían enraizarse, al punto de que el propio Augusto Comte puede afirmar explícitamente que su estudio histórico-filosófico se limitaba a los pueblos de raza blanca, y por otro lado dedicar una preferencia tan acentuada a los habitantes de Europa Occidental, como aquellos que constituyen una civilización más avanzada y representan la élite ou avantgarde de l’humanité!.

La historia universal, tal como es entendida por nuestros escritores de historia, está aún muy lejos de ser una historia de la humanidad; aún también la historia particular, que debería tomar en gran consideración las observaciones de carácter topográfico, raramente consigue tomar partido de los medios que la ciencia hermana le podrían ofrecer.

Se debe observar que en Comte la limitación tienen más un carácter meramente temporal y se mueve por una razón metodológica:

“Su valoración especial debe remitirse sistemáticamente hasta el momento actual, los componentes principales del movimiento social así están apreciadas en el caso más favorable a su plena manifestación, resultando posible proceder a la explicación racional de las modificaciones más o menos importantes”.

Si de hecho, como dice Comte, la evolución histórica tiende a reunir a toda la humanidad en una sociedad única, y todos los acontecimientos anteriores no representan sino una preparación de esta, entonces él debería prever que el movimiento histórico acabaría por abarcar toda la Tierra.

Antropogeografía, 1891

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19 Sep 09

ritter

Examinemos un globo terrestre. Por mayor que sea, nosotros lo vemos como una miniatura y una representación imperfecta del modelado externo de nuestro planeta.

Lo que nos sorprende al observar un globo terrestre es el carácter aleatorio que preside a la distribución de las extensiones de agua y tierra. No hay espacios matemáticos, ninguna construcción lineal o geométrica, ninguna secuencia de líneas rectas, ni de puntos regulares; solamente la red de coordenadas establecidas a partir de la bóveda celeste permite medir artificialmente una realidad inalcanzable: los propios polos no pasan de puntos matemáticos definidos en función de la rotación de la Tierra y cuya realidad todavía se nos escapa.

Si, este Todo terrestre asimétrico, al no obedecer aparentemente a ninguna regla y ser difícil de captar como un conjunto, nos deja una impresión extraña y nos vemos obligados a utilizar diversos métodos de clasificación para apagar la idea de caos que de él resulta. Por eso, hasta ahora el interés fue mayor en relación a sus partes constitutivas de lo que en relación a su apariencia global y entonces, los compendios geográficos se han dedicado a describir fundamentalmente esas partes. Por tanto, se han concentrado en describir y clasificar sumariamente las diferentes partes del Todo, la geografía no ha podido ocuparse de las relaciones y de las leyes de carácter general, que son las únicas capaces de transformarla en una ciencia y de darle su unidad.

La Tierra, como planeta, es muy diferente de las representaciones en escala reducida que de ella conocemos, y que sólo nos ofrecen una idea simbólica de su modelado; tenemos que echar mano a esas miniaturizaciones artificiales del globo terrestre para crear un lenguaje abstracto que nos permita hablar de la Tierra como un todo.

Existe una diferencia fundamental entre las obras de la naturaleza y las creaciones del hombre: por más bellas, simétricas o acabadas que estas últimas puedan parecer, un examen atento revelará su falta de cohesión y su estructura tosca. El tejido más fino, el reloj más elegante, el cuadro más famoso, el brillo más intenso del mármol o de los metales trabajados nos llevarían, vistos al microscopio, a una constatación semejante. Inversamente, la impresión de asimetría y la apariencia informe de las obras de la naturaleza desaparece con un examen minucioso. El lente del microscopio hace surgir en una tela de araña, en la estructura de una célula vegetal, en la estructura cristalina molecular de los minerales, elementos y conjuntos de una textura siempre más delicada.

No deberíamos encontrar esta diferencia también en caso del mayor cuerpo natural que conocemos, esto es, nuestro planeta, sabiendo que nuestro conocimiento de él es apenas superficial?.

…Y cómo conciliar este abordaje global de nuestro planeta con lo que sabemos de todo lo que en él vive, grupos humanos y otros seres vivos; con lo que conocemos de aventura del hombre en ese planeta; y como lograr esta conciliación si concebimos al globo como el lugar y la morada que ofrecen al hombre, durante el tiempo de su pasaje en la Tierra, la base necesaria a su desarrollo?

Todo nos lleva a no buscar en el presente la imagen de la eternidad, a no confundir apariencia con esencia, las impresiones que obtenemos de una cosa o de un fenómeno y la realidad de esa cosa y de ese fenómeno, a no interpretar las leyes naturales establecidas como construcciones lógicas de nuestro intelecto, pero, antes, a considerarlas como un feliz descubrimiento de un mundo de fenómenos que nos envuelve y que no habíamos conseguido dilucidar.  La génesis de esa multitud de estrellas que constituyen las nebulosas, el estudio de la formación de los vientos, están entre las cosas que han enseñado a no rotular de incoherente al aparente desorden del mundo que nos rodea.

En efecto, cuando más avanzamos en el conocimiento de la distribución espacial (de los fenómenos) en la superficie terrestre y cuanto más nos interesamos -más allá de su desorden aparente- por la relación de sus partes, más simetría y armonía descubrimos en ella, y en medida cada vez mayor las ciencias naturales y la historia pueden ayudarnos a comprender la evolución de las relaciones espaciales. De hecho, gracias a la meteorología y a la física, fue posible la realización, hasta ahora, de grandes progresos en materia de conocimiento del orden espacial. Aún resta mucho por hacer y esperamos conseguirlo por medio de la intervención, en es estudio, de nuestros conocimientos relacionados con la historia de los hombres y de los pueblos y también, de la distribución geográfica de los elementos de los tres reinos de la naturaleza.

Relaciones entre los factores naturales y la evolución de la humanidad

Como inicio, basta recordar aquí cómo, en los tres continentes del Viejo Mundo, las formas ovales de África, romboédrica de Asia y triangular de Europa determinaron para cada uno de ellos tres tipos de relaciones dimensionadas. El carácter uniforme que esas relaciones adquieren en África (prácticamente el mismo largo que el mismo ancho en términos de latitud y longitud) se opone fundamentalmente al carácter que asumen en Europa. En este último caso, la extensión este-oeste del continente equivale a dos o tres veces su largo norte-sur, la cual disminuye cada vez más, desde la base del triángulo junto a Asia, hasta su vértice, hacia el Atlántico. Si África, este cuerpo macizo y volcado a sí mismo, es pobre en articulaciones, el corazón del continente asiático, igualmente macizo… tiene otro problema: no solamente el sur se desarrolla más hacia el oeste, sino también, el norte está vinculado a su propio interior, cuyas ramificaciones tuvieron tanta importancia como el núcleo central con respecto al desarrollo del proceso de civilización.

La escasa articulación entre el centro y la periferia en el continente africano condujo a la pobreza de contactos entre el mar y el interior de las tierras y esa dificultad de acceso al corazón del continente. Las condiciones naturales y humanas negaron al cuerpo inarticulado de África una individualización clara… Ese carácter, en gran parte uniforme, es lo que explica el estado primitivo y patriarcal en que viven los pueblos de este continente y que ellos hayan permanecido al margen de los progresos…

Respecto de Asia, el extraordinario desarrollo costero provocó un mundo de fenómenos completamente diferentes. (Esas regiones costeras) aisladas del resto del continente, pero comunicadas entre sí por mar, poseen una configuración diferenciada por la naturaleza, a través de sus montañas, sus valles, sus ríos, sus mares, sus vientos y sus productos. Sus propias poblaciones y culturas las convierten en mundos aparte. Esto explica además, el carácter fuertemente diferenciado de las individualidades constituidas por el mundo chino, malayo, indio, persa, árabe, etc. En tanto,…los progresos llevados a cabo por estas civilizaciones no pudieron modificar de forma sustancial la vida de los nómades que circulan por el interior de Asia hace milenios: mongoles, turcomanos, kirguisios, uzbekos, kalmukos y otros. Y mucho menos aún, pudieron alcanzar el norte del continente…

Una prolongación de Asia, Europa, en la medida en que progresa hacia el Oeste, desarrolla sus superficies con una creciente autonomía. Así con “miembros” proporcionalmente más importantes que el cuerpo, Europa supera a su vecina oriental precisamente en que, no presentando obstáculos naturales importantes, el núcleo central no queda aislado de sus miembros (periféricos). Así, pues, este individuo terrestre fuertemente compartimentado que es Europa conoció un desarrollo armonioso… que condicionado desde el comienzo su carácter civilizador y antepone la armonía de las formas a la fuerza de la materia. El menor de los continentes estaba, sí destinado a dominar a los mayores…

En los encadenamientos de causa-efecto que la naturaleza y la historia nos muestran, se puede prever -puesto que el planeta parece tener una vocación más noble revelada por la continuidad histórica- una organización superior que, además, no sería de naturaleza puramente física. Esta organización debe ser fundamentalmente diferente de aquella de los organismos naturales que el planeta sustenta, que se mueven en él dotados de una existencia forzosamente más breve.

A pesar del desorden aparente en que se encuentra envuelto el globo para el observador no preparado, es en las diferencias entre superficies y formas que reside el secreto del sistema interno y superior de organización planetaria que expresa una infinidad de fuerzas cuyos efectos invisibles están en interacción. Estas fuerzas, que influyen en la naturaleza y en la historia, actúan de una forma análoga a la actividad fisiológica que determina la vida de los organismos vegetales y animales.

Es precisamente en la repartición diferencial y en la amplitud irregular de las extensiones de tierra y agua, así como en las temperaturas variables que las acompañan necesariamente, y en los movimientos aparentemente desordenados de los eventos que reside la razón fundamental de la organización planetaria y de su interacción general. Así el hecho de que los continentes tengan superficies diferentes explica el poderío de los pueblos y la posibilidad que les es dada de dominar esos espacios. La aparente casualidad que preside la disposición relativa de las masas de tierra refleja una ley cósmica superior, que tiene, necesariamente, determinado todo el proceso de desarrollo de la humanidad. La separación, a primera vista puramente física entre el Viejo y el Nuevo Mundo, entre los continentes y las islas, termina por ser la esencia de su relación espacial universal. La distribución desigual de los dones naturales es el estimulante fundamental para el desarrollo de los intercambios universales. La pequeña superficie de Europa y la armonía de sus formas limitadas es la condición de su libertad y de su capacidad de dominación.

En: Die Erkunde, 1817

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16 Sep 09

Alexander von Humboldt

Humboldt

Prefacio:

Ofrezco a mis compatriotas, en el ocaso de mi vida, una obra cuyas ideas ocuparon mi espíritu por medio siglo. Frecuentemente las abandoné, dudando de la posibilidad de realizar un emprendimiento así, tan temerario: siempre, tal vez imprudentemente, terminaba por volver a ellas, persistiendo en mi intención original. Ofrezco el “Cosmos”, que es “una descripción física del mundo”, con una timidez que me inspira la justa desconfianza en relación a mis fuerzas. Intenté creer que las obras esperadas más tiempo, son generalmente aquellas que el público toma con menos indulgencia.

En función de las vicisitudes de mi vida y de un deseo de aprender de objetos muy variados, me vi obligado a limitarme, aparentemente de modo casi exclusivo y durante numerosos años, en el estudio de las ciencias espaciales como la Botánica, la Geología, la Química, o en el estudio de cuestiones como las de las posiciones de los astros y del magnetismo terrestre. Fueran estudios preparatorios para hacer, con utilidad, viajes lejanos, aún yo tenía en esos estudios un objetivo más elevado. Deseaba comprender el mundo de los fenómenos y de las fuerzas físicas en su conexión y en su influencia mutua. Beneficiándome desde el comienzo de mi juventud, de los consejos y de la buena voluntad de hombres superiores, desde siempre fui tomado por la creencia íntima de que, sin el deseo de lograr una instrucción sólida en las partes espaciales de las ciencias naturales, toda contemplación de la naturaleza en escala mayor, toda tentativa de comprender las leyes que componen la física del mundo, no pasarían de un emprendimiento vano y quimérico.

Los conocimientos espaciales, por el propio encadenamiento de las cosas, se asimilan y se fecundan mutuamente. Cando la Botánica descriptiva no queda circunscripta a los estrechos límites del estudio de las formas y de su reunión en géneros y especies, ella conduce al observador sobre diferentes climas, vastas extensiones continentales, montañas y mesetas, las nociones fundamentales de la “Geografía de las Plantas”, la explicación de la distribución de los vegetales, de acuerdo con la distancia del Ecuador y con la elevación encima del nivel de los mar.

Para comprender las causas complicadas de las leyes que regulan esta distribución, es preciso profundizar los conocimientos de las variaciones de la temperatura que el suelo irradia y del océano que envuelve el globo. Es así como el naturalista, ávido de instrucción, es conducido de una esfera de fenómenos a otra esfera que limita los efectos de aquella. La Geografía de las Plantas, cuyo nombre era prácticamente desconocido hace medio siglo, apenas ofrecía una nomenclatura árida y desprovista de interés si ella no fuese precisada por los estudios meteorológicos.

En las expediciones científicas, pocos viajeros tuvieron, en la misma proporción que yo mismo, la ventaja de haber visto no solamente las costa litorales, como ocurre en los viajes alrededor del mundo, sino también, la de haber recorrido el interior de los grandes continentes en extensiones considerables, y en aquellos lugares en que esos continentes presentan los contrastes más chocantes, a saber, el paisaje tropical y alpino de México o de América del Sur y los paisajes de las estepas del Asia boreal. Emprendimientos de esta naturaleza resultaron en razón de mi espíritu hacia tentativas de generalización, la vivificación de mi coraje y la excitación al interrelacionar en parte de mi obra, los fenómenos terrestres y aquellos que incluyen los espacios celestes.

La composición de esta obra, si ella aspira a relacionar al mérito de científico de fondo al de la forma literaria, presenta grandes dificultades. Se trata de llevar al orden y a la luz la inmensa riqueza de los materiales que se ofrecen, a la reflexión, sin quitar de los cuadros de la naturaleza el soplo que los vivifica; pues si nos limitásemos a ofrecer resultados de carácter general, nos arriesgaríamos a transformarnos en monótonos al igual que a través de la exposición de una inmensa cantidad de datos particulares. No osaría pecar de satisfecho en esas condiciones tan difíciles de satisfacer, ni de haber evitado las dificultades cuya existencia apenas puedo mostrar.

La frágil esperanza que tengo, de obtener la buena voluntad del público, reposa en el interés, testimoniado tantos años, en relación de una obra que fue publicada poco tiempo después de mi retorno de México y de Estados Unidos, bajo el título “Cuadros de la Naturaleza”. Ese pequeño libro, escrito originalmente en alemán y traducido después al francés, gracias a un raro conocimiento de dos idiomas por mi viejo amigo M.Eyrès, trata de algunas partes de la Geografía Física, tales como la fisonomía de los vegetales, las sabanas, los desiertos los aspectos de las cataratas, todos desde puntos de vista generales. Si él tuvo alguna utilidad, fue menos por sus propios méritos que por la influencia que ejerció sobre el espíritu y la imaginación de una juventud ávida de conocimiento y pronta a lanzarse en emprendimientos alejados. Intenté mostrar en el “Cosmos”, como en “Cuadros de la naturaleza”, que la descripción exacta y precisa de los fenómenos no es absolutamente inconciliable con la descripción animada y viva de las escenas imponentes de la creación.

Exponer en cursos públicos las ideas que se creen nuevas me pareció siempre, el mejor medio de tomar conciencia del grado de claridad que es posible desarrollar sobre esas ideas: además de ello, experimenté este medio medio en dos lenguas diferentes en París y Berlín. Los cuadernos de notas que fueron tomados, en esas ocasiones, por oyentes inteligentes, continúan desconocidos aún para mí. Preferí no consultarlos. La redacción de un libro impone obligaciones bien diferentes de aquellas de la exposición oral en un curso público. Con la excepción de algunos fragmentos de la introducción al “Cosmos”, todo fue escrito en 1844. El curso desarrollado en dos auditorios en Berlín, en sesenta lecciones, fue anterior a mi expedición al norte de Asia.

El primer volumen de esta obra (Cosmos) comprende, a mi ver, la parte más importante del proyecto, esto es, un cuadro de la naturaleza presentando el conjunto de los fenómenos del universo, desde las nebulosas planetarias, hasta la Geografía de las Plantas y de los Animales, terminando en las razas de los hombres. Este cuadro es precedido de consideraciones sobre los diferentes grados de satisfacción que ofrecen el estudio de la naturaleza y el conocimiento de sus leyes. Los límites de las ciencias del “Cosmos” y el método según el cual pretendo exponerlo son igualmente discutidos. Todo lo que digo respecto al detalle de las observaciones de los datos particulares, y las rememoraciones de la antigüedad clásica, fuente eterna de instrucción y de vida, está concentrado en las notas colocadas en la parte final de cada volumen.

Frecuentemente se hace la observación, poco consoladora en apariencia, de que todo lo que no tiene sus raíces en las profundidades de la reflexión, del sentimiento y de la imaginación creadora, que todo depende del progreso de la experimentación de las revoluciones que hacen sentir las teorías físicas, el perfeccionamiento creciente de los instrumentos, y la esfera, cada vez más amplia de la observación, no tarda en envejecer.
Las obras sobre las ciencias de la naturaleza, cargan así, en ellas mismas, un germen de destrucción, de tal suerte que en menos de un cuarto de siglo, en función de la marcha de los descubrimientos, ellas están condenadas al abandono, transformándose en ilegibles para quien quiera estar a la altura del presente. Estoy lejos de negar la justicia de tales reflexiones, pero pienso que aquellos que a través de un largo e íntimo intercambio con la naturaleza, fueron conscientes del sentimiento de su grandeza, aquellos que en este intercambio saludable, fortalecieron simultáneamente, su carácter y su espíritu, no se afligieron al ver que la naturaleza es cada vez más y mejor conocida, al ver extenderse incesantemente su horizonte de ideas, así como los datos conocidos. Y hay todavía más: en el estado actual de nuestros conocimientos, partes muy importantes de la física del mundo están asentadas en fundamentos sólidos. Una tentativa de ligar lo que en cierta época fue descubierto sobre los espacios celestes, la superficie del globo, es la pequeña extensión que nos es permitido percibir en su profundidad; podría si no me engaño, cualquiera que sean los progresos de la ciencias, ofrecer además algún interés si esa tentativa consiguiese retratar con vivacidad una parte al menos de lo que el espíritu del hombre percibe de generalizable, de constante, de eterno, en medio de las aparentes fluctuaciones de los fenómenos del universo.

Alexander von Humboldt, Noviembre de 1844

Introducción:

Consideraciones sobre los diferentes grados de goce que ofrecen el aspecto de la naturaleza y el estudio de sus leyes.

Dos temores distintos experimento al procurar desenvolver, tras una larga ausencia de mi patria, el conjunto de los fenómenos físicos del globo y la acción simultánea de las fuerzas que animan los espacios celestes. De una parte, la materia que trato es tan vasta y tan variada, que temo abordar el asunto de una manera enciclopédica y artificial; por otra, es deber mío no cansar la imaginación con aforismos que únicamente ofrecerían generalidades bajo formas áridas y dogmáticas. La aridez nace frecuentemente de la concisión, mientras que el intento de abrazar a la vez excesiva multiplicidad de objetos produce falta de claridad y de precisión en el encadenamiento de ideas. La naturaleza es el reino de la libertad, y para pintar vivamente las concepciones y los goces que su contemplación profunda espontáneamente engendra, sería preciso dar al pensamiento una expresión también libre y noble en armonía con la grandeza y majestad de la creación.

Si se considera el estudio de los fenómenos físicos, no en sus relaciones con las necesidades materiales de la vida, sino en su influencia general sobre los procesos intelectuales de la humanidad, es el más elevado e importante resultado de esta investigación, el conocimiento de la conexión que existe entre las fuerzas de la naturaleza, y el sentimiento íntimo de su mutua dependencia. La intuición de estas relaciones es la que engrandece los puntos de vista y ennoblece nuestros goces. Este ensanche de horizontes es obra de la observación, de la meditación y del espíritu del tiempo en el cual se concentran las direcciones todas del pensamiento. La historia revela, a todo el que sabe remontarse a través de las capas de los siglos anteriores hasta las raíces profundas de nuestros conocimientos, cómo desde miles de años, el género humano ha trabajado por conocer, en las mutaciones incesantemente renovadas, la invariabilidad de las leyes naturales, y por conquistar progresivamente una gran parte del mundo físico con la fuerza de la inteligencia. Interrogar los anales de la historia es seguir esta senda misteriosa sobre la cual la imagen del cosmos, revelada primitivamente al sentido interior como un vago presentimiento de la armonía y del orden en el Universo, se ofrece hoy al espíritu como el fruto de largas y serias observaciones.

A las dos épocas de la contemplación del mundo exterior, al primer destello de la reflexión y a la época de una civilización avanzada, corresponden dos géneros de goces. El uno, propio de la sencillez primitiva de las antiguas edades, nace de la adivinación del orden anunciado por la pacífica sucesión de los cuerpos celestes (…), el otro, de carácter más severo, compulsa el valor de las observaciones, no adivina ya combina y razona. Entonces, las afirmaciones dogmáticas de los siglos anteriores se conservan sólo en las creencias del pueblo y de las clases que se aproximan a él por su falta de ilustración, y se perpetúan sobre todo en algunas doctrinas que se cubren bajo místico velo para ocultar su debilidad. Las lenguas, recargadas de expresiones figuradas, llevan largo tiempo los rasgos de estas primeras intuiciones. Un pequeño número de símbolos, producto de una feliz inspiración de los tiempos primitivos, toma poco a poco formas menos vagas y, mejor interpretados, se conservan hasta en el lenguaje científico.

La naturaleza, considerada por medio de la razón, es decir, sometida en su conjunto al trabajo del pensamiento, es la unidad en la diversidad de los fenómenos, la armonía entre las cosas creadas, que difieren por su forma, por su propia constitución, por las fuerzas que las animan; es el Todo animado por un soplo de vida. El resultado más importante de un estudio racional de la naturaleza es recoger la unidad y la armonía en esta inmensa acumulación de cosas y de fuerzas; es abrazar con el mismo ardor lo que es consecuencia de los descubrimientos de los siglos pasados con lo que se debe a las investigaciones de los tiempos en que vivimos y analizar el detalle de los fenómenos sin sucumbir bajo su masa. Penetrando en los misterios de la naturaleza, descubriendo sus secretos y dominando por el trabajo del pensamiento los materiales recogidos por medio de la observación, es como el hombre mejor puede mostrarse más digno de su alto destino.

Desde luego, si reflexionamos acerca de los diferentes grados de goce a que da vida la contemplación de la naturaleza, encontramos que en el primer lugar debe colocarse una impresión enteramente independiente del conocimiento íntimo de los fenómenos físicos; independientemente también del carácter individual del paisaje y de la fisonomía de la región que nos rodea. Donde quiera que en una llanura monótona, sin más límites que el horizonte, plantas de una misma especie, brezos, cistos o gramíneas, cubren el suelo en los sitios en que las olas del mar bañan la ribera y hacen reconocer sus pasos por verdosas estrías de ovas y alga flotante, el sentimiento de la naturaleza, grande y libre, arroba nuestra alma y como por una misteriosa inspiración nos revela que las fuerzas del Universo están sometidas a leyes. El simple contacto del hombre con la naturaleza, esta influencia del gran ambiente, odel aire libre, como dicen otras lenguas con más bella expresión, ejercen un poder tranquilo, endulzan el dolor y calman las pasiones cuando el alma se siente íntimamente agitada. Estos beneficios los recibe el hombre por todas partes, cualquiera sea la zona que habite, cualquiera que sea el grado de cultura intelectual a que se haya elevado. Cuanto de grave y solemne se encuentra en las impresiones que señalamos, se debe al presentimiento del orden y de las leyes, que nace espontáneamente al simple contacto de la naturaleza, así como al contraste que ofrecen los estrechos límites de nuestro ser con la imagen de lo infinito revelada por doquiera, en la estrellada bóveda del cielo, en el llano que se extiende más allá de nuestra vista, en el brumoso horizonte del Océano.

Otro goce es el producido por el carácter individual del paisaje, la configuración de la superficie del globo en una región determinada. Las impresiones de este género son más vivas, mejor definidas, más conformes a ciertas situaciones del alma. Ya la inmensidad de las masas, la lucha de los elementos desencadenados o la triste desnudez de las estepas, como en el norte de Asia, es lo que excita nuestra emoción; ya, bajo la inspiración de sentimientos más dulces, cáusala el aspecto de los campos cubiertos de ricos frutos, la habitación del hombre al borde del torrente o la salvaje fecundidad del suelo vencido por el arado. Insistimos menos aquí sobre los grados de fuerza que distinguen estas emociones que sobre la diferencia de sensaciones que excita el carácter del paisaje, y a las cuales da este mismo carácter su encanto y su duración.

….Cuando alejados de la patria desembarcamos pro primera vez en tierra de los trópicos, nos sorprende agradablemente reconocer en las rocas que nos rodean los mismos esquistos inclinados, iguales basaltos en columnas que los que acabamos de dejar sobre el suelo europeo y cuya identidad en zonas tan diferentes nos demuestra que la corteza de la Tierra, al solidificarse, ha quedado independiente de la influencia de los climas. Pero estas masas de rocas esquistosas y basálticas se encuentran cubiertas de vegetales de una fisonomía que nos sorprende y de un aspecto desconocido. Allí es donde, rodeados de formas colosales y de la majestad de una flora exótica, experimentamos cómo por la maravillosa flexibilidad de nuestra naturaleza se abra el alma fácilmente a impresiones que tienen entre sí un lazo misterioso y secreta analogía. Tan íntimamente unido nos figuramos cuánto tiene relación con la vida orgánica, que si a primera vista se nos ocurre que una vegetación semejante a la de nuestro país natal debería encantarnos, como encanta nuestro oído el idioma de la patria dulcemente familiar, poco a poco, sin embargo, nos sentimos naturalizados con los nuevos climas. Ciudadano del mundo, el hombre, en todo lugar acaba por familiarizarse con cuanto lo rodea….

La tentativa de descomponer en sus diversos elementos la magia del mundo físico está llena de temeridad, porque el gran carácter de un paisaje y de toda una escena imponente de la naturaleza depende de la simultaneidad de ideas y de sentimientos que agitan al observador. El poder de la naturaleza se revela, por decirlo así, en la conexión de impresiones, en la unidad de emociones y de efectos que se producen en cierto modo de una sola vez….

Los cuadros de la naturaleza, trazados con un pensamiento reflexivo, no se han hecho con el único objeto de agradar a la imaginación: pueden también cuando se los relaciona entre sí, reproducir las impresiones en virtud de las cuales se pasa gradualmente desde el litoral uniforme o las desnudas estepas de Siberia, hasta la inagotable fecundidad de la zona tórrida….

Los países próximos al Ecuador tienen otra ventaja sobre la cual no se ha llamado la atención hasta aquí suficientemente. Esta es la parte de la superficie de nuestro planeta en la que la naturaleza da vida a la mayor variedad de impresiones en la menor extensión…. Allí (en los Andes Tropicales), el seno de la Tierra y los dos hemisferios del cielo ostentan toda la riqueza de sus formas y la variedad de sus fenómenos; allí los climas, como las zonas vegetales cuya sucesión determinan, se encuentran superpuestos en pisos, las leyes de decrecimiento del calor, fáciles de recoger por el observador inteligente, están escritas en caracteres indelebles sobre los muros de las rocas, en la pendiente rápida de las cordilleras…

En este ensayo de la física del mundo no se trata de reducir el conjunto de los fenómenos sensibles a un pequeño número de principios abstractos, sin más base que la razón pura. La física del mundo que yo intento exponer no tiene la pretensión de elevarse a las peligrosas abstracciones de una ciencia meramente racional de la naturaleza: es una geografía física reunida a la descripción de los espacios celestes y de los cuerpos que llenan esos espacios. Extraño a las profundidades de la filosofía puramente especulativa, mi ensayo sobre el cosmos es la contemplación del universo, fundada en un empirismo razonado, es decir sobre el conjunto de hechos registrados por la ciencia y sometidos a las operaciones del entendimiento que compara y combina. (…). La unidad que yo trato de fijar en el desarrollo de los grandes fenómenos del universo es la que ofrecen las composiciones históricas. Todo cuanto se relaciones con individualidades accidentales, con la esencia variable de la realidad, trátese de la forma de los seres y de la agrupación de los cuerpos o de la lucha del hombre contra los elementos y de los pueblos contra los pueblos, no puede ser deducido de sólo las ideas, es decir, racionalmente construido.

Creo que la descripción del universo y la historia civil se hallan colocadas en el mismo grado de empirismo, pero sometiendo los fenómenos físicos y los acontecimientos al trabajo pensador y remontándose por el razonamiento a sus causas se confirma más y más la antigua creencia de que las fuerzas inherentes a la materia y las que rigen el mundo moral ejercen su acción bajo el imperio de una necesidad primordial y según movimientos que se renuevan periódicamente o a desiguales intervalos. Esta necesidad de las cosas, este encadenamiento oculto, pero permanente, esta renovación periódica en el desenvolvimiento progresivo de las formas, de los fenómenos y de los acontecimientos, constituyen la naturaleza, que obedece a un primer impulso dado. La Física, como su mismo nombre lo indica, se limita a explicar los fenómenos del mundo material por las propiedades de la materia. El último objeto de las ciencias experimentales es, pues, elevarse a la existencia de las leyes y generalizarlas progresivamente. Todo lo que va más allá, no es del dominio de la física del mundo y pertenece a un género de especulaciones más elevadas.

La descripción del mundo, considerado como objeto de los sentidos exteriores, necesita indudablemente del concurso de la física general y de la historia natural descriptiva, pero la contemplación de las cosas creadas, enlazadas entre sí y formando un todo animado por fuerzas interiores, da a la ciencia que nos ocupa en esta obra un carácter particular. La física se detiene en las propiedades de los cuerpos, es el producto de la abstracción, la generalización de los fenómenos sensibles. La parte terrestre de la física del mundo a la que conservaría de buen agrado la antigua y perfectamente expresiva denominación de Geografía Física, trata de la distribución del magnetismo en nuestro planeta, según las relaciones de intensidad y de dirección, pero no se ocupa de las leyes que ofrecen las atracciones o las repulsiones de los polos ni los medios de producir corrientes electromagnéticas permanentes o pasajeras. La Geografía Física traza a más a grandes rasgos la configuración compacta o articulada de los continentes, la extensión de su litoral comparado con su superficie, la división de las masas continentales en los dos hemisferios, división que ejerce una enorme influencia sobre los climas y las modificaciones meteorológicas de la atmósfera.

* En: Cosmos: Ensayo de una descripción física del mundo, 1844

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